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ETCÉTERA: Y SE HIZO JUSTICIA…

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El juez Sergio Moro es el responsable mayor de Lava Jato y la revelación del caso Odebrecht en América Latina. Con otro interlocutor de lujo –Jorge Fontevecchisa- sostuvo en marzo del 2017, un diálogo valioso y vigente. Algunas reflexiones del juez Moro:

Se produce un cambio en el mundo de los negocios, en las empresas privadas. Porque las empresas también pueden combatir la corrupción y es de su interés, independientemente de la acción de autoridades públicas. Hoy hay muchas más empresas preocupadas por sistemas efectivos de compliance. Surgieron algunos casos relevantes estos últimos dos años de grandes empresas brasileñas que, buscadas por agentes públicos con solicitudes de pagos por ventajas indebidas (en Brasil les decimos “propina”), en vez de asumir la conducta que antes era común y efectuar el pago, acudieron a las autoridades para denunciar esos delitos.

Vislumbro ese movimiento anticorrupción como una cosa más amplia que una mera acción del sistema de Justicia penal. Millones de brasileños salieron a la calle a protestar, entre otras cuestiones, contra la corrupción, pero es innegable que existe un mérito de la Justicia penal.

Todos los juicios deben ser públicos, como debe ser en toda democracia. La gente tiene derecho a saber, especialmente en los juicios contra la administración pública, de corrupción, qué hace la Justicia con esa delincuencia. Nosotros lo aplicamos de manera absoluta. La dimensión de los hechos que se fueron descubriendo y probando, como que varios directores de la Petrobras ya condenados tenían fortunas en cuentas secretas en el exterior, hizo que la investigación y los juicios se ganaran el apoyo de la opinión pública.

Ningún juez va a juzgar según la opinión pública. Pero la opinión pública es importante para prevenir intentos de obstrucción de la Justicia que pueden ocurrir, y a veces ocurren, en juicios contra personas política y económicamente poderosas.

En cuanto a otros métodos, como por ejemplo la cuestión de los acuerdos de colaboración, muchas veces los únicos que pueden salir de testigos son los propios delincuentes. Hay una frase que me gusta mucho: “No se cometen crímenes ni en el Cielo ni en conventos”. Entonces, no podemos llamar a declarar a ángeles o monjas. Muchas veces tenemos que valernos de delincuentes para que revelen no sólo sus delitos, sino también los de sus cómplices.

Hay un método antiguo, pero que todavía se usa poco en la región latina, que consiste en usar a un delincuente para que devele todo el esquema delictivo y llegar a los delincuentes en la cima de la pirámide. Un subordinado contra su jefe, un jefe contra varios, una especie de efecto dominó. Eso se usó mucho.

Pero es innegable que con la colaboración de algunos de esos individuos hubo un cierto salto en la amplitud de la investigación. Ese método siempre debe ir acompañado de otros, porque la palabra de un delincuente sólo es confiable si hay una prueba de corroboración. Muchas veces, la revelación del crimen por parte de un colaborador no elimina el resto del trabajo investigativo que se debe realizar, y a veces es un trabajo muy difícil.

No tengo conocimientos profundos del sistema procesal argentino. En el juicio penal, está la necesidad de preservar siempre los derechos del investigado y del acusado, no necesariamente para proteger al delincuente, sino también al inocente.

En Brasil se criticó mucho la utilización de las llamadas prisiones preventivas. Por regla, la prisión debe suceder al juicio, no precederlo, pero nuestra legislación permite lo que llamamos prisiones preventivas en situaciones excepcionales. Este caso en particular era toda una situación de excepcionalidad porque se investigaba un sistema preestablecido de corrupción. Nuestra legislación permite no sólo la prisión para proteger pruebas o evitar fugas, sino también para proteger la sociedad o a otros individuos de la práctica de nuevos delitos.

Además, existe un comportamiento delictivo serial y se lo debe obstaculizar, claro está que siempre con base en buenas pruebas de que el individuo cuya prisión preventiva se decreta realmente haya sido el autor del delito y tenga su responsabilidad.

El corruptor y el corrompido se encuentran al mismo nivel de culpa y cuando se pruebe la responsabilidad, deben ser castigados. El corrupto y el corruptor se encuentran en el mismo grado de infamia.

Las instituciones fueron fortaleciéndose y hoy tiene problemas con la corrupción como cualquier país, pero no al mismo nivel que antes. No existe ningún “destino manifiesto” de los países de América Latina a estar condenados a convivir con la corrupción sistémica, son las instituciones las que hay que construir y fortalecer.

En un caso con estas dimensiones que involucra a tantas figuras públicas, se acaba generando una inestabilidad política y, eventualmente, eso afecta a la economía en el corto plazo. Lo más importante es vislumbrar las ganancias que se pueden obtener más adelante con el enfrentamiento de la corrupción sistémica. Muchas veces existe un cuadro engañoso de un gobierno haciendo inversiones amplias, pero esas inversiones no son efectivamente productivas.  Pasó mucho en Petrobras, con gastos fantásticos en determinadas obras que no redundaban en la efectiva construcción de esas obras. Además, se afecta la integridad del mercado y con eso se ahuyenta a los inversores externos e internos.

Por más que haya un precio momentáneo, mi percepción es que las ganancias serán extremadamente significativas. Y tampoco se puede pensar esta cuestión sólo por el aspecto económico. Son preguntas difíciles y bien planteadas. Aquí tuvimos esos juicios con un gran número de empresas, las más grandes de la construcción civil, entre ellas Odebrecht, y la conclusión fue que lo mejor sería su preservación con el castigo a los responsables.

Ahora, ¿cómo es posible preservar empresas involucradas en prácticas corruptas? Solamente cuando la empresa admite su culpa, se compromete a reparar los daños provocados y a adoptar nuevas políticas para que no se repita el hecho. Las empresas que tomaron por ese camino, no sólo Odebrecht, dan el primer paso para redimirse y restablecer su reputación. El delito del pasado es terrible, pero cuando una estructura corporativa toma pasos para redimirse, se debe valorar.

Los países de la región latina (Argentina y Brasil), por su dimensión de población, economía y extensión, son dos de los principales) tienen mucho que ganar si caminan juntos hacia niveles institucionales más elevados y una economía más robusta, lo que también se reflejará en un mayor bienestar de la población. Parte importante de ese avance institucional y de esas ganancias en la economía exige el enfrentamiento con la corrupción sistémica. No puedo hacer ningún juicio evaluativo sobre los niveles de corrupción en la Argentina, pero ese enfrentamiento siempre es muy positivo. Espero que yendo allá, de alguna manera, pueda aportar a una práctica y a las experiencias de la Argentina, así como puedo aprender con esas mismas experiencias y prácticas. En síntesis, estoy muy contento por tener esa oportunidad.

 


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