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La pelea por la demolición de una escalera en la Casa Rosada

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La pelea por la demolición de una escalera en la Casa Rosada

Lo decidió la administración de Mauricio Macri para colocar un ascensor. No contó con el aval de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos que preside Teresa de Anchorena.

En la sede presidencial se destruyó una antigua escalera de 1890 porque la administración de Mauricio Macri quería poner en ese espacio un ascensor para ir a la terraza. Pero lo más insólito es que se eliminó la histórica cúpula de Balcarce 50 para construir un deck para los empleados (¿para que tomen sol?).

Cabe señalar que la Casa Rosada es un monumento histórico y, en teoría, no se podría hacer nada sin contar con la autorización de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos que preside Teresa de Anchorena.

Esta comisión tiene por misión designar los Monumentos Históricos Nacionales y ejercer sobre ellos la superintendencia, como asimismo gestionar la obtención de fondos públicos y privados para su restauración y puesta en valor. Como fue el caso de la restauración del tapiz del general José de San Martín que engalana una de las escaleras principales de la Casa Rosada. La restauración del tapiz fue una gestión de la Comisión ante la Embajada de Francia. Volvió a ser colgado unos días después de que Alberto Fernández asumiera como presidente.

La administración Macri, a través del secretario general de la presidencia a cargo en ese momento de Fernando De Andreis, remitió a la Comisión de Monumentos Históricos el plan de obras para la Casa Rosado solicitando su autorización. En un escrito de más de 25 páginas, los miembros de la Comisión rechazaron algunas modificaciones y autorizaron otras.

Pero nunca avalaron la destrucción de la famosa escalera; por el contrario, recomendaron continuar utilizando el ascensor existente. Específicamente, señaló que “en el ojo de la Escalera se encuentra colocado un ascensor hidráulico añadido, que está en funcionamiento y se considera que no afecta negativamente a la conservación del recinto original”.

Sin embargo, la escalera fue demolida y ante las lógicas preguntas, incluso de los propios empleados, la respuesta que daba la arquitecta Marite Berdazco a cargo del proyecto era, según sostienen, que “no se demuele. Se está adaptando a las normativas para que sirva como salida de escape”.

Tampoco la Comisión autorizó que se cambie el color de pintura del Salón Azul ni que se construya una pérgola en la terraza. También se opusieron a la reja que dividió la Plaza de Mayo, hoy eliminada por orden de Alberto Fernández.

La Comisión sí avaló el rescate de las oficinas del segundo piso de la Casa Rosada, el aislamiento acústico de las ventanas del despacho presidencial y otras obras de infraestructura.

En tanto, la segunda etapa cuenta con un presupuesto de $118 millones y aún sigue en obra. Abarca la remodelación del subsuelo, la construcción de nuevos núcleos sanitarios y se prevé optimizar el sistema energético de la casa.

Al respecto, la ola de calor de la semana pasada demostró que el sistema de aires acondicionados no estaría funcionando apropiadamente. El presidente se quejó de esta situación y también lo padecieron los invitados y los ministros el día de la Asunción en el Museo del Bicentenario que parecía una sauna gigante.

En su momento, el equipo que comandaba la arquitecta Marite Berdazco explicaba que parte de las obras encaradas consistía en unificar los sistemas de aire acondicionado y el sistema eléctrico. Se ve que no llegaron a tiempo a juzgar por el calor imperante en varias áreas de la sede gubernamental.

Una de las obras necesarias que se encararon durante la presidencia de Macri fue la construcción de baños con paneles que, alguien creyó que eran de mármol y que podían afectar con su peso a las oficinas de los pisos inferiores. Sin embargo, no son de mármol sino de granito y el tema del peso de la obra fue avalado por técnicos de la Universidad de Buenos Aires.

En tanto, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, por el momento, habría desistido de contar con un despacho en la Casa Rosada. En principio, se dice que se estaría adecuando todo un piso en el Centro Cultural Néstor Kirchner.

Los memoriosos empleados de la Casa Rosada afirman que si hoy Cristina recorriese la Casa Rosada y viera cómo la administración Macri destrozó el Salón Azul (hoy es un depósito y un par de oficinas), el Salón de la Mujeres del Bicentenario, el Salón de los Pueblos Originarios (donde se sacaron los objetos de la muestra) y los pasillos que albergaban las fotos de los artistas populares seguramente “se enojaría mucho”.

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