Inicio Parlamentarias La pospandemia y la oportunidad Por Guillermo M. Ruiz

La pospandemia y la oportunidad Por Guillermo M. Ruiz

25 minuto leer
Comentarios desactivados en La pospandemia y la oportunidad Por Guillermo M. Ruiz
0

LA POSPANDEMIA Y LA OPORTUNIDAD PARA PONER EN PRACTICA EL
PROGRAMA DE PARTICIPACIÓN ENTRE LOS PROPIETARIOS DEL CAPITAL Y
LOS TRABAJADORES ESTABLECIDO EN EL ARTÍCULO 14 BIS DE LA
CONSTITUCIÓN NACIONAL.

La pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia que “nadie se salva solo” sino que necesita la solidaridad de los demás, tanto en lo que respecta a la salud como a los bienes y servicios esenciales para la subsistencia: “todos estamos en el mismo barco”, ha dicho el Papa Francisco.

En el ámbito económico, la paralización generalizada de la actividad económica por la pandemia
ha provocado una disminución significativa de la producción, siendo suficiente unos pocos días
para hacer patente que los propietarios del capital de las empresas (edificios, equipos, máquinas,
etc.) no pueden hacer nada sin el trabajo de los trabajadores, así como el trabajo de los empleados
no puede hacer nada sin el capital empresario, es decir, que la participación de ambos factores es
imprescindible para realizar la producción.

Y si los dueños del capital empresario no pueden hacer nada sin la participación del trabajo de los
trabajadores, entonces la concentración del poder económico en manos de quienes poseen el capital
y la falta de la capacidad de ahorro de los trabajadores que la crisis ha dejado al descubierto no
resulta razonable, o sea, la concentración de la propiedad del capital privado y la situación de
precariedad de los trabajadores, cuyos salarios tuvieron que ser pagados parcialmente por el Estado,
resulta injustificada.

Por ello, la salida de esta crisis se convierte en una gran oportunidad para poner en práctica el
programa de participación entre los propietarios del capital y los trabajadores establecido en el
artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que incluye la participación de los trabajadores en la
gestión y en los beneficios de las empresas.

Esta distribución de la nueva riqueza producida entre los capitalistas y los trabajadores, que
permite superar la enorme concentración de la riqueza y contribuye a la difusión de la propiedad
mediante la generación de la capacidad de ahorro de los trabajadores, constituye el núcleo de la
democracia socioeconómica.

El artículo 14 bis de la Constitución Argentina cambia la supremacía de poder de los propietarios
del capital sobre los trabajadores, por la “colaboración en la dirección” de las empresas que permite
un equilibrio de poder entre ambas partes, y también cambia la apropiación exclusiva de las
ganancias por los dueños del capital con exclusión de los trabajadores por “la participación en las
ganancias de las empresas” que reparte los beneficios entre ambos partícipes; esta norma se inspira
en el modelo alemán de “cogestión” empresaria y mediante la distribución equitativa de las
ganancias entre los partícipes de la producción permite superar la puja distributiva entre el capital y
el trabajo, y reducir la desigualdad injustificada.

La experiencia histórica de la “cogestión” en la Europa alemana y nórdica (Suecia, Noruega,
Dinamarca), implementada desde mediados del siglo XX, ha demostrado que el modelo de la
cogestión empresaria, que consiste en compartir el poder de dirección y los beneficios de las
empresas entre los propietarios del capital y los trabajadores, genera una mayor productividad
económica y una reducción de la desigualdad social.

Las reglas de “cogestión” han logrado establecer un equilibrio de poder más justo entre el capital
y el trabajo tras la segunda guerra mundial. En el caso concreto de Alemania, la Constitución de
1949 dio sustento a las leyes de 1951-1952 y a la ley de 1976 sobre la cogestión, prácticamente
intacta en sus grandes líneas hasta la actualidad, por la cual los representantes de los trabajadores
cuentan con la mitad de los derechos de voto en los consejos de administración de las empresas, y si
bien en un principio los accionistas privados se opusieron con firmeza, las normas de cogestión se
aplican hoy desde hace más de medio siglo y son objeto de un amplio consenso por sus resultados
exitosos.

