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La historia de Pedro Etchebest, el empresario que destapó una cadena de espionaje

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Damián Verduga publicó «Crónica de una extorsión» en octubre pasado. (Foto Raúl Ferrari)

La historia del empresario Pedro Etchebest es la del «hombre menos pensado» que grabó conversaciones telefónicas y filmó encuentros con cámara oculta para registrar un intento de extorsión en su contra, pero que terminó destapando «un mecanismo de armado de causas» que tenía como cara pública al falso abogado Marcelo D’Alessio, señaló a Télam el periodista Demián Verduga, autor del libro «Crónica de una extorsión», de reciente aparición en las librerías.

Los 39 días en que Etchebest fue abordado por D’Alessio con la amenaza de involucrarlo en la causa Cuadernos, al igual que la oferta de despegarlo de una presunta acusación judicial a cambio de recibir 300.000 dólares, están relatados en el libro de Verduga, quien realizó una larga serie de entrevistas y accedió a 40 horas de grabaciones y chats con el presunto extorsionador.

Las denuncias de Etchebest iniciaron una saga de acusaciones del mismo tenor contra D’Alessio, al que algunos dirigentes de la actual oposición definieron como un «fabulador» mientras que otras voces lo consideran un agente de inteligencia inorgánico con contactos fuera del país, pero que en cualquier caso está preso y con una primera condena a cuatro años por un hecho similar.

Una de las pocas entrevistas que concedi el empresario Pedro Etchebest
Una de las pocas entrevistas que concedió el empresario Pedro Etchebest.

A fines de agosto, el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 lo condenó por intento de extorsión al empresario aduanero Gabriel Traficante, a quien el falso abogado conocía del country Saint Thomas, mientras que en el caso de la denuncia que le realizó Etchebest por la misma práctica extorsiva, la causa estaba por pasar a juicio oral.

Sin embargo, el miércoles pasado la Cámara de Casación Penal ordenó el pase a Comodoro Py de ese expediente -conocido en Tribunales como el «caso D’Alessio»– que hasta ahora tramitaba en Dolores y en el que se investiga una presunta asociación ilícita que se dedicaba al espionaje, a la extorsión y al armado de causas.

Tras lanzar su libro en octubre, cuyo título completo es «Crónica de una extorsión. El caso D’Alessio. La historia que destapó el lawfare», Verduga advirtió que el traslado de jurisdicción abre un escenario de incertidumbre sobre «lo que va a terminará pasando» con la causa, en particular -alertó- «si la van a dormir o la van a tirar abajo».

«Una de las cosas terribles de ese fallo es que personas como Pedro (Etchebest), que se arriesgaron para denunciar este mecanismo, tienen como respuesta de la Justicia que la causa pase a un fuero en el que las sospechas son absolutamente fundadas. Es un mensaje terrible para las personas que se comprometieron en la búsqueda de la verdad», evaluó Verduga en esta entrevista con Télam.

Verduga en las escalinatas de los Tribunales de Comodor Py Foto Ral Ferrari
Verduga, en las escalinatas de los Tribunales de Comodor Py. (Foto Raúl Ferrari)

-Verguda, ¿qué es lo más importante de la historia de Pedro Etchebest?

-A mí, que tengo una pulsión narrativa para hacer un libro, una de las cosas que más me impactó es que la historia de Pedro es un poco la historia del hombre menos pensado. Esta olla que destapa, que muestra el mecanismo de armado de causas que ahora llamamos ‘lawfare’, no la terminó destapando un periodista de investigación, o un abogado, sino un tipo del que podríamos decir que es un hombre común. Un empresario mediano, jubilado, productor rural.

-En algún momento algunos quisieron descalificarlo y vincularlo con los servicios de inteligencia.

-Sí, hubo un momento en que fue así. Incluso se hizo circular el rumor de que la denuncia de Pedro (Etchebest) estaba armada por los servicios. Pero la contundencia de las pruebas derribó todo eso. Esta es la historia de un hombre común que corre un velo, y que mientras lo corre se le corre también el velo a él mismo. Esa es una de las cosas más atractivas de la historia. Porque el libro está muy centrado en lo que a él le pasa, la sorpresa que tiene a medida que va descubriendo todo lo que hay detrás de (Marcelo) D’Alessio, una persona a la que había conocido casualmente.

-Alquilaba la oficina en el mismo edificio de Puerto Madero, ¿no?

-Sí, en el mismo edificio de Alicia Moreau de Justo al 1100, si no me equivoco. D’Alessio termina teniendo una red de relaciones importantísima con medios de comunicación, la Justicia Federal y gente vinculada al Gobierno de (Mauricio) Macri. A partir del descubrimiento de Pedro van apareciendo pruebas muy contundentes de cómo se articulaban esas operaciones.

-¿Cuáles son las pruebas más contundentes?

