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LA LIEBRE Y LA TORTUGA.  

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Por: Carl Honoré*. En estos primeros años del siglo XXI, cosas y personas por igual están sometidas al apremio de la máxima rapidez. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial, expuso la necesidad de correr, en términos escuetos: “Estamos pasando de un mundo donde el grande se come al pequeño a un mundo donde el grande se come al pequeño a un mundo donde los rápidos se comen a los lentos.”

El psicólogo inglés Guy Claxton cree que ahora la aceleración es como una segunda naturaleza para nosotros: <<Hemos desarrollado una psicología interna de la velocidad, de ahorrar tiempo y lograr la máxima eficacia, una actitud que se refuerza todos los días.

Correr no es siempre la mejor manera de actuar. La evolución opera sobre el principio de la supervivencia de los más aptos, no de los más rápidos. No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre.

El problema estriba en que nuestro amor a la velocidad, nuestra obsesión por hacer más y más en cada vez menos tiempo, ha llegado demasiado lejos. Se ha convertido en una adicción, una especie de idolatría. Aun cuando la velocidad empieza a perjudicarnos, invocamos el evangelio de la acción más rápida. ¿Te retrasas en el trabajo? Hazte con una conexión más rápida a Internet. ¿No tienes tiempo para leer esa novela que te regalaron en Navidad? Aprende la técnica de la lectura rápida. ¿La dieta no ha surtido efecto? Prueba con la liposucción. ¿Demasiado atareado para cocinar? Cómprate un microondas.

Ciertas cosas no pueden o no deberían acerarse, requieren tiempo, necesitan hacerse lentamente. Cuando aceleras cosas que no deberían acelerarse, cuando olvidas cómo ir más lentamente, tienes que pagar un precio.

La argumentación contra la velocidad empieza por la economía.

El capitalismo moderno genera una riqueza extraordinaria, pero al coste de devorar recursos naturales con más rapidez de aquella con la que la naturaleza es capaz de reemplazarlos. Centenares de miles de kilómetros de selva tropical húmeda amazónica desaparecen todos los años. El abuso de la pesca al arrastre ha hecho que el esturión, el róbalo chileno y muchos otros peces figuren en la lista de especies en peligro de extinción.

El capitalismo ya demasiado rápido incluso para su propio bien, pues la urgencia por terminar primero deja muy poco tiempo para el control de calidad.

Está el coste humano del “turbo capitalismo” Existimos para servir a la economía, cuando debería ser a la inversa. Las largas horas en el trabajo nos vuelven improductivos, tendemos a cometer errores, somos más infelices y más enfermos. Está llenos de gente con dolencias producidas por el estrés: insomnio, jaquecas, hipertensión, asma y problemas gastrointestinales…La actual cultura del trabajo está minando nuestra salud mental. La aversión a hacer unas vacaciones como es debido.

Una muestra escalofriante de lo que puede representar este comportamiento nos la ofrece Japón, donde tiene una palabra, karoshi, que significa “muerte por exceso de trabajo”.

Según un informe del Gobierno, en 2001 se llegó a una cifra récord de víctimas de la karoshi: 143. Los críticos creen que la cifra de muertes anuales debidas directamente al exceso de trabajo es de varios millares.

Antes de que se produzca la Karoshi, la extenuación del personal es mala para la rentabilidad de la empresa. El National Safety Council de Estados Unidos calcula que el estrés laboral es la causa de que, a diario, un millón de estadounidenses no acudan al trabajo, lo cual tiene un coste para la economía de 1500.000 millones de dólares al año. En 2003, el estrés sustituyó al dolor de espalda como la principal causa del absentismo laboral en Gran Bretaña.

Al fin de mantenerse al ritmo del mundo moderno, para aumentar la celeridad, muchas personas buscan unos estimulantes más potentes que el café. La cocaína sigue siendo el estimulante preferido por los profesionales de cuello blanco, pero las anfetaminas, conocidas como speed (<<velocidad>>, precisamente), están tomándole la delantera.

El consumo de droga en las empresas estadounidenses ha aumentado en un 70% desde 1998. Muchos empleados prefieren la metanfetamina cristalina, capaz de producir una sensación de euforia y claridad mental que se mantiene durante casi toda la jornada, y además evita al consumidor la embarazosa locuacidad, que suele ser un efecto secundario de la aspiración de coca. El problema es que las formas más potentes de speed son más adictivas que la heroína y pueden provocar depresión, agitación y conducta violenta.

Una de las razones por las que nece4sitamos estimulantes es que muchos no dormimos lo suficiente. Hoy, con tanto que hacer y un tiempo tan escaso para hacerlo, el estadounidense medio duerme por la noche noventa minutos menos que hace un siglo.

No dormir lo suficiente puede dañar los sistemas cardiovascular e inmunitario, provocar diabetes y dolencias cardíacas, así como ingestión, irritabilidad y depresión. Dormir menos de seis horas por la noche debilita la coordinación motriz, el habla, los reflejos y el juicio. La fatiga ha desempeñado un papel en algunos de los peores desastres de la era moderna: Chernobyl, el Exxon Valdez, la Isla de las Tres Millas, Unión Carbide y el transbordador espacial Challenger.

El amodorramiento causa más accidentes que el alcohol. Una reciente encuesta de Gallup reveló que el 11% de los conductores británicos se duerme al volante. Un estudio llevado a cabo por la Comisión Nacional estadounidense, que se ocupa de los trastornos del sueño, culpó a la fatiga de la mitad de los accidentes de tráfico.

Actualmente, el número anual de víctimas en accidentes de tráfico es de 1,3 millones en todo el mundo, más del doble que en 1990. Aunque unas mejores normas de seguridad han reducido la tasa de accidentes mortales en los países desarrollados, la ONU predice que, en 2020, el tráfico será la tercera de las principales causas de muerte en el mundo. Incluso ahora, en Europa, anualmente más de cuarenta mil personas fallecen y 1,6 millones resultan heridas en las carreteras.

Nuestra impaciencia hace que incluso el ocio sea más peligroso. Todos los años, millones de personas en todo el mundo padecen lesiones relacionadas con los deportes y el gimnasio.

Como escribió Milan Kundera en su novela corta La lentitud (1996):” “Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo”. Todas las cosas que nos unen y hacen que la vida merezca la pena de ser vivida –con la comunidad, la familia, la amistad- medran en lo único de lo que siempre andamos cortos: el tiempo.

*Carl Honoré (nacido en 1967 en Escocia). Autor del libro Elogio de la lentitud (2004) sobre el «Movimiento lento. Su trabajo ha aparecido en publicaciones como Economist, Observer, American Way, National Post, Globe and Mail, Houston Chronicle y el Miami Herald.


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