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Hace apenas 100 años

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¿En qué andábamos las mujeres en aquellos locos ‘20? Andábamos en vestidos de talle bajo, con un lazo en la cadera, andábamos con larguísimos collares de perlas, bailábamos el charleston. En 1923 se estrenó el éxito “Melenita de oro”, prueba de que ya andábamos todas con la melena escandalosamente corta, hasta las que ya éramos jamonas, señoras de cierta edad.

Mi abuelita Celia tenía dieciséis años, vivía en Polonia, y se preparaba para la aventura más grande de su vida: cruzar el océano para venir a trabajar a la Argentina, el país de las oportunidades. Las mujeres éramos casi un 25 % de la fuerza industrial de país y ganábamos entre la mitad y la tercera parte de lo que ganaban los hombres. En su libro Historia de Arrabal, el escritor Manuel Gálvez tocaba un tema de gran actualidad: las fabriqueras.

Los padres de mi abuelita Ana estaban en mejor situación. Nacida en la Argentina, Ana se daba el lujo de elegir los modelitos que le haría la modista en la primera revista femenina del país, El hogar y la moda, fundada en 1904 para abarcar todas las variantes posibles de los intereses de la mujer. El hogar, la moda y…¿acaso había algo más?

¡Sí que había! En los ’20 se fundó Nuestra Tribuna – Hojita del sentir anárquico femenino, la primera revista internacional escrita y dirigida por mujeres, que llegó a tirar 4.000 ejemplares. Cecilia Grierson, la primera mujer en recibirse de médica en el país, presidió el Congreso Argentino de Mujeres Universitarias. Por ahí andaba, con muchos problemas y pocos encargos, la escultora Lola Mora, famosa por el escándalo que había provocado la Fuente de las Nereidas, con esos tritones salvajes semidesnudos, y las sirenas mostrando los pechos.

En la cumbre de la fama, nuestro pobre Zorzal Criollo se sacudía en el gimnasio de la YMCA, luchando contra una incipiente obesidad. Allá en Suecia, el danés Niels Bohr recibía el Premio Nobel de física por sus estudios sobre el átomo. En los veinte moría Graham Bell, el inventor del teléfono. Edison seguía produciendo maravillas de su fábrica de inventos: por algo lo llamaban “el mago de Menlo Park”.

¡Y las mujeres éramos tan modernas! Todo era posible, todo estaba permitido. Isadora Duncan, la bailarina que había revolucionado el arte de la danza, hacía una gira por Europa con su marido, el poeta ruso Esenin. Madame Curie, a quien hoy hubiéramos llamado María Slodowska, tenía a su disposición el Instituto de Radio de París, donde proseguía sus investigaciones sobre la radiación en la cura del cáncer. En 1922 terminó su primer período de gobierno el presidente Hipólito Yirigoyen y asumió Marcelo T. de Alvear, casado con la soprano Regina Pacini. Qué vergüenza, qué país, decían las señoronas de buena sociedad: ¡una cantante de ópera como primer dama de la República! Así de locas eran las nuevas costumbres en esos audaces años 20.


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