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Horacio Rodríguez Larreta: el plan refresh para liderar la oposición

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Cuando le comentó sobre su inminente gira costera, el doctor de Horacio Rodríguez Larreta le hizo una recomendación: no olvidarse de la gorra. Le dijo que ni aún con mucho protector solar iba a poder proteger la pelada que es, por lejos, la característica que más lo distingue. Por eso es que los que estaban en la playa de Villa Gesell en la tarde del jueves 5 no lo reconocieron. Con una camisa de lino, pantalón a tono, y haciéndole caso a la recomendación del médico, el jefede Gobierno porteño, que cambió outfit para mostrar un costado más descontractrurado, parecía un turista más pateando arena. A la comitiva de quince personas que lo siguió en su gira los había mandado lejos -un equipo que incluye a su gente de prensa pero también a un custodio vestido de civil-, como para mezclarse entre los que tomaban sol. Pero cuando se sacó la gorra eso cambió, y volvió a ser el hombre que aspira a liderar la oposición, primero, y a ser Presidente después.

Por eso es que hizo lo que el manual de buen candidato indica. Repartió saludos, selfies, besos, le puso la oreja a los que se acercaban, se sumó a partidos de fútbol, jugó al tejo y al paddle, se mostró arriba de una tabla de surf, como cuando era un adolescente en Playa Grande, saboreó churros, tomó mate, salió a correr con vecinos, fue al teatro, y comió en balnearios. Fue una puesta de escena estratégica y muy cuidada que tuvo un correlato en sus redes sociales, trabajadas con recelo, y que casi no mostró fallas, salvo una situación incómoda que vivió en Mar del Plata cuando un dirigente kirchnerista de la zona se acercó a increparlo. Todo el resto sucedió como el larretismo, que entró en un momento de celosía electoral en el cuidado de la imagen, lo había planeado, esquivando periodistas y curiosos cada vez que lo desearon. El nuevo Larreta sólo muestra lo que quiere mostrar, una faceta humanizada que incluye a su flamante pareja Milagros Maylin, que lo acompañó con un perfil bajo durante este viaje.

Pero no todo fueron reels de Instagram, y Larreta también hizo lugar para la rosca. En Mar del Plata posó como John Lennon, liderando a los popes del radicalismo en vez de a Los Beatles. La imagen causó un tsunami en la interna, mientras que él intenta dejar atrás el fantasma que lo persigue luego de que su ministro de Seguridad, ahora con licencia, quedó en el centro del escándalo por los chats de Lago Escondido y por las filtraciones de su celular.

Queda poco tiempo para el cierre de listas y todos los involucrados -hasta Patricia Bullrich, que después de un largo tiempo aceptó el pedido de su esposo para vacacionar en Brasil- lo saben. El reloj corre y no va a parar ni durante el verano.

Las olas y el viento

Aunque todavía no lo puso en palabras, Larreta se mueve y hace todo lo que tiene que hacer un precandidato presidencial. Hasta la agenda del intendente se transformó. Lunes, martes y la mitad del miércoles los dedica cien por ciento a la gestión local, los miércoles a la tarde y jueves son para recorridas por el Conurbano, y los viernes, sábados y domingos se destinan a visitas a centros turísticos o a fiestas nacionales, como la del 15 de enero en Córdoba, para el festival “Bum Bum” de la Mona Jiménez.

Pero hasta las elecciones falta todavía un largo trecho. Para llegar a ese momento el intendente tendrá que poder esquivar las esquirlas del escándalo D’Alessandro -hecho que, desde el bullrichismo, aseguran que impactó en su imagen- y también las preguntas incómodas, como algunas que le hicieron durante su gira playera. En Villa Gesell, una mujer de bikini y gorra blanca se le acercó y, cigarrillo en mano, le pidió explicaciones sobre el caso.

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Larreta, después de un segundo de duda, le dijo que estaban “editados”, y con sutileza esquivó la conversación y siguió la recorrida. Es el modus operandi del intendente porteño para evitar charlas incómodas, y que todo sea “más natural”, el motivo por el que prefiere tener a su comitiva lejos y que el público no se intimide a la hora de ir a saludarlo. “Horacio, tengo un local de calzado en Caballito, y me gustaría apoyarte, pero tengo miedo de que hagas como Macri con la timba financiera y que eso me destruya el negocio”, le dijo un hombre cincuentón que se lo cruzó sobre la arena. Larreta no contestó la pregunta, sino que derivó la charla hacia la historia del local y el tipo de zapatillas que vendía.

