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La “relación especial”, bajo el fuego amigo de la Casa Blanca

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Durante décadas, los líderes británicos aprovecharon las reuniones con los presidentes estadounidenses para jactarse de su influencia sobre la mayor superpotencia mundial y como muestra de la perdurabilidad de esa “relación especial” que tanto aprecian. Pero para la primera ministra británica, Theresa May, la inminente visita de Donald Trump parece más una desgracia que cualquier otra cosa.





Pero la primera ministra no tendrá más remedio que tragarse su orgullo y seguir adelante, como le gusta decir, ya que necesita la ayuda de Trump para lograr un acuerdo comercial con Estados Unidos después del Brexit. Y de todas maneras, comparado con lidiar con su gabinete, que esta semana sufrió tres bajas, pasar un par de días incómodos con Trump quizás incluso sea un alivio.

La visita también suscita interrogantes más profundos sobre la durabilidad de los lazos especiales entre Londres y Washington, en tiempos en que Trump ataca las instituciones básicas del orden internacional de la segunda posguerra y en que Gran Bretaña está a punto de abandonar la Unión Europea (UE).



En Gran Bretaña, los optimistas dicen que los profundos lazos económicos, militares, culturales y de inteligencia compartidos a ambos lados del Atlántico son mucho más fuertes que las tormentas de Trump por Twitter.





“La ?relación especial’ es mucho más profunda que un hombre y una mujer en su cargo. Es una asociación con varios estratos”, dice Tom Tugendhat, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de los Comunes.

“Ese vínculo no se va a cortar”, agregó Leslie Vinjamuri, directora del programa de Estados Unidos y las Américas del Chatham House. “La gente se equivoca”.



“La ?relación especial’ es mucho mayor que dos individuos, porque tiene que ver con la historia, la cultura, las instituciones y con los intereses compartidos, que tienen sus altibajos”, dice Vinjamuri. “Sobre esta visita, las personas van a interpretar la ?relación especial’ en función del carisma que se genere. Pero ya hemos tenido momentos bajos en el pasado”.



Otros no se muestran tan confiados. Nigel Sheinwald, exembajador británico en Estados Unidos, dice que hay un claro contraste con la época en la que él estaba en Washington. Sheinwald dice que hace años la relación transatlántica ha ido perdiendo importancia para Estados Unidos. La diferencia, ahora, es que “esa ?relación especial’ es parte del sistema político y económico de la segunda posguerra, y ese orden está bajo amenaza. La combinación de Trump y sus políticas con el Brexit representa un importante desafío para las relaciones”.

Trump “tiene reglas diferentes, muy desestabilizadoras para otros políticos, que lo que esperan de otro líder de la alianza es que sea consciente de las fragilidades políticas de sus países y que esté dispuesto a ayudar”, agrega Sheinwald.



Y aunque haya pocas señales de ayuda, el gobierno británico dará lo mejor y extenderá la alfombra roja para saciar el apetito de elogios de Trump.

Al tope de la agenda de May estarán un acuerdo comercial que ayude a mitigar el probable impacto que tendrá el Brexit en la economía británica.

Según los analistas, Trump, que apoyó el Brexit, podría ser de gran ayuda. “Si Gran Bretaña sale de Europa y Trump se enoja más con Alemania, no me extrañaría que cierre un acuerdo bilateral con el Reino Unido”, dice Vinjamuri, y agrega que a Trump le conviene tratar con una Gran Bretaña más aislada, a la que pueda dominar.

Pero también en ese caso sería un campo minado. La sensación de aislamiento no es algo que le convenga a May. Las simpatías de Trump se vuelcan más hacia Boris Johnson y Nigel Farage, el ultraderechista que apoyó el Brexit. Ambos acusan a May de debilitar la salida de Gran Bretaña, y si Trump dejara en claro que está de acuerdo con ellos, la imagen de May quedaría dañada.

En ese mundo diplomático darwiniano en el que cree Trump, para ganarse el favor