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En Brumadinho conviven el luto y la euforia económica | Internacional

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Una ciudad brasileña de luto, pero económicamente eufórica. Pasado un año de la rotura de una balsa de residuos tóxicos de la multinacional minera Vale, en Brumadinho, que dejó 270 muertos, en la ciudad conviven la angustia de los allegados de las 11 personas que siguen desaparecidas y la alegría de una parte de los vecinos. El motivo es que Vale paga una ayuda mensual a cada uno de los 40.000 vecinos independientemente de si se vieron afectados directamente por el desastre o no. Esa especie de renta mínima universal animó la economía de Brumadinho, fuertemente dependiente de la minería. “La ciudad está consumista y maníaca”, dice un psicólogo.

Cada adulto recibió hasta diciembre pasado, un salario mínimo al mes, es decir, unos 1.000 reales (240 dólares, 216 euros); los adolescentes, la mitad y los niños, 250 reales. Y gran parte del comercio duplicó sus ventas. “Ha habido gente que ha renovado todo su armario. Los primeros meses de las ayudas tuvimos un aumento del 100% en las ventas”, explica Gabriel da Silva, gerente de una tienda de ropa.

Según Vale, más de 106.000 personas percibieron la paga en 2019, pues también se pagó fuera de Brumadinho, a los vecinos del entorno del río Paraopeba, afectado por la ola de residuos. En vísperas del aniversario el antiguo presidente ejecutivo de la compañía, Fabio Schvartsman, y otras 15 trabajadores de la firma y de la auditora alemana TuvSud han sido denunciadas por la Fiscalía por homicidio doloso. La investigación apunta a que la empresa presionaba sistemáticamente a las auditoras para que avalaran instalaciones peligrosas.

El dueño de un concesionario de automóviles que prefiere hablar desde el anonimato cuenta que muchos de los que soñaban con cambiar de coche juntaron el dinero de toda la familia para comprárselo. “Fue un boom, los bancos estaban llenos, todo el mundo compraba electrodomésticos, móviles, reformaba sus casas, las mujeres se ponían silicona… Pedías una pizza y tardaba dos horas en llegar. Nadie quería cocinar”, cuenta el comerciante. “Imagínese: para quien cobraba un salario mínimo, su sueldo se duplicó de la noche a la mañana”. De todos modos, opina que lo apropiado hubiera sido crear un polígono industrial para atraer empresas y generar empleo.

El psicólogo del equipo de Salud Mental de Brumadinho Rodrigo Chaves Nogueira considera que la estrategia de distribución de dinero de la multinacional aplazó el luto. “Está en suspenso, la ciudad está eufórica, consumista y maníaca. El dinero se ha vuelto más importante que el sufrimiento”, explica. Y advierte de que, cuando las ayudas finalicen, las manifestaciones de enfermedades mentales, que ya son altas tras la tragedia, se multiplicarán. El uso de antidepresivos creció un 56% el año pasado y el de ansiolíticos un 79% respecto al anterior. Según la Secretaría de Salud del municipio, los casos de suicidios también han aumentado.

Justo después del desastre, Vale se comprometió a destinar, durante dos años, 80 millones de reales (unos 19 millones de dólares, 17 millones de euros) a Brumadinho para compensar la pérdida de ingresos por la paralización de la mina. Las obras de reparación de la zona también han contribuido al boom económico.

Josiana Resende, hermana de Juliana, todavía desaparecida, lamenta que el dinero haya dividido a la ciudad y cambiado la agenda de exigencias. “El otro día hubo una manifestación para que no terminasen las ayudas y bloquearon la entrada de la ciudad, sin dejar que el equipo de búsqueda (de desaparecidos) pasara. ¿Están preocupados con las víctimas de este delito de Vale o con el dinero que les proporcionaron quienes perdieron sus vidas?”, lamenta. Según Resende, el grupo minero debería haber hecho algo por Brumadinho que contemplase una mejora para toda la población. “Dar ese dinero maldito solo ha creado dependencia. La gente se alegró y nosotros seguimos sufriendo”, explica.

Las tiendas experimentaron un fenómeno curioso: la falta de mano de obra. “Hubo una época en la que nadie encontraba una señora de la limpieza, un albañil, un dependiente. No quedaba otra que buscar gente interesada en trabajar en otras ciudades vecinas”, cuenta una dependienta.

El final de las ayudas de emergencia es actualmente uno de los temas que les quita el sueño a muchos vecinos. A finales del año pasado, un acuerdo entre la compañía minera y la Fiscalía de Minas Gerais decidió extender la ayuda 10 meses más. Las cuantías serán las mismas para los habitantes que, cuando se produjo la rotura, vivían en los barrios fuertemente afectados, como Córrego do Feijão. El resto de los distritos empezará a percibir este año la mitad de la ayuda durante otros 10 meses.

“La decisión no es buena. La ciudad necesita esa ayuda extra. Las actividades de toda la población se vieron perjudicadas, y tendrían que seguir cobrando, como mínimo, ese subsidio. Vale tiene que seguir resarciendo a los vecinos; sin Vale, Brumadinho no existe”, dice el gerente Silva, cuya tienda de ropa ya sufre una bajada en las ventas tras el recorte del 50% de la ayuda a gran parte de la población. El nerviosismo también cunde entre las personas que dejaron sus empleos para vivir únicamente de la ayuda. Y como en otras tragedias también se han detectado intentos de fraude, personas que vivían en otras ciudades intentaron sacar provecho del drama para conseguir fraudulentamente las ayudas.


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