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LA DEUDA PENDIENTE | 7miradas

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Los cíclicos trastornos de nuestra sociedad, como en un infinito torbellino, se repiten varias veces en la vida de un individuo. Si tuviéramos que enunciar cuantas veces hemos atravesado los mismos escenarios, acabaríamos dándonos cuenta la falta de originalidad que existe en nuestra historia, y el grave conjuro que  nos persigue a través del tiempo.

Quienes hoy estamos vivos, hemos conocido las interrupciones constitucionales, la perdida de libertades, los infortunios económicos y casi todas las alteraciones que pueden ocurrir en la vida de un país. Obviamente, hemos sobrevivido a todo ello, aunque debe presumirse que no ha sido sin daños en nuestro espíritu y rastros en nuestro comportamiento actual.

La situación muestra también los cambios operados en nuestra realidad política. Promediando el siglo pasado, los movimientos eran castrenses y se identificaban con la posición ideológica de sus integrantes, en las que a veces predominaba el carácter “Nacionalista” de sus miembros directivos o por el contrario, la influencia de los grupos “liberales” pregoneros de una distinta concepción de país.

A esos planteos se sumaban periódicamente grupos afines, fueran estos los vinculados a la Iglesia más conservadora o los movimientos sindicales. Sin embargo con el tiempo, aparecieron entre los grupos nuevas tendencias que, en algunos casos,  radicalizaron los enfrentamientos internos y agravaron el nivel de convivencia.

Fue en esa realidad convulsionada que se instaló el último gobierno militar, cuyas consecuencias se sufren aun hoy, hasta que, según la percepción de nuestra sociedad se recuperó la democracia. Este nuevo escenario, sin embargo, no se alejó de los conflictos y, aunque maltrecha, ha mantenido los márgenes que permiten hablar de una democracia recuperada.

Es deuda pendiente, parecería, el rescate de las Instituciones ya que,  aunque el sistema parece haberse  compuesto, lo cierto es que sus Instituciones se mantienen endebles y no parecen gozar de la mejor salud. El descrédito que embarga a los distintos estamentos de la sociedad se desplaza silenciosamente, contagiando el desánimo que parece haberse adueñado de los argentinos.

No solamente son las Instituciones de la Republica, son sus integrantes los que han sido atacados por la apatía y el demerito. Las gentes han perdido el interés de realizar las distinciones que separen a los miembros del cuerpo general, el Poder Judicial es irredento y no existen para los ciudadanos Jueces probos y otros desechables, el legislativo está compuesto por políticos, y estos son mirados de soslayo por todos; el Ejecutivo está integrado por individuos incapaces de lograr el éxito y solo hay que esperar que abandonen sus lugares.

Esta realidad no deja de abrazar esa tendencia tan argentina de aguardar una solución mágica, antes que otra, sostenida en el trabajo y en un plan orgánico que pueda conducir a un escenario distinto. Lo único tangible es la proximidad de unas elecciones en las que habrán de enfrentarse con alguna posibilidad, dos fuerzas que ya han demostrado que es lo que pueden concretar.

Siendo esto así, que es lo novedoso que nos pueden ofrecer? Cuál de las opciones que se presentan posee el encanto de la magia? Que incógnita nos ofrecen para sorprendernos en el futuro? Aunque parezca presuntuoso, es nuestra opinión que solo aquel que integre sus programas con una dosis de misterio o expectativas de algo nuevo, tiene la posibilidad de triunfar. Lo conocido, lo que todos conocen está destinado a seguir la suerte de las cosas viejas.

Los nuevos protagonistas de la historia, -los agrupaciones sociales que han tomado las calles-, buscan distintos interlocutores, sea esto cierto o solo una estrategia política, lo real es que sin ofrecerles esa posibilidad, seguramente continuaran en sus movilizaciones buscando soluciones que nadie puede brindarles.  Es casi una certeza suponer, que salvo la esperanza que pueda ofrecerles una cara nueva, nada aplacará los reclamos que insinúan hoy y que redoblaran mañana.

Más de lo mismo, o la sola esperanza de enfrentar un desafío diferente, serán la diferencia que marque el éxito de quienes se proponen para gobernar el futuro de esta sociedad desanimada. Las caras son todas conocidas, solo la posibilidad de encontrar un camino diferente que conduzca a los objetivos buscados por todos dará el triunfo a alguno de los contendores, para ello todos deberán remozar su grupo de colaboradores, las mismas caras, los mismos personajes, han agotado a los que eligen, un aire fresco debe ingresar al escenario y generar la mística que se ha perdido, el camino a seguir no será lo que decida la elección,  pero quienes lo harán transitar posiblemente sí.

Concluimos suponiendo que aquel que se anticipe a nombrar quienes serán los individuos que lo acompañen, obtendrá la diferencia que quizás pueda darle la victoria.


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