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Justicia: ¿Nuevas reglas de juego?

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Ferdinand Amunchásteguy. Para amenizar la media semana, nos enteramos del enfrentamiento de un excedido de peso, con un grupo de jóvenes que se acercaron a las puertas de un frigorífico con el alegado  propósito de despedirse de unas vacas que se encontraban en camino de ser convertidas en viandas, para insensibles comensales alejados de la realidad vegana presente en el lugar. Si la situación no resultase digna de una obra de Fellini, deberíamos preocuparnos un tanto por el mañana de nuestra sociedad.

En ciertos momentos, nuestras vidas transitan entre el drama y lo ridículo, aunque últimamente predomina el primero, transformando nuestros días en pequeños infiernos que marcan nuestros rostros con las muecas del espanto. En ese escenario, sin embargo, también conviven los diarios problemas que demandan nuestra atención y reclaman soluciones inmediatas.

En realidad, las trivialidades que presentan las noticias confunden nuestra inteligencia, y generan un torbellino de ideas equivocadas que alejan nuestra comprensión de aquellos temas que debieran ocuparnos. Ciertamente su sucesión conforma un relato que induce a preocuparse por aquello que podría suceder en un tiempo próximo  y que se encuentra claramente insinuado, aunque soslayado por aquellos que acabarán sufriendo sus consecuencias.

El ex Presidente Duhalde ha surgido de las sombras en las que se hallaba sumido, para iniciar una importante cabalgata por los medios,  en los que decanta sus agoreras profecías sobre el futuro político de nuestro país. Frisando las ocho décadas, se pronuncia ahora, trayendo a la memoria hechos políticos que lo tuvieron como protagonista al principio del siglo y que refuerza con la presencia de quienes no pueden desmentirlo -los ex Presidentes Alfonsín y de la Rua-.

Lo cierto y concreto es que, con el pretexto de convocar a la unidad y la necesidad de generar un amplio acuerdo político, lanza los más deprimentes juicios sobre la gestión del actual Presidente, al que califica y coloca dentro de los estándares más pobres de los últimos años de nuestra historia. De ese modo y asumiendo la postura de un Cónsul Romano anuncia los desastres que se cumplen pocos días después -levantamientos,  tomas  de tierras  y otras desgracias asociadas a la economía o la política-.

Más allá de lo impactante de sus manifestaciones, su amplia difusión obliga a suponer la existencia de una actividad alentada por algunos sectores próximos al propio partido gobernante, que buscan abrirse paso y lograr una mayor injerencia en el manejo de alguno de los aspectos de la cosa pública.

Junto con la actividad del ex presidente, ocurren otros eventos que sirven para empañar situaciones que debiesen transitar por otras realidades. El incremento del llamado dólar “blue” -propio de un pequeño Mercado- distrae la atención sobre los movimientos que se operan en otros ámbitos vinculados todos a la justicia, último terreno en el que se discutirán temas trascendentes que hacen al mantenimiento de un sistema jurídico, hasta ahora, vigente en el país (con los matices cambiantes propios de estas tierras).

Haciendo un juego de palabras -lo que vuelve más ameno el comentario- son justamente los terrenos ocupados, uno de los temas que definirá la Justicia definiendo el derecho de propiedad y la medida de su protección. O desalojará a los que se han apoderado sin derecho de las tierras, o encontrará alguna razón para convalidar el ataque a los patrimonios particulares. En cualquiera de los dos extremos estará definiendo el perfil de una sociedad, la que conocemos, o una nueva cuyos límites ignoramos.

Los pasos dados hasta ahora parecen acercarse más a un nuevo modelo que ha respetar el que tenemos. El jefe de Gabinete habló de que no existe ocupación ilegal hasta que una sentencia firme no lo declare – lo que demandará tiempo y prolongará la lesión más allá del hecho rápidamente verificable de la intrusión-; mientras un Juez ordenó la expulsión, las Autoridades de la Provincia solicitan prórrogas del plazo acordado para cumplirla, lo que ya ha demorado la decisión más de un mes, tiempo utilizado para que se incorporen a la toma más de mil grupos familiares, según la propia información oficial. Una  disputa familiar permitió el ingreso a un campo, con bombos, platillos y funcionarios a la cabeza, y un Juez de Paz lugareño no solo no ordenó un desalojo,  sino que impidió a los dueños expresarse ante los medios de prensa, amenazando a los que se sienten avasallados en sus derecho, con una peculiar “desobediencia judicial” que pretende imponer una censura que una vez más, avanza en un sentido contrario a lo que nuestras leyes, por ahora, amparaban.

Aunque existen numerosas tierras fiscales -quizás no tan bien  localizadas, aunque igual de aptas para solucionar el problema con el que pretende justificarse la ocupación- el Estado, que pacientemente observa lo que ocurre, no ha dado un paso para ofrecerlas, prefiriendo que el enfrentamiento se establezca entre los particulares a los que parece haber dejado librados  a su suerte.

Obviamente será la Corte quien acabe decidiendo cuál es el derecho que nos rige, como tendrá también que hacerlo cuando defina cuál es la coparticipación que corresponde a la Ciudad de Buenos Aires o por lo menos, cuál es método correcto para establecerlo  y/o modificarlo. Poniendo en claro su Autoridad y su capacidad de oposición a las decisiones de los otros Poderes, mantiene entre sus futuras resoluciones lo concerniente al traslado de los jueces y agregó -para enseñar hasta dónde puede llegar su intervención- informes de impacto ambiental que viabilizaran, o no, la construcción de las obras públicas más relevantes que encara la provincia de Santa Cruz  -las represas Cóndor Cliff y La Barrancosa (antes de ser rebautizabas Kirchner y Cepernik)-.

Obviamente, ese enfrentamiento en ciernes tiene su contracara en lo que resuelva la comisión que tiene a su cargo “optimizar y analizar” las reformas que deberían concretarse sobre la cabeza del Poder judicial, todo lo que relativiza una vez más, el modelo jurídico que acabará consolidándose en el país,y que también se traslada a una oposición que, procurando alcanzar protagonismo, se introduce en el juego que se propone desde el Senado para modificar el sistema de elección del Procurador General y la duración de su permanencia en el cargo.

En resumen, mientras todo en el País se degrada a causa de pandemias y desastres naturales, unos pocos intentan cambiar las reglas del juego para que surja, entre la tos  y las cenizas, un nuevo sistema al que habremos ingresado de la mano de unos pocos audaces que buscan hacer una revolución sin que se note y sin que les cueste la posibilidad de su fracaso.

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