-La prueba más importante es todo lo que el propio D’Alessio hace mientras le va pidiendo plata supuestamente para sacarlo de la causa de los cuadernos, en la que supuestamente uno de los acusados lo había involucrado. Y todos los chats y las cosas que comparten son las pruebas que están en la causa, que en el libro están muy desplegadas, particularmente las grabaciones de los encuentros entre ellos dos. Es uno de esos encuentros, larguísimo, porque fue un viaje a Pinamar con tres o cuatro horas de ida y tres o cuatro de vuelta, en el que Pedro lo fue grabando (a D’Alessio) con un celular en el bolsillo de la camisa, la principal razón por la cual la causa se sustanció en Dolores. Porque el espionaje se hizo en Capital pero la extorsión, que es el momento del pedido del dinero formal, se produce en ese viaje, que (D’Alessio) hace para mostrar su vínculo con (el fiscal Carlos) Stornelli, que a su vez estaba de vacaciones en Pinamar. Y tiene con él una reunión de cuatro horas, en el balneario CR, mientras Pedro (Etchebest) está en otra mesa mirando la reunión. Recibir a una persona en tu lugar de vacaciones, estar cuatro horas charlando con él, habla al menos de una cercanía importante.

En agosto ltimo Marcelo D
En agosto último Marcelo D

-¿Qué piensa usted, que investigó el caso, sobre la figura misteriosa de D’Alessio?

-No hay duda de que es una persona con vínculos muy aceitados con la Justicia. El fiscal (Juan Ignacio) Bidone, no solamente los fiscales, (Carlos) Stornelli, vínculos con las fuerzas de seguridad y con los medios de comunicación, donde lo llevaban cada dos por tres como especialista. Parecería entonces como un genio de la estafa, porque supuestamente los engañó a todos: engañó a Stornelli, engañó a Patricia Bullrich, engañó a Clarín. A mí me cuesta un poco creer que todas esas personas sean tan poco perspicaces para dejarse engañar por un charlatán. No lo creo. A mí me parece que lo que pasa con él es el destino del agente inorgánico, que no está registrado en ningún lado y por eso no hay manera de comprobar que es un agente.

-¿Hasta qué punto la figura del arrepentido, del imputado colaborador o delator premiado, como se la llama en distintos países aunque tengan variaciones legales, y que en la Argentina se incorporó recientemente a la legislación, es inescindible del armado de causas y la extorsión en este tipo de maniobras?

-No me atrevería a comparar porque no sé cómo funciona en EEUU, que es de dónde está muy inspirada esta ley. Pero en el caso nuestro fue clave. Porque la figura del arrepentido abre la posibilidad de extorsionar a alguien con base en que si no hacés determinada cosa vas en cana. Pero, además, en el caso de (Carlos) Stornelli y (Claudio) Bonadio, ellos violaron la ley del arrepentido, que indica que haya un registro técnico para poder, justamente, comprobar que no haya pasado eso. Porque la ley contempla que (las declaraciones de los arrepentidos) se deben hacer filmando las declaraciones para que los abogados defensores puedan decir: «Quiero ver cómo fue esa declaración, para comprobar si no hubo coacción». Hoy no existe registro, no sabemos cómo fueron las tomas de declaración del arrepentido.

-Usted estuvo muchas horas sentado con Pedro Etchebest, en unas cuantas entrevistas. ¿Qué lo sorprendió al tomar contacto directo con él, que fue la víctima?

-Es la historia del hombre común que destapa una olla. Frente a la mafia paraestatal y estatal. Él tiene un estilo muy pausado para hablar, parece una persona mayor, cándida, quizás eso haya hecho que probablemente lo mismo pensaran D’Alessio y compañía: que le iban a sacar plata en un segundo, que se iba a cagar de miedo. Y miedo, por supuesto, tuvo, y eso aparece en el libro. Pero también tuvo mucha valentía, algo que a mí me sorprendió, porque estuvo motorizada por la fe. Pedro (Etchebest) es un hombre muy religioso y yo, que soy un agnóstico perdido, llegué a la conclusión de que esa fe tuvo mucho que ver en lo que hizo.

-¿Qué piensa del fallo de la Cámara Federal de Mar del Plata que revocó una ampliación de procesamiento para Santoro y Stornelli en esta serie de hechos? Algunos medios intentaron convertir esa decisión judicial en una desautorización de la denuncia.

-No podría hacer un análisis técnico del fallo, pero lo que puedo decir es que en esta causa, que está en Dolores, hay vastísimas pruebas para Santoro y para Stornelli en el caso de Etchebest y con otros de prácticas similares. Hay comunicaciones, mensajes de texto. El expediente está plagado de pruebas.

-¿Y qué opina de la decisión de la Cámara de Casación Penal, más reciente, que ordenó el pase de la causa a Comodoro Py?

-Personas como Pedro, que se arriesgaron a poder denunciar, reciben como respuesta de la Justicia que la causa pase a un fuero donde las sospechas de que lo que va a terminar pasando es que la van a dormir o la van a tirar abajo. Es un mensaje terrible.


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