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El shutdown récord, preludio de una etapa más dura de la gestión Trump

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Fuente: Reuters – Crédito: Jim Young


WASHINGTON.- Estados Unidos alcanzó ayer un nuevo hito bajo el mando de Donald Trump: el
shutdown del gobierno federal, un “cierre” parcial de la administración pública que golpeó la vida de millones de norteamericanos, superó los 22 días y se convirtió en el más largo de la historia, un preludio de una etapa más dura, con renovadas fricciones entre la Casa Blanca y el Congreso.





























La última crisis política comenzó el 22 de diciembre, cuando el gobierno federal debió comenzar a “apagar” operaciones al agotarse las líneas de financiamiento autorizadas por el Congreso. Desde ese día, cientos de miles de empleados públicos fueron suspendidos o debieron trabajar sin cobrar, y el Estado se vio forzado a suspender casamientos, inspecciones, o a dejar de girar subsidios o aprobar créditos para granjeros y pequeñas y medianas empresas, síntomas de una disfuncionalidad de Washington que empeora con el tiempo.

Desde 1976, Estados Unidos sufrió 21 “cierres” parciales del gobierno federal. Ronald Reagan ostenta uno de los récords: durante sus ocho años en la Casa Blanca hubo ocho
shutdowns.















Paradójicamente, muchos votantes eligieron a Trump con la esperanza de que, al ser un empresario que se vendió como un “hacedor de acuerdos”, podría llegar a quebrar la parálisis de Washington. Más bien ocurrió lo contrario: el estilo y las políticas propuestas por el magnate generaron más choques con los demócratas, decididos a frenar su agenda, como los republicanos hicieron con Barack Obama.















“Su enfoque para las negociaciones desde que llegó a la Casa Blanca ha consistido en buscar la derrota de la otra parte, más que en lograr acuerdos”, explicó Juan Carlos Hidalgo, analista político del Instituto Cato. “En un escenario de gobierno dividido, Trump empezó de la peor manera posible con el cierre de gobierno más largo de la historia, precisamente porque su finalidad es imponerse a los demócratas, y no buscar un acuerdo”, agregó.

Hidalgo cree que “la aspereza entre Trump y el Partido Demócrata promete agravar la parálisis y disfuncionalidad de Washington”.








La última vez que el Congreso aprobó leyes de gasto en tiempo y forma luego de que la Casa Blanca envió su presupuesto fue en 1997.








Detrás de cada
shutdown hubo una batalla política e ideológica. En 1995, Clinton y los republicanos pelearon por el financiamiento de la salud y educación. Algo similar ocurrió en 2013, cuando los republicanos atacaron la reforma de salud de Obama. Ahora, la última pelea despuntó por la política migratoria de Trump y su determinación para cumplir con la promesa insignia de su campaña: construir un muro con México.

Desde que despuntó la crisis, Trump buscó instalar su propia realidad sobre lo que ocurre en la frontera. Vinculó a inmigrantes y refugiados con el terrorismo y el crimen, y los pintó como una carga para la economía. Y alertó sobre el tráfico de drogas, un problema que los expertos coinciden no será resuelto por un muro.








Los demócratas lo acusaron de “fabricar” una crisis, aunque se muestran proclives a reforzar la seguridad. Otra paradoja: un tema en el que coinciden demócratas y republicanos es el ímpetu para reforzar la seguridad en el límite con México, una de las fronteras más custodiadas del planeta.

“La noción de que a los demócratas no les importa la seguridad fronteriza es pura ficción partidista. Esta es, de hecho, un área donde hay un raro consenso bipartidista”, escribió recientemente Julian Zelizer, historiador de la Universidad de Princeton.

Pero la crisis desatada por la puja sobre la seguridad en la frontera y el muro de Trump muestra hasta qué punto la grieta que divide a republicanos y demócratas alcanza también temas donde las diferencias son menos marcadas.

Ambos bandos aparecen mucho más aferrados a sus respectivas posturas, y se muestran dispuestos a estirar sus peleas, tal como lo demuestra el
shutdown más largo jamás visto, y del que nadie se atreve a pronosticar cuándo terminará.

Además, Trump parece desconocer la realidad política que dejaron las últimas elecciones legislativas: un Congreso dividido, en el que la oposición controla la Cámara baja y el oficialismo, el Senado. Trump insiste en su lectura de que su triunfo en 2016 le entregó un mandato para la construcción del muro.

“Tengo un plan para el
shutdown“, tuiteó ayer el mandatario. “Pero para entender ese plan, tienen que entender el hecho de que gané las elecciones y prometí seguridad y protección para el pueblo norteamericano. Parte de esa promesa era el muro en la frontera. ¡Las elecciones tienen consecuencias!”, dijo. Los republicanos perdieron el control del Congreso en la última elección legislativa.

Los demócratas, a sabiendas de que las encuestas marcan que el mayor costo político lo paga Trump, también se muestran intransigentes, decididos a impedir que el muro, al cual tildan de “inmoral”, se vuelva una realidad. Nada sugiere un pronto final para el
shutdown, y una muletilla de la política de Estados Unidos cobra más fuerza que nunca: “Washington está roto”.


Un conflicto de final abierto

El shutdown profundizó las disputas políticas en Washington


¿Cuál es la salida más probable?

Es cada vez más probable que Trump termine por declarar la emergencia nacional. Eso le podría dar la autoridad de usar dinero del presupuesto militar para proyectos de infraestructura y derivarlos a la construcción del muro. Esa táctica le daría a los dos bandos la posibilidad de celebrar una victoria parcial y pasar de una vez a otro asunto. Trump festejaría haberles torcido el brazo a los legisladores demócratas, y estos dirían que hicieron todo lo que estuvo a su alcance para frenar al presidente, mientras a la vez podrían denunciar el decreto ante la Justicia.


¿Por qué aún no declara la emergencia?

Mucha gente de los dos lados detesta la idea de la emergencia, y su legitimidad es cuestionable. Algunos responsables republicanos dicen que reforzar la infraestructura fronteriza no es tarea de los militares y se oponen a destinar ese dinero al muro. Otros creen que utilizar fondos de las Fuerzas Armadas para erigir una barrera contra los migrantes es exagerar el término de “emergencia”. Y los demócratas afirman que sería otro ejemplo del abuso de autoridad de Trump.


¿Qué piensan hacer los republicanos?

Algunos legisladores republicanos ya tuvieron suficiente y le pidieron al líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, y a responsables de la Casa Blanca que negocien un compromiso. Pero tomará más que algunas deserciones de legisladores para que McConnell abandone su respaldo a Trump.


¿Y los demócratas?

Los demócratas no dieron muestras de divisiones internas. Los últimos desplantes y acusaciones de Trump sobre el tema del shutdown no han hecho más que unir a la oposición. “La reacción de los demócratas varía del enojo a la furia”, resumió el representante Gerald Connolly.


¿Se puede lograr un compromiso?

Se trata de una alternativa cada vez menos probable. Legisladores republicanos exploraron un acuerdo que podría incluir dinero para la seguridad fronteriza y ayudar a quedarse en el país a miles de migrantes ilegales que entraron de chicos. Hasta ahora no hubo avances. Los demócratas no quieren perder el apoyo de los sectores liberales ni mostrar debilidad con Trump de cara a futuras batallas.
















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