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El trastorno transitorio

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Ferdinand Amunchásteguy. Para nadie son desconocidas las consecuencias psicológicas de la cuarentena. El aislamiento, que reconcentra a los individuos sobre sus propias ideas, no siempre ilumina sus palabras ni engrandece sus discursos, es más, en algunos casos parecería ejercer un efecto nocivo sobre el discernimiento, generando comportamientos en absoluto recomendables.

Quizás este efecto devastador sobre la capacidad de las personas se ha hecho notar en estos días entre los representantes de la clase política, aunque debe presumirse que esos efectos también se hallan presentes en los otros sectores. Quizás, el inicio de las torpezas se haya advertido cuando se conoció que Patricia Bullrich se trasladó al banderazo cordobés, utilizando los pasajes que le cedió la senadora cordobesa de su partido y que le correspondían a esta,  para sus viajes entre esta ciudad y la provincia que representa.

Es cierto que los argentinos hemos naturalizado aquellos comportamientos que en otros lugares violentarían los principios éticos de sus habitantes pero, sin embargo, esa naturalidad no alcanza a convertir en aceptable algunas situaciones que solo pueden justificarse a partir  de una suerte de demencia inexplicable.

Tampoco, solo admitiendo ese trastorno transitorio generado en la pandemia,  las palabras que el ex Presidente Macri y su aliada Carrió  se dispensaron mutuamente, tienen razón de pronunciarse. Sin entrar a valorar el contenido de dichas manifestaciones, las pocas felices expresiones que se dirigieron  muestran un comportamiento alejado del propio de aquellos que  fueran aliados y aún no han renegado de ello.

Sin embargo, ninguno de los dos puede ignorar el efecto y alcances  que sus palabras encierran, lo que nos vuelve al tema original referido a las alteraciones anímicas que deben ser consecuencia del encierro prolongado al que hemos sido sometidos todos.

En ese escenario, en el que todos parecen estar enfrentados con todos, se van librando otras pequeñas batallas que pasan distraídamente frente a los ojos de los ciudadanos. Una, para volver a nuestros habituales asuntos, es el de la designación del Procurador General. Pasan los días y las posiciones dentro del propio Gobierno parecen  tensarse en curiosos pasos de baile que buscan ocultar el enfrentamiento.

Mientras las razones parecían vincularse con una oposición  empecinada en negar su apoyo al candidato del Presidente -el Juez Rafecas- todo discurría en los lentos dibujos de una contra danza  frecuente en el Senado. En auxilio aparente a la designación, el oficialismo sugirió alterar las proporciones necesarías para su elección, llevando el requisito al número propio que alcanzaba sin esfuerzo.

La primera sorpresa llegó cuando Rafecas  hizo pública su decisión de no admitir ser nombrado sin el acuerdo de los dos tercios de la Cámara Alta. Muchos, en la oposición, supusieron que el bloque oficialista iniciaría urgentes negociaciones para destrabar el tema, lo que les llevó a  la utópica esperanza de que podría construirse un nuevo trato entre mayorías y minorías.

Poco duró esa expectativa, ya que no apareció en escena quien debería encabezar los diálogos y sí trascendió el proyecto de que se alteraría el número requerido para su designación. Casi fue unánime la interpretación que vió, en ese anuncio, una maniobra del Senado conducido por la Vicepresidente,  para impedir la designación del Procurador elegido por el Presidente.

La razón de que se exija esa mayoría, encuentra su antecedente en la Constitución que consideraba al Procurador General integrante de ese Alto Tribunal, por lo que preveía el mismo consenso para su  designación  que el necesario para integrar la Corte. Con la reforma del año 1994, se convirtió a la Procuración en un Órgano extra Poder,  pero se mantuvo su trascendencia institucional, estableciendo en la ley que la regula, el mismo porcentaje de  votos de la Cámara Alta necesarios para designar a los Jueces de la Corte.

Llegados a este punto  entonces,  las razones por las que no debería alterarse el número de electores necesario para su elección se vuelve irrelevante frente a la maniobra política que busca apartar al candidato propuesto por el Presidente. Frente a esa maniobra, quienes hasta ese momento ponían reparos a la designación, para impedir la maniobra senatorial,  se unieron tras el Juez Rafecas y ahora insisten en su promoción al cargo- Carrió, las Asociaciones de Fiscales -una de las cuales preside el Fiscal Rivolo-, la Asociación de Magistrados y y el Consejo de la Magistratura -.

Otra consecuencia del virus chino? O un rechazo a la maniobra del Senado que intenta marcar el campo en el que debe moverse  el titular del Ejecutivo.

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