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Intelectuales del mundo piden por los chicos separados de sus padres en la frontera de EE.UU. y México

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Los cambios donde tienen a los chicos en la frontera Fuente: Reuters – Crédito: Mike Blake / Archivo



Pese a que la


Casa Blanca
fue ordenada por la Justicia a
dar marcha atrás con las
separaciones de menores de sus padres en la frontera con México, intelectuales del mundo se unieron en una carta abierta sobre “los campos de concentración para niños”.





























Con las firmas de grandes figuras como Margaret Atwood, Paul Auster, Patti Smith, Alberto Mangel, Guillermo Martínez, y muchos otros emblemas de la cultura, la misiva destaco que en la localidad de Tornillo, Texas, unos 1600 niños fueron separados por la fuerza de sus familias.

El texto fue publicado con el titulo
Cooncentration Camps for Kids: An Open Letter (Carata abierta sobre los campos de concentración para niños) en el sitio
nybooks.com.















El grupo de intelectuales detalló cómo es el presente de esos chicos -de entre 13 y 17 años- que viven con asistencia legal limitada en una especia de carpas, y que no han sido escolarizados. “A los menores se les permite llamar dos veces por semana a sus familiares o a quienes los apadrinan, y tienen que llevar escrito en el cinturón los números de teléfono de sus contactos de emergencia”.


















Los chicos son separados de sus padres y deben ajustarse a ciertas reglas de convivencia Fuente: AP – Crédito: Archivo

El grupo de literatos y artistas detallaron que el estado psicológico de los chicos es “todo menos humano” y que se encuentran sujetos a un “trauma emocional”. “Los cuidadores del campo de Tornillo, cuya capacidad fue ampliada en septiembre a 3800 vacantes, dicen que cuanto más tiempo pasa en custodia un niño, más probable es que tenga secuelas traumáticas o caiga en depresión”, se añadió.








Los chicos están expuestos a una serie de reglas estrictas, entre las que se destaca comportarse bien; no sentarse en el piso; no usar sobrenombres; no tocar a otro chico; y si se puede no llorar, mejor.








“Esta generación de estadounidenses será recordada por haber permitido que se construyan campos de concentración para niños en “la tierra de los libres y el hogar de los valientes”, como reza el himno norteamericano. Eso está ocurriendo aquí y ahora, pero no en nombre nuestro”, concluyó la misiva.


La carta completa



Carta abierta sobre los campos de concentración para niños









En la localidad de Tornillo, Texas, unos 1.600 niños que fueron separados por la fuerza de sus familias duermen cuchetas, en hileras de carpas de color amarillo pálido, los varones separados de las chicas.


Los menores, de entre 13 y 17 años, tienen asistencia legal limitada y no han sido escolarizados: les entregan manuales con tareas para completar, pero no están obligados a realizarlas. No hay regulaciones que estipulen el funcionamiento de esa ciudad-campamento, más allá de los lineamientos generales del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos. Las condiciones físicas en las que se encuentran los chicos parecen ser humanas. Pasan la mayor parte del día en carpas con aire acondicionado, donde reciben las comidas y realizan actividades recreativas. Hay tres cuidadores por cada grupo de veinte chicos. A los menores se les permite llamar dos veces por semana a sus familiares o a quienes los apadrinan, y tienen que llevar escrito en el cinturón los números de teléfono de sus contactos de emergencia.


Sin embargo, el estado psicológico de esos chicos es todo menos humano. Al menos dos docenas de los que llegaron a Tornillo tuvieron apenas un par de horas de preaviso en los lugares donde estaban detenidos antes de que se los llevaran, porque si hubiesen tenido un minuto más, los chicos habrían entrado en pánico e intentado escapar, según relata uno de los cuidadores. Debido a esas circunstancias, los chicos de Tornillo están inevitablemente sujetos a un trauma emocional. Tras su liberación (una fecha aún no establecida), quedarán las cicatrices emocionales, y nadie debería esperar que esos chicos alguna vez sientan otra cosa que odio por el país que los condenó a este injusto confinamiento.


Los cuidadores del campo de Tornillo, cuya capacidad fue ampliada en septiembre a 3.800 vacantes, dicen que cuanto más tiempo pasa en custodia un niño, más probable es que tenga secuelas traumáticas o caiga en depresión. En ese tipo de establecimientos, las reglas son estrictas: “Comportarse bien. No sentarse en el piso. No compartir la comida. No usar sobrenombres. No tocar a otro chico o chica, por más que sea tu hermanito o hermanita. Y mejor no llorar, porque podría perjudicar la evaluación de tu caso.” ¿Imaginan a sus propios hijos privados de abrazar, de ser abrazados, o incluso de tocar o compartir algo con sus hermanos y hermanas?


Las autoridades del gobierno norteamericano no permiten que los periodistas entrevisten a los chicos y tienen estrictamente controlado el acceso al predio, pero casi todos los días se filtran informes a través de la prensa. El campo de Tornillo, si bien es único -incluso entre los más de cien centros de detención para niños migrantes que hay en Estados Unidos- por su forma de tratar a los menores, también es parte de una atmósfera general de represión y persecución, que amenaza con empeorar aún más. El gobierno norteamericano tiene detenidos a más de 13.000 migrantes menores de edad, la cifra más alta de su historia. El mes pasado, había unos 250 niños de “tierna edad” -hasta 12 años- que todavía no se habían reunido con sus familias. En las últimas semanas, el presidente norteamericano prometió “poner carpas por todos lados” para los migrantes.


Esta generación de estadounidenses será recordada por haber permitido que se construyan campos de concentración para niños en “la tierra de los libres y el hogar de los valientes”, como reza el himno norteamericano. Eso está ocurriendo aquí y ahora, pero no en nombre nuestro.



Firmantes


Rabih Alameddine;
Jon Lee Anderson;
Margaret Atwood;
Paul Auster;
Andrea Bajani;
Alessandro Baricco;
Elif Batuman;
Neil Bissoondath;
José Burucúa;
Giovanna Calvino;
Emmanuel Carrère;
Javier Cercas;
Christopher Cerf;
Roger Chartier;
Michael Cunningham;
William Dalrymple;
Robert Darnton;
Deborah Eisenberg;
Mona Eltahawy;
Álvaro Enrigue;
Richard Ford;
Edwin Frank;
Garth Greenwell;
Andrew Sean Greer;
Linda Gregerson;
Ethel Groffier;
Helon Habila;
Rawi Hage;
Aleksandar Hemon;
Edward Hirsch;
Siri Hustvedt;
Tahar Ben Jalloun;
Arthur Japin;
Daniel Kehlmann;
Etgar Keret;
Peter Kimani;
Binnie Kirshenbaum;
Khaled Al Khamissi;
Dany Laferrière;
Jhumpa Lahiri;
Laila Lalami;
Herb Leibowitz;
Barry Lopez;
Valeria Luiselli;
Norman Manea;
Alberto Manguel;
Yann Martel;
Guillermo Martínez;
Diana Matar;
CHisham Matar;
Maaza Mengiste;
Rohinton Mistry;
Benjamin Moser;
José Luis Moure;
Azar Nafisi;
Guadalupe Nettel;
Mukoma Wa Ngugi;
Ruth Padel;
Rajesh Parameswaran;
Dawit L. Petros;
Caryl Phillips;
Nelida Piñon;
Francine Prose;
Sergio Ramírez;
David Rieff;
Salman Rushdie;
Alberto Ruy Sánchez;
Aurora Juana Schreiber;
Wallace Shawn;
Sjón;
Patti Smith;
Susan Swan;
Santiago Sylvester;
Madeleine Thien;
Colm Tóibín;
Kirmen Uribe;
Juan Gabriel Vásquez;
Juan Villoro y
Susan Yankowitz
















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