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El sueño del museo propio

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François Pinault abre su propio museo en París. Maneja el imperio Kering, una casa de marcas. Yves Saint Laurent, Gucci o Balenciaga son algunas siempre al tope de la moda. Así fue formando su colección de pinturas  y esculturas. Son unas 10.000 obras de más de 380 artistas.

La base del Museo es la colección de arte de Pinault, tasada en 1500 millones de euros. Está instalada en la Bolsa de Comercio. Funciona en un magnífico edificio, de planta circular y cúpula de hierro de comienzos del siglo XIX. Fue transformado por el arquitecto japonés Tadao Ando. Se contraponen las pinturas de la  Colonia de la cúpula original, con pinturas y fotografías  de la Colección Pinault.

Pinault es un Mecenas. Tras una primera adquisición de un lienzo del posimpresionista Paul Sérusier, de la escuela de Pont-Aven, en 1972, Pinault formo su colección con artistas contemporáneos. Y con la intención de ofrecerlas al público.

Unas 200 obras de 32 artistas componen Ouverture (apertura) -título de esta muestra inaugural. Expone la colección completa del artista  norteamericano David Hammons-.

Las obras expuestas en los más de 10.000 metros cuadrados del museo. Entre otras  la gigantesca escultura de cera del suizo Urs Fischer, que ocupa el espacio central de la rotonda de la Bolsa de Comercio.

Paris es fuente de inspiración, bella y vivaz como siempre. Y también promueve la competencia. Bernard Arnault, rival de Pinault en la venta de lujos, lo precedió  con su Fundación Louis Vuitton, también centrada en el arte contemporáneo. Batalla de egos. Ofrecen arte y obtienen de paso publicidad, ventas y dinero

Buenos Aires tiene un potencial cultural interesante para porteños y turistas (modestamente) Y hasta dos Mecenas mayores. En la Boca se encontrará con Proa y el interés personal de Paolo Roca en acercar a estas tierras las obras de grandes artistas. Es una familia refinada desde siempre. En Puerto Madero e exponen las pinturas legadas por Amalia Fortabat en sus últimos años de vida. Su interés por el cemento no distrajo su genuino amor por la pintura, Turner incluido. Hay otros mecenazgos generosos, de menor calibre, de amateurs y de artistas.

Hay una excepción; en el Barrio Norte funciona el magnífico Malba. Lo fundó Eduardo Constantini quien presenta su muy atractiva colección de pintura. Eso sí, a préstamo. Además a través de las revistas del corazón ofrece otra exhibición: su propia vida privada y sus avatares amorosos.

Así son las cosas en el ambiguo mundo de los Mecenas. Desde los Medici en Firenze hasta las cesiones en esta misteriosa Buenos Aires, (como escribiera un porteño legendario: el novelista Manuel Manucho Mujica Lainez). El también coleccionó obras de arte que se aprecian  en la que fuera su bellísima casa póstuma: El Paraíso en La Cumbre.

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