En la reciente obra “Capital e Ideología”, el economista francés Thomas Piketty afirma: “Estas
normas han favorecido la aparición en la Europa germánica y nórdica de un modelo social y
económico a la vez más productivo y menos desigualitario que cualquier otro modelo que se haya
puesto en la práctica hasta el momento. En mi opinión está justificada su aplicación inmediata en
otros países”.

“En resumen -dice Piketty-, la cogestión es una de las formas más elaboradas y sostenibles de
institucionalización del nuevo equilibrio de poder entre el capital y el trabajo; un equilibrio de poder
que está en construcción desde mediados del siglo XX, como resultado de un largo proceso de las
luchas sindicales, obreras y políticas iniciadas durante la segunda mitad del siglo XIX”.

En nuestro país, la “participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y
colaboración en la dirección» integra el plexo de derechos y garantías que, de conformidad con la
manda establecida en el art. 14 bis de la Constitución Nacional, las leyes deben asegurar al
trabajador a fin de conferir protección al trabajo en todas sus formas.

Este derecho fue incorporado a la Carta Constitucional en la reforma de 1957, mediante el citado
artículo 14 bis, en cuyo debate previo se destaca la influencia de la encíclica Quadragésimo Anno,
de Pío XI, y del modelo de las leyes de cogestión alemana de 1951 y 1952.


En las sesiones de la Convención Nacional Constituyente de 1957, el convencional Peña sostuvo:
“Producción y distribución están en íntima interdependencia: distribuir más equitativamente la renta
nacional para que, aumentados los ingresos, se amplíen los mercados a fin de absorber la
producción; producir más en cantidad y calidad para elevar el nivel de vida de la población por
medio de una justa distribución”, y agregó que “es natural que el empeño de la mano de obra por
una mayor producción se acentúe en la medida en que el trabajo es llamado a asumir
responsabilidad dentro de la empresa y a manifestar sus puntos de vista sobre el particular, como
asimismo cuando se le garantiza que obtendrá ventajas reales e importantes de esa producción
aumentada.

La experiencia es ilustrativa de la mayor productividad con la participación del trabajo
en la dirección de la empresa. El caso de Alemania Occidental después de la ley de cogestión y de
los consejos de establecimientos, es una demostración de ello”.

De manera semejante, el convencional  Horacio Thedy se pronunció a favor de la “participación de los
empleados y obreros en la gestión de las empresas y en la distribución de sus utilidades. Ese es el
concepto recogido de las leyes en vigor en Alemania y en los Países Bajos”.

Sin embargo, y a pesar del éxito ampliamente reconocido del modelo social e industrial
germánico y nórdico, caracterizado por un alto nivel de vida y de productividad, y una moderada
desigualdad social, en nuestro país, salvo algunas excepciones como la del artículo 29 de la ley
23696 sobre el régimen legal de las privatizaciones de ciertas empresas públicas (“el ente a
privatizar deberá emitir bonos de participación en las ganancias para el personal”), hasta el
momento no se ha puesto en práctica el programa de participación en la gestión y en los beneficios
de las empresas entre los propietarios del capital y los trabajadores, establecido en el artículo 14 bis
de la Constitución e inspirado en el modelo alemán de cogestión empresaria, lo cual muestra que
una Constitución abierta a la difusión de la propiedad de la nueva riqueza producida no es
suficiente, sino que es necesario que las fuerzas sociales y políticas consigan aprovechar esas
nuevas oportunidades.

La historia de los regímenes de “cogestión” alemana y nórdica es la prueba de que los grandes
cambios son el resultado de la confluencia de acontecimientos de corto plazo y de transformaciones
intelectuales, constitucionales y legales de largo plazo. La experiencia histórica del modelo de
cogestión alemana estuvo enmarcada por la reconstrucción de la postguerra y por la necesidad de
superar la división y la lucha ideológica entre el capitalismo de Alemania Occidental y el
comunismo de Alemania Oriental.

Por ello, considero que el inicio de la reapertura económica pospandemia es una gran oportunidad
para poner en práctica el modelo de participación entre el capital y el trabajo establecido en el
artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que es un programa de participación en la dirección, en
la producción y en las ganancias de las empresas, y que permite superar la puja distributiva capitaltrabajo.

Este programa constituye un cambio estructural en la relación de poder, pasando de la supremacía
del capital sobre el trabajo a la colaboración de los trabajadores en la dirección de las empresas, y
también un cambio estructural en la distribución primaria o en la fuente de los ingresos, pasando de
la apropiación exclusiva de las ganancias por el capital con exclusión del trabajo a la participación
de los trabajadores en las ganancias de las empresas como complemento del salario, lo que genera
la capacidad de ahorro e inversión de los trabajadores, reduce la concentración del capital y produce
la difusión de la nueva riqueza producida.

En efecto, el modelo participativo del artículo 14 bis de la Constitución Argentina permite pasar
de la oposición bipolar capital-trabajo a la participación de ambos polos en los beneficios como un
tercero compartido; es una nueva estructura de la comunidad productiva caracterizada por el
término medio de la participación en la dirección, en la producción y en las ganancias de las
empresas que constituye el centro de unión entre el capital y el trabajo.

Además, la participación capital-trabajo en las ganancias empresarias según el artículo 14 bis,
desarticula la carrera precios-salarios que genera inflación y produce un cambio estructural en la
distribución primaria de los ingresos que contribuye a reducir la desigualdad socioeconómica.

Thomas Piketty, en su obra “Capital e Ideología” ya citada, destaca la importancia del cambio en
la distribución primaria de la renta mediante la aplicación de las reglas de “cogestión” para
transformar el conjunto de la distribución general de la renta y la riqueza, y lograr una mejor
distribución del poder económico:
“Es evidente que una política de transferencias, sea monetaria o en especie, no puede ser
suficiente para abordar de manera satisfactoria una distorsión tan elocuente de la distribución de la
renta primaria (antes de impuestos y transferencias)” entre el capital y el trabajo; “parece ilusorio
tratar de contrarrestar esta evolución únicamente mediante una política de redistribución ex post.
Esto último es obviamente esencial, pero también es necesario prestar atención a las políticas que
permiten cambiar la distribución primaria de la renta en su origen”.

“Es importante destacar que los diferentes regímenes desigualitarios observados en la historia se
caracterizan principalmente por la forma en que determinan la distribución primaria de los
recursos”.
“En otras palabras, es esencial centrarse al menos tanto en las políticas de “predistribución” (las
políticas que afectan al nivel de desigualdad primaria) como en las políticas de “redistribución” (la
reducción de la desigualdad de la renta disponible a partir de una desigualdad primaria dada)”.
El cambio en la distribución primaria de la renta entre el capital y el trabajo, según el modelo
participativo del artículo 14 bis de la Constitución Argentina, es la clave de la justicia social, y se
trata de un modelo de reparto justo capital-trabajo sin coste para las finanzas públicas, lo que resulta
especialmente valioso en estos tiempos de creciente desigualdad social y de déficit fiscal, y que
también incentiva “la productividad de la economía nacional” (art. 75, inc. 19, C.N.) y promueve
“la generación de empleo” (art. 75, inc. 19, C.N.), ya que la capacidad de ahorro de los trabajadores
puede canalizarse a la inversión productiva.

Por todo esto, pienso que la puesta en práctica del modelo de participación capital-trabajo del
artículo 14 bis de la Constitución Nacional debe formar parte de la agenda política de la
recuperación económica pospandemia como una de las reformas estructurales que necesita nuestro
país, para transformar el conjunto de la distribución general de la renta y la riqueza y, de esta forma,
contribuir a una mejor equilibrio del poder económico y reducir la desigualdad social, ya que el
“progreso económico con justicia social” (art. 75, inc. 19, C.N.) comienza con la participación en la
dirección y en las ganancias de las empresas entre el capital y el trabajo, y como dice Piketty, «la
pandemia actual podría acelerar la transición hacia otro modelo económico, hacia una organización
más equitativa, más sustentable, de nuestro sistema económico internacional».

Guillermo M. Ruiz  Abogado constitucionalista
E-mail: [email protected]

Link de la Fuente

Cargue Artículos Más Relacionados
Cargue Más Por Administrador
Cargue Más En Parlamentarias
Comentarios cerrados

Mira además

Pichetto, Faurie y ex funcionarios macristas realizaron videoconferencia sobre política exterior – Télam

Según un comunicado difundido por Juntos por el Cambio, Pichetto comenzó su participación …