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“En migración López Obrador hace lo que puede, no lo que quiere” | Internacional

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El padre Alejandro Solalinde, nacido en Texcoco (Estado de México)  hace 74 años, no tiene cargo definido, pero habla, llama o escribe a secretarios y funcionarios de cualquier orden. Todos saben que es un hombre cercano al presidente Andrés Manuel López Obrador a quien considera “un pastor guiando a su pueblo”. Desde un despacho en un convento de la colonia San Rafael de la Ciudad de México ejerce un poder en la sombra que hasta ahora ofrece resultados frustrantes en el asunto al que ha dedicado su vida: la migración centroamericana.

Desde que hace un año que llegó al poder, el Gobierno de López Obrador han sido detenidos (“rescatados” según la terminología oficial) 280.000 migrantes, principalmente de Honduras, Guatemala y El Salvador y otros 84.000 fueron deportados para lograr así reducir las cifras de centroamericanos que intentan llegar a Estados Unidos. De todo ello Solalinde exculpa a López Obrador y señala a la ministra de Interior, Olga Sánchez Cordero, y al titular de Exteriores, Marcelo Ebrard, de “no saber nada de migración” y dejarse llevar por su condición social o sus aspiraciones para sustituir al actual mandatario en las presidenciales de 2024.

P. ¿No es frustrante que el logro más visible del Gobierno para afrontar el problema de la migración sea desplegar 6.000 soldados en la frontera?

R. Había que cuidar la frontera sur porque por ahí pasaban drogas, armas, traficantes de personas… En México hay un problema que nos heredaron de seguridad y a ello se añade el peligro que entra por el sur. Aquí tenemos nuestros propios carteles, pero mi experiencia es que los más sanguinarios eran los mareros que se convirtieron en operadores de los Zetas. La emigración es noble, pero también llegan jóvenes muy maleados, diseñados, desde que son pequeños, para matar. Había que poner orden porque la frontera se nos va de las manos.

P. Lopez Obrador calificó de “exitoso” y “bien aplicado” el plan para frenar la migración centroamericana que intenta llegar Estados Unidos.

R. López Obrador no ha hecho lo que quiere sino lo que puede. Es el punto flaco del Gobierno. Andrés Manuel López Obrador quiere ser respetuoso con los derechos humanos y plantea atender los problemas en los países de origen, pero esto no se puede lograr con mandatarios corruptos [en referencia a los presidentes de Centroamérica] e insensibles [Donald Trump, presidente de Estados Unidos]. El año pasado, en el tema de la migración, fue un desastre porque no se ha hecho una política pública ni se ha diseñado un eje rector para asuntos migratorios. Ni siquiera hay una secretaría propia y hasta ahora lo solucionó al tanteo [a boleo], Alejandro Encinas [subsecretario de Derechos Humanos] que no puede con todo. Ni él ni nadie.

P. El Instituto Nacional de Migración (INM) está en manos de los militares. Parece algo más que un “punto flaco”.

R. Es una transición. Este año debe quedar diseñada una política pública en la que esté involucrada la sociedad civil: ONG, iglesias, migrantólogos. Se debe hacer una limpieza profunda para diseñar lo que será el INM. Hoy, por lo menos, ya no es un instituto criminal, pero sí un instituto de seguridad que se ha vuelto inoperante para los migrantes y refugiados por su burocratización. Está paralizado para la emisión de documentos porque tienen miedo de otorgar papeles para residencia y que a los pocos días los migrantes aparezcan en la frontera norte para cruzar a Estados Unidos.

P. Si no es responsabilidad de López Obrador, entonces ¿de quién es la culpa?

R. Me reuní con la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dos días después de que hablara con Trump en Washington y ella, por su condición económica y social, que pertenece a la alta sociedad, está diseñada para comprender el norte e ignora al sur. Ella incluso dijo que Trump tenía razón en exigir un freno a la migración. Y ahí me di cuenta de que no sabía nada de migración. Luego llegó la amenaza de Trump de imponer los aranceles y fue cuando Ebrard [el canciller] intervino y decidió todo. Me huele a chantaje de Trump para buscar la reelección, pero también a que Ebrard se está posicionando con este tema para las presidenciales de 2024.

Alejandro Solalinde el miércoles en Ciudad de México EL PAÍS

P. ¿Admite que Trump dirige la política migratoria de México?

R. López Obrador tiene la presión de Donald Trump, que es una persona desequilibrada. Pero me consta que también hay una mano negra de gente y organizaciones que están organizando ahora mismo desde Honduras una nueva caravana sobre la que desconocemos su dimensión. No descarto que sea gente de Trump buscando golpes de efecto para sostener su teoría de que los migrantes son delincuentes y de que es necesario construir un muro para frenar a los mexicanos. Ahora Guatemala y El Salvador son tercer país seguro y no veo tan fácil que dejen avanzar a esta caravana, pero si llegaran aquí será la gran prueba de fuego.

P. Alguna responsabilidad tendrá el Gobierno que pasó de dar papeles de forma inmediata a convertir la frontera en un muro.

R. El Gobierno fue ingenuo y se dejó comer el mandado por traficantes de personas. Yo vi fotografías con las armas blancas y droga que traían los migrantes. Y eso nadie lo veía sin registro. Había acusaciones contra Irineo Mújica [coordinador de Pueblos Sin Fronteras que ayudó a la organización de varias caravanas] de que cobró 8.000 dólares por llevar al norte a una familia de salvadoreños. Pero, además, me di cuenta de que había migrantes moviéndose con sillas para niños en los que no había niños sino marihuana.

P. Un juez dijo que no era cierto y lo dejó en libertad.

R. No lo metieron en la cárcel por la presión social y porque hay jueces muy corruptos.

P. ¿No será que no había pruebas?

R. Sí las había, pero los jueces no escucharon a estas familias. Ellos contaron cómo dieron 8.000 dólares a uno de ellos [un miembro de Pueblos Sin Fronteras] en Tapachula.

P. Acusa a las organizaciones sociales de haber cambiado su enfoque respecto a la migración, pero usted antes defendía a los migrantes y ahora trabaja para López Obrador.

R. No se confunda, yo trabajo por México no para López Obrador. Lo hago apoyando a un presidente honesto que es muy diferente que exigir dinero a los migrantes.

P. ¿Cómo ha visto la relación entre la Iglesia católica y López Obrador?

R. Ni un solo cardenal le ha mostrado su apoyo. Si la jerarquía católica no baja y se acerca a las inquietudes de la gente y se va a quedar cada vez más sola.

P. ¿Cómo valora este primer año de Gobierno?

R. López Obrador es ya el mejor presidente que ha tenido México. Mientras políticos como Genaro García Luna están sufriendo, él está tranquilo porque no tiene miedo. Es un hombre feliz con la gente. No hay forma de encasillarlo, Andrés Manuel está haciendo una gran transformación y fortaleciendo el poder popular. México era un pueblo abandonado, estaba como iglesia sin pastor, pero él se responsabiliza y guía a su pueblo.


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