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La Fiscalía brasileña rechazó en 2016 el testimonio contra Temer por el que fue detenido en febrero | Internacional

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Dos semanas antes de que Michel Temer asumiera la presidencia de Brasil de forma interina debido a la salida de Dilma Rousseff tras el proceso de impeachment en la Cámara de Diputados el 17 abril de 2016, la Operación Lava Jato recibió un “anexo-bomba” de una delación premiada (un acuerdo para confesar y acusar a terceros a cambio de ventajas) que, si hubiera sido aceptado, podría haber cambiado el rumbo de la historia reciente del país. Conversaciones entre fiscales del caso anticorrupción Lava Jato en la red Telegram, obtenidas por The Intercept y analizadas en conjunto con EL PAÍS, permiten rastrear el momento exacto en que la fiscalía tuvo en sus manos informaciones que podrían haber llevado a una investigación de Temer, entonces vicepresidente, por sospechas de corrupción. No obstante, en aquel momento, los fiscales consideraron que el testimonio no satisfacía “el interés público” y lo rechazaron.Tres años después, los investigadores han usado esa misma delación contra Temer, ya expresidente, para solicitar su prisión provisional.

La delación que sustentó la prisión de Temer a principios de este año, la realizó el empresario José Antunes Sobrinho, socio de Engevix, que reveló un soborno a Temer. En las conversaciones de varios años entre los investigadores de la Lava Jato en Telegram, entregadas por una fuente a The Intercept Brasil y que ha derivado en un goteo de revelaciones que cuestionan su imparcialidad, hay un chat titulado Acuerdos Engevix. Este muestra que los fiscales de Curitiba, Río y Brasilia recibieron la propuesta de Antunes el 4 de abril de 2016. La acusación contra Temer, posteriormente bautizada como “anexo-bomba”, decía que el empresario efectuó un pago de un millón de reales (unos 215.000 euros) para satisfacer los intereses de Temer, en compensación por un contrato en la central nuclear Angra 3, de la empresa estatal de energía Eletronuclear.

El pago, según él detenido, se le entregó a un amigo de Temer, el coronel João Baptista Lima Filho. El dinero no pasó directamente de las arcas de la compañía Engevix a las del expresidente, sino a una empresa intermediaria. No obstante, al día siguiente de la propuesta, comunicaron a los abogados de Antunes que las negociaciones de la delación habían terminado. Así se reflejó en las conversaciones. “Para los de Brasilia y Lauro: Antunes ha presentado, en este momento, dos anexos más. Está forzando la situación aquí. Informo que la opinión de Curitiba (ciudad epicentro del caso) es contraria al acuerdo”, afirmó el fiscal Athayde Ribeiro. En respuesta, el fiscal Lauro Coelho, del equipo de Río de Janeiro, se limitó a contestar: “Entendido”.

El entonces vicepresidente Temer era señalado como uno de los instigadores de la destitución de Dilma Rousseff. En este escenario, pues, la acusación contra él no era trivial. Durante ese año, la Lava Jato logró más de 100 acuerdos de delación, según la hoja de cálculo Colaboração_Todos (19.12.2017) que los fiscales compartieron en Telegram.

El fiscal Ribeiro dijo en conversaciones de Telegram en junio de 2017 que la mención a Temer era un “anexo-bomba”. A esas alturas, Temer ya era presidente porque el Senado había confirmado la destitución de su antecesora en agosto de 2016. “Leo (por Leonardo), solo recordando que Río, Paraná (en referencia a Curitiba) y Brasilia ya le habían denegado los acuerdos a  Engevix y a los directivos. Los anexos de aquel momento no se mostraron interesantes; y también porque no se mostraron fiables, intentando jugar con “anexos-bomba” sobre la bocina, intentando intimidarnos con la (revista) Veja y por no haber presentado pruebas de corroboración”, le dijo el fiscal Ribeiro a su colega Leonardo Cardoso de Freitas en Telegram. La mención a Veja parece aludir, en realidad, a un reportaje de la revista Época (semanario que compite con Veja) que publicó en abril de 2016 las revelaciones que Antunes tenía en su propuesta de delación.

Los abogados de Antunes solicitaron ese año a los investigadores, y obtuvieron, un certificado de que se rechazaba el acuerdo de delación que este ofrecía. El 24 de junio, el fiscal Paulo Galvão compartió con sus colegas el texto que alegaba “ausencia de interés público”.

La delación de Antunes acabó siendo retomada y homologada en 2018 por un camino tortuoso. Temer también fue delatado por Joesley Batista, de la compañía alimentaria JBS, en mayo de 2017, cuando salieron a la luz las conversaciones grabadas por el empresario en las que Temer dijo “hay que mantener eso, ¿eh?” después de que el empresario asegurarse que estaba “en paz” con el exdiputado Eduardo Cunha (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), expresidente de la Cámara de Diputados y aliado de Temer que incitó el proceso de destitución de Dilma.

En dicha conversación, Temer también le recomendó a Joesley que se pusiera en contacto con el exdiputado Rodrigo Rocha Loures para resolver problemas de JBS en el Gobierno. Tras algunos arreglos con el empresario, Rocha Loures recibió un soborno de 500.000 reales (unos 108.000 euros) en una maleta, dinero cuyo destinatario, según Joesley y las investigaciones de la Lava Jato, era Temer. Esa maleta motivó la primera denuncia interpuesta contra Temer. La investigación acabó suspendiéndose en una votación de la Cámara de Diputados. Pero las conversaciones de Rocha Loures con los representantes de JBS también levantaron sospechas sobre otro asunto, el de que Temer había sancionado en 2017 una nueva ley para la gestión de puertos brasileños a cambio de sobornos de empresas del sector portuario.

La delación de Engevix tuvo una nueva oportunidad en una actuación policial sobre puertos que, a lo largo de 2017 y 2018, investigó la actuación de Temer en la sanción de esa nueva ley del sector. La Policía Federal argumentó que el coronel Lima había conseguido sobornos para Temer de empresas del sector portuario, de JBS y también en el caso de Engevix. Antunes finalmente firmó un acuerdo de delación premiada con la Policía Federal en junio de 2018, cuando faltaban seis meses para que Temer dejara el poder.

El caso de Engevix y de Eletronuclear se remitió al equipo de investigación de la Lava Jato en Río. A finales de febrero de 2019, ya con Temer fuera del poder y Jair Bolsonaro como presidente, Antunes volvió a declarar ante los fiscales de Río, y repitió la versión presentada en abril de 2016 del soborno a Temer. Un mes más tarde, Temer entró en prisión provisional a partir de ese testimonio. Hoy se encuentra en libertad a la espera del juicio.


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