De cualquier manera, la gira costera de Larreta dio que hablar. Acá las interpretaciones dependen de qué tanto uno se acerce o se aleje al manual duranbarbiano que indica que cualquier conversación que se genere es buena. Para el equipo del intendente, amparados en esta lógica -amén de que el gurú ecuatoriano cada tanto le gira algún consejo al jefe de Gobierno porteño-, la recorrida fue un éxito, las imágenes se viralizaron por las redes y fueron el centro del debate público por unos días. La consultora “Políticos en redes” hizo un estudio que lo confirma: desde el primer día del año hasta el 10 de enero, el intendente fue el dirigente con más menciones (con 112.000) superando a Macri (102.000), Bullrich (42.780) y Vidal (22.760). Ese es el vaso medio lleno, ya que el vacío muestra que el 39% de los comentarios fueron negativos. El resto del espacio se inclina más por la segunda versión. “Todo eso de la tabla del surf, del tejo, del boludeo, no tiene nada que ver con él. No saben construir una imagen genuina ni saben a quién le hablan, están pifiando”, dicen desde el macrismo. Cerca de Bullrich comparten la apreciación. “Están desesperados porque ven que los números no les dan, que Patricia está arriba, y no saben qué inventar”, dicen.

Interna PRO

Pero el debate comunicacional es menor en esta historia. La gran duda es política. A pesar de que entre Bullrich y Larreta la relación está cada vez peor -una diferencia de posturas que está a punto de traspasar a una órbita personal, sumada a la incorporación al gabinete porteño de figuras otrora bullrichistas como Waldo Wolff o Mara Reynoso, que para la ex ministra de Seguridad significó un golpe abajo de la cintura-, hay algo en lo que ambos coinciden: que Macri no será candidato, que ya lo tiene decidido pero que está esperando hasta último para poder negociar mejor. Hay ahí también otro punto en el que tanto el palomo como la halcona están de acuerdo, en que el ex mandatario quiere acordar con el candidato al que apoye políticas concretas, lo que llama el “para qué” (como el título de su libro) del futuro gobierno en caso de una victoria, y también retener para sí algunos lugares en la lista de legisladores. “Es que aprendió que hay que controlar esas listas, porque después no sabés quién termina asumiendo y a los dos días se da vuelta o empieza a votar cualquier cosa”, dicen cerca del fundador del PRO.

Larreta, en los primeros días del año, habló alguna de estas cosas con Macri. Fue cara a cara, durante el descanso de ambos en el country Cumelén, la meca del partido amarillo en Villa La Angostura. De esas reuniones, que en total fueron tres, el intendente porteño se llevó la impresión de que su otrora jefe no iba a jugar -una sensación que hace correr su círculo, ya que las charlas privadas entre ellos dos se mantienen en extrema reserva-, pero de que para que eso efectivamente suceda iba a tener que, en algún momento, llegar a algún acuerdo. Esa es una encrucijada para Larreta. “Él piensa que si ya arranca a negociar con Mauricio después la va a tener muy difícil, porque va a tener que negociar con los radicales, con gobernadores, con sindicalistas, y no termina más”, dice uno de sus exégetas.

Acá Bullrich tiene un punto a favor. Es que ella piensa ir para adelante con su candidatura, caiga quien caiga. Se muestra reacia a cualquier negociación, y dice que si Macri o quen sea se quiere postular, que se postule, que ella no va a volver a bajarse como sucedió en el 2021. “Hoy estamos arriba de Horacio, y la gente la va a votar. Va a ser Presidenta”, se entusiasman en su círculo.

El entorno del ex mandatario se muestra ajeno a estas especulaciones. Lo pintan a Macri como el garante de mantener una sana convivencia dentro del espacio, el que “insiste para que ninguno la pudra mal, porque después, gane quien gane, van a tener que trabajar en conjunto”. De una cosa juran que pueden dar fe, basándose en el espíritu calabrés que siempre tuvo el ex presidente. “Los que lo piensan como canciller o en algún ministerio están locos, no lo conocen. Él es el jefe y ese va a ser su rol”.

En este espacio están empezando a perder la paciencia con algunas de las posturas del jefe de Gobierno. Son hasta ahora detalles sutiles, que sólo ve el ojo entrenado. En las entrevistas Larreta empezó a llamar a Macri por su apellido, además de que sus críticas van en ascenso, como las diferencias que ha marcado sobre el cepo que puso el entonces Presidente. Cerca de Larreta se hacen cargo de los dardos, pero dan una explicación política. “En algún momento va a tener que empezar a marcar algunas diferencias, no hay otro camino”.

Recta final

Aunque en el espacio todos admiten que la ex ministra está arriba de Larreta en la imagen -la diferencia depende de a qué bando se le pregunte-, en Uspallata son más que optimistas. Hacen referencia al caso 2015, cuando Larreta arrancó la interna contra Michetti diez puntos abajo pero la terminó dando vuelta, y ahora recuerdan que el grueso del armado -12 de los candidatos provinciales, y la gmayoría de los presidentes del PRO en las localidades- está con ellos. “Eso significa que vamos a tener fiscales, estructura que va a cuidar el voto, militar durante la campaña, y que va a llegar a muchos lugares donde sólo con las redes no llegás”, dicen.

En esa línea destacan la foto “beatle” con los radicales, donde estaban el presidente de la UCR, Gerardo Morales, y Lousteau, al que sindican como el autor de la idea de la imagen. Fue una foto que a varios les cayó pesada. Cuando la vio, el gobernador correntino Gustavo Valdés, también radical, hizo una llamada de larga distancia a Brasil a Bullrich, enojado porque la instantánea daba la imagen de que toda la UCR apoyaría a Larreta. Para seguir con lo musical, Valdés invitó a Bullrich a un evento el 19 de enero,  la fiesta nacional del Chamamé, a la que también irá Larreta. Aunque quizás ahí se crucen en la pista, para el baile de verdad todavía falta.

Larreta y su novia

En la noche del sábado 7 Larreta y su flamante novia, Milagros Maylin, aprovecharon un hueco en la agenda de campaña costera para ir al teatro Atlas. Luego de ver la obra “Perdida mente”, que dirige José María Muscari, salieron del lugar como para encarar el regreso al Costa Galana, el hotel donde se alojaron, pero se llevaron una sorpresa: NOTICIAS los estaba esperando, para hacerles una foto. Pero el asombro, al final, quedó para este medio. Cuando Maylin vio la cámara huyó hacia el interior del teatro, y logró evitar la imagen en común.

Atrás del episodio, apenas una anécdota, hay un razonamiento. Maylin, que renunció a su cargo en la secretaría de Bienestar Integral porteña, no quiere aparecer ante el público como una “mujer decorativa”, el lugar que históricamente terminaron ocupando muchas parejas de políticos a lo largo de la historia. De ahí que quiera evitar imágenes saliendo de teatros, y es con esa lógica que se explica la renuncia a su cargo. De hecho, Maylin acompañó a Larreta en su gira costera, pero evitó aparecer con él en los actos en público. En algunas recorridas lo acompañó, pero siempre lejos de las cámaras, varios pasos más atrás e intentando que no se note su presencia. El fin de semana ella lo acompañará a Córdoba, una gira de Larreta que terminará en el festival de la Mona Jiménez.

Aparejado con esto va la idea, en crecimiento, de que la nueva pareja del intendente está ocupando un rol cada vez más activo en los pasos a seguir de su novio. “Ella, en este sentido, se parece más a Malena Galmarini que a Juliana Awada. Es una mina viva, despierta, que conoce de política, y por eso se está metiendo en el armado de estrategias, tira ideas”, dice un hombre del PRO porteño que la conoce bien.

A futuro, además de sugerirle ideas para la campaña, Maylin tiene otro plan en mente para con Larreta: irse a vivir juntos. La convivencia es un tema en carpeta y que lo más probable es que se concrete en el corto plazo. Mientras, ella seguirá abocada a su trabajo social, lejos de las cámaras.

 

 

 

 

 

 

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