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Justicia: lo que vendrá

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Ilustraciones Salvador Dalí

El calor que nos agobia, es uno de los menores infortunios por los que pasamos estos días. Lentamente se va generando una sensación de incertidumbre que preanuncia peores tiempos que los que nos prometen, existe en el aire una extraña sensación semejante al olor que precede a las tormentas que, cuando éramos niños creíamos que era el olor a lluvia, y después nos desengañaron diciendo que era el olor a ozono, propio de las reacciones que generan las descargas eléctricas.

En definitiva, una desilusión que nos trasladó de un concepto mágico a la más insípida realidad, rompiendo el hechizo que nos unía a un mundo en el que podíamos soñar un futuro a la medida de nuestros sueños. Algo, parecido, comienza a ocurrirnos y se desliza en toda los ámbitos en los que se desarrollan nuestras vidas.

Comportamientos de una violencia inusitada forman parte de la comunicación diaria que nos bombardea, un adolescente muerto a patadas frente a un boliche sin que pueda comprenderse como pudo haberse llegado a ese extremo, o un combate a pedradas entre los usuarios del tren y un grupo de trabajadores que reclaman su reincorporación a una empresa que también servía a los ferrocarriles. Una suerte de deshumanización en la que se enfrentan aquellos que debiesen compartir un mismo momento.

Esta lucha intestina, oscura e incomprensible sin embargo, también se libra en otros ámbitos que no llegan a ser advertidos por todos y que sin embargo encierran la misma ruptura que nos aleja del futuro que soñamos.

El gobierno, sin decirlo, lentamente plantea una modificación del sistema que conocemos y sin decirlo tampoco, avanza hacia la generación de un marco jurídico distinto al que conocemos. Hasta ahora, se han realizado ajustes en el terreno económico que, técnicamente, podrán encontrar fundamento en principios teóricos que les den andamiento, a lo que se suma la invocación a la solidaridad, que se impone no como un espontáneo gesto de nobleza humana sino como un obligado comportamiento diseñado desde el Poder.

El jefe de gabinete ha aseverado que es decisión tomada, el achatar la pirámide de las jubilaciones, concepto que encierra un criterio que, trasladado a la sociedad como conjunto, modifica el modelo de país en el que habitamos. Achatar la pirámide, de acuerdo al mecanismo anunciado,implica no generar más riqueza sino repartir la existente produciendo una leve mejoría entre aquellos que se encuentra en la base pero sin producir una mejoría que merezca ser elogiada en el conjunto.

El camino, conduce a entender que se ha de privilegiar un modelo de sociedad subsidiada -en eso se convierten los sistemas provisionales que se fundan en un reparto igualitario de los fondos recaudados, sin reconocer los aportes efectuados en la misma magnitud que el trabajo realizado-. Esa decisión, termina contrariando principios constitucionales de propiedad e igualdad lo que vuelve imperativo un cambio constitucional, del que en voz baja ya se ha comenzado a hablar.

Sin perjuicio de las argumentaciones que se intenten para señalar que las decisiones buscan reparar las desigualdades existentes, lo cierto es que, si lo que se buscase es proteger los fondos de la seguridad social y asegurar su reparto equitativo, no se echaría mano de sus dineros para equilibrar otras cuentas del Estado al que dichos fondos son ajenos.

Así las cosas, puede advertirse que solo se ha encontrado un buen argumento para justificar el cambio de dirección que busca darse a nuestra sociedad, y la base filosófica de una economía que, además de ajena a nuestras tradiciones, importa un cambio agresivo de las normas jurídicas que las rigen. En vez del Estado haberse generado para lograr el bienestar de la sociedad, está última parece existir para sostener la estructura de este.

Como si lo que fuera a decidirse tuviese un impacto directo en la equidad del sistema, se omite señalar que en el universo provisional, no alcanzan a ser un puñado de menos de 8000 los que reciben las jubilaciones “especiales” que buscan eliminarse. Del mismo modo se omite señalar que para ser incluidos en esos regímenes, los presuntos “privilegiados” aportan un porcentaje mayor que los demás trabajadores adheridos al sistema, como también sumas directamente vinculadas a sus mayores ingresos, lo que autorizaría a sostener, que en abstracto , el esfuerzo realizado al laborar fue idéntico al de aquellos que intenta protegerse.

Se ha omitido, para demostrar el motivo por el cual los dineros son insuficientes para mejorar los beneficios provisionales, la cantidad – más de un millón de beneficios concedidos a individuos que jamás realizaron algún tipo de aporte-.así, la solución de achatar la pirámide parte de una verdad dogmática distinta a la desigualdad que pudiera existir sino en la necesidad y decisión de enrasar los ingresos de toda la sociedad que dependerá así de un Estado benefactor -o no- que sostendrá a sus habitantes, que serán dependientes de él para subsistir. Lo cierto es que desde que la Presidente CFK vetó la ley que establecía el pago del 82% móvil a todos los incluidos en la seguridad social, las cuestiones han transitado los ambientes judiciales en espera de soluciones que respeten las mandas constitucionales existentes alç respecto. Nada por cierto hace suponer que no habrá de ocurrir lo mismo  con las modificaciones que se introduzcan con la variedad, esta vez, que los Jueces deberán decidir sobre sus propios temas, lo que debilitará los argumentos que expongan, no obstante el notorio malestar que se advierte con solo anticipar los anuncias hechos sobre sus futuras remuneraciones y retiros.

Esta situación, que habrá de culminar en la Corte Suprema; anticipa los cambios que allí habrán de producirse, la Presidencia del Juez Rosencratz se encuentra en un final agónico, no solo por él fracaso que significó su designación , que le hizo perder al anterior Gobierno el control y acompañamiento de sus propuestas y que ahora vuelve a repetirse ya que se pretende hacer culminar en el mes de abril la presidencia del macrista para imponer al de su compañero de plegó el dr Rosatti  (tradicionalmente enemistado con el ex hombre fuerte, Lorenzzetti).

Así, la cuestión judicial se vuelve central pues muchas de las reformas del Gobierno han de pasar por los Tribunales que habrán de establecer si se ajustan o no a la Constitución y los tratados., lo que nos lleva a suponer que previendo esa circunstancia han de generarse importantes alteraciones del sistema judicial para lograr convertir en operativas las decisiones que adopte el Congreso,  sorteando el sistema de frenos y contrapesos que en su origen decidieron los constituyentes del 53.

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