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«Es un personaje político que está más que amortizado»

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¿Tiene Boris Johnson las horas contadas como líder conservador y como primer ministro del Reino Unido? Las horas no, pero sí seguramente los meses. El carrusel de fiestas en los que se le implica, celebradas en los meses del confinamiento más duro y que ascienden hasta once según las informaciones de los medios británicos, hace que su imagen esté muy tocada. Él ha tenido que pedir perdón, escurre el bulto diciendo sobre una de las últimas que trascendieron que pensó que era «un evento de trabajo», pero su descenso a los infiernos (de la política) parece ya irrevocable. Y es que la lista sigue engordando: la prensa británica reveló este jueves que se dieron otras dos fiestas justo en el momento en el que el Reino Unido guardaba luto por la muerte del Duque de Edimburgo, marido de la reina Isabel II.

Guillermo Íñiguez, especialista en política británica, y Daniel Gil, analista en Political Room, analizan en 20minutos la delicada situación del premier británico y coinciden en que «parece sentenciado», pero al mismo tiempo sus díscolos tratan de dejar caer que tienen un plan. «Seguramente van a aguantarle unos meses más para que se siga desgastando», argumentan los expertos. En toda esta polémica y en el posible fin de Johnson un papel importante es el de su exescudero e ideólogo de la controvertida figura del propio primer ministro, Dominic Cummings, que lleva meses fuera del foco, pero que puede estar detrás de todas las filtraciones.

«Tiene muchas cosas en su contra, no es inminente, porque además antes de que ocurra nada hay que esperar al informe de la investigación y este seguramente será ambiguo», comenta Gil. «Johnson como personaje político está más que amortizado», añade, porque su objetivo era «terminar con el brexit y ganar las elecciones» y además «nunca gustó mucho al partido conservador». Para el experto, «lo lógico sería que le mantuvieran en el poder para que asumiera el desgaste y esperar a las elecciones locales de mayo», pero avisa de que la tensión «ha ido escalando» y ha quedado claro «que ha mentido al Parlamento».

«Con el perdón en el Parlamento, que creo que no se ha creído nadie, ha ganado tiempo»

Para Íñiguez ese es el camino que se dará: «Más allá de la elecciones locales creo que no va a pasar porque además son en lugares que se les dan mal a los tories». Como Gil, cree que la investigación marcará un poco los siguientes pasos. «Con el perdón en el Parlamento, que creo que no se ha creído nadie, ha ganado tiempo», aclara, y es «complicado de predecir qué va a pasar». El analista apunta que, por ejemplo, los partidarios de May «disfrutan» de la situación, pero «el cálculo es político» en función de cómo se planteé el futuro por ejemplo en el llamado cinturón rojo. «La pandemia no será un factor tan importante», termina.

Otra gran pregunta pasa por el propio partido conservador: ¿pueden echar a Johnson del poder sus propios diputados? Sí. Existe el llamado Comité 1922, formado por los diputados tories, que controla al primer ministro. Si un 15% -ahora mismo un total de 54- de ellos se unen para presentarle una moción de censura automática, tendría que irse si la pierde. Y si la gana no tendría asegurada su continuidad, como le pasó a Thatcher en 1990. El sistema tiene truco: si se alcanza el porcentaje, la moción se convoca. En el caso de una derrota en la misma, Johnson tendría que recular porque el partido convocaría unas primarias a las que él no podría presentarse.

Es esta una maniobra que se ha repetido en la historia tory. Pasó con la dama de hierro y también con Theresa May, que ganó la moción aunque después acabó dimitiendo, y con Harold McMillan. El premier, por tanto, está a merced de lo que quieran hacer sus compañeros, algunos de los cuales ya parecen hartos de polémicas.

«Si cae Johnson, será por esa vía» porque «no va a dimitir», expresa Gil que tiene bastante claro que no llegará a las próximas elecciones. «De momento no hay votos suficientes para que se presente esa moción», pero «si consigue haber suficientes cartas (en torno a las 30)» puede ser «la brecha definitiva» para que la situación se vuelta ya del todo insostenible para el primer ministro.

Íñiguez concuerda con esa postura. «Él no va a dimitir, habrá una moción de censura en algún momento y no tiene ni siquiera por qué perderla», recalca, para irse. La cifra ‘mágica’ de momento está lejos, «pero esto puede cambiar de un día para otro», añade.

Los laboristas esperan su momento

Y en el otro lado, los laboristas, que miran desde la distancia la erosión de la figura de Johnson. El premier no solo ha perdido el respaldo de su partido, sino también de la población: está en mínimos de aprobación, dos de cada tres británicos creen que debería dimitir y ni siquiera cuenta ya con el apoyo de los votantes que en su momento eligieron la salida de la Unión Europea. Keir Starmer, líder laborista, ya es visto como un político más capaz que el todavía primer ministro y el partido de la oposición lidera las encuestas por primera vez desde la caída de May. El laborismo no se sienta en Downing Street desde que Gordon Brown cedió el poder a David Cameron en 2010.

En ese contexto, los laboristas jugarán un papel importante. «Starmer ha seguido una estrategia en tres pasos: librar al partido de la imagen de Corbyn, darse a conocer al país y ya después pasar al ataque y presentar un modelo de Gobierno laborista. Ya está en esa tercera parte», explica Íñiguez. «Ha rearmado a su equipo y ha metido en su Gobierno en la sombra para recuperar a ese votante de la muralla roja que se pasó a los conservadores», prosigue, antes de añadir que ahora mismo «Starmer está alcanzando a Johnson en cuanto a la gestión económica».

La carrera política de Boris Johnson es digna de estudio. Tuvo una histriónica carrera como periodista, llegando a ser incluso corresponsal en Bruselas, ciudad de la que después acabaría renegando para encabezar el brexit. De hecho, asomó la cabeza como miembro fuerte de los conservadores en la carrera por salir de la UE. Es que los suyos acabaron ganando. Saltó, con esa mochila, al cargo de primer ministro en 2019. Antes fue alcalde de Londres durante ocho años, secretario de Estado y ministro de Exteriores. La fama, en todo caso, se la ganó formando parte de un grupúsculo anti UE en el que compartió cartel, entre otros, con Nigel Farage. Ahora parece que, escándalo tras escándalo, su batería política está cerca de agotarse.


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