Inicio Internacionales La historia de la mujer que asesinó a sus tres hijos en México y que recuperó su libertad tras 30 años de reclusión

La historia de la mujer que asesinó a sus tres hijos en México y que recuperó su libertad tras 30 años de reclusión

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Claudia Mijangos, que fue bautizada como “la hiena de Querétaro” dijo que escuchaba voces en el momento de los asesinatos



Claudia Mijangos Arzac es noticia hoy en los medios mexicanos porque se cumpió su condena de 30 años de encierro en un hospicio psiquiátrico y recuperó la libertad. Pero en abril de 1989, y cuando tenía 33 años, esta mujer conmovió a todo el país azteca por haber asesinado a cuchillazos a sus tres hijos de 11, 9 y 6 años.





























El brutal hecho ocurrió en el estado mexicano de Querétaro, y a partir de entonces a la homicida -quien dijo que actuó siguiendo lo que le decían unas voces- fue bautizada por la opinión pública como “la Hiena de Querétaro”.

El sangriento suceso que convirtió a esta exreina de la belleza, catequista y profesora en una escuela católica en una triple filicida sucedió en la madrugada del 24 de abril de 1989, en una vivienda de la calle Hacienda de Vegil, en la Colonia Jardines de Hacienda de la ciudad de Santiago de Querétaro, capital del estado mexicano del mismo nombre.






















Con un cuchillo, la mujer primero atacó a su hijo Alfredo Antonio, de 6 años, a quien además de matar le amputó la mano izuierda. Luego, la furia de esta mujer, que actuó, según los especialistas, bajo un estado de perturbación mental tipo paranoide, apuñaló seis veces a su hija mayor, Claudia María, de 11 años, y finalmente le dio un puntazo en el corazón a Ana Belén, su hija del medio, de 9 años.Más tarde, según consigna el sitio


















Un artículo periodístico que rescata el caso en el año 1989


El diario de Querétaro, la mujer arrastró los cuerpos de los pequeños a la cama de su dormitorio y se acostó con ellos. La escena parecía sacada de una escena de terror, con manchas de sangre por todos lados, cuando Verónica Vázquez, una amiga de Claudia llegó a ese tétrico escenario e inmediatamente llamó a la policía.
















Voces en su cabeza

Al ser interrogada por los agentes, “la hiena de Querétaro” aseguró que no recordaba nada de lo que había ocurrido, pero tenía idea de que unas voces le decían que hiciera lo que finalmente hizo.








Pero en otra declaración, la mujer aseguró que el Padre Ramón le había hablado “telepáticamente”. Ramón era, aparentemente un cura del que Claudia se encontraba enamorada y con quien mantendría una relación. “Me hablaba telepáticamente, él influyó para que me divorciara, como me sigue trabajando mentalmente para poseerme y también mi marido quiere regresar conmigo y me trabaja mentalmente, fue tanta la presión que me descontrolé”, sentenció la mujer.

“Mis niños están dormidos en la casa. Yo quiero mucho a mis hijos, son niños muy buenos y no son traviesos”, repetía Claudia también en sus declaraciones.








Las investigaciones y los peritajes determinaron que la mujer presentaba problemas psicológicos. Según los especialistas que la vieron entonces, ella Claudia padecía una epilepsia del lóbulo temporal, que se complementaba con una perturbación de tipo paranoide, una afección por la que requería ser recluida en un hospicio psiquiátrico a cumplir su pena, que fue la de 30 años de prisión, y que terminó en el día de hoy.

Finalmente, el día 10 de septiembre del año ’91, Claudia Mijangós fue incresada al área psiquiátrica del Centro Femenil de Readaptación Social de Tepepan, en la ciudad de México.











Claudia Mijangos en una imagen anterior al triple filicidio
Claudia Mijangos en una imagen anterior al triple filicidio

La casa del triple crimen, en tanto, se convirtió en un sitio de atracción para turistas y lugareños, que pasan a conocer el lugar donde ocurrió la tragedia, al que ya le crearon una serie de mitos urbanos, como que estaba embrujada, que salían gritos y llantos de ella y que por las noches se veían niños asomándose por la ventana.


Reina de belleza y primeros problemas

Se sabe que Claudia nació en la ciudad de Mazatlán, estado de Sinaloa, en el año 1955. Menor de siete hermanos, según las crónicas de medios Mexicanos, la pequeña Claudia habría tenido una madre dominante y un padre con carácter débil.

A los 19 años, Claudia conoció a Alfredo Castaños, con quién se casó dos años más tarde. Ambos decidieron mudarse a vivir a Querétaro, donde ella abriría una tienda de ropa donde acudían a comprar sus vestidos vecinas distinguidas de la ciudad.

Las perturbaciones mentales de la mujer comenzaron a manifestarse con crisis depresivas y con episodios de violencia. En 1982, luego de una discusión, corrió a su esposo con un machete. Otra vez lo atacó con tijeras que casi le clava en la cabeza y en el año ’84 le rompió a su cónyuge las llantas de su auto con un cuchillo.

A pesar de estos ataques de furia, Claudia siempre se había mostrado como una madre amorosa. Sus hijos iban a un colegio religioso donde ella daba clases de Ética y Religión, y donde se llegó a decir que empezó a mantener una relación con el sacerdote Ramón.

A pesar de estos arranques que tenía, nunca se le vio como una madre agresiva, aunque sí era posesiva y dominante con sus hijos. Daba clases de Catecismo, Ética y Religión en el colegio Fray Luis de León, donde estudiaban sus hijos y donde incluso se llegó a decir mantenía una relación con el sacerdote Ramón, el que luego, según ella, la obligara “telepáticamente” a acabar con sus hijos.

Para el año ’88, una Claudia ya divorciada pronunció sus crisis psicológicas, comenzó a hablar de brujería e incrementó sus actitudes paranoicas. A pesar de todo esto, nadie pudo prever lo que iba a ocurrir: que en una de esas crisis, la luego llamada “hiena de Querétaro” acabaría acuchillando a sus tres pequeños hijos.

Hoy culminó la condena de Claudia Mijangos. En declaraciones a medios mexicanos, el presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de México, José Antonio Ortega Cerbón señaló que la mujer tendrá que permanecer con medicación, revisión y vigilancia debido al daño en su salud mental.

La mujer estará bajo análisis un tiempo para saber si está en condiciones de quedar vivir finalmente en libertad. Esto dependerá también de que algún familiar pueda hacerse cargo de ella.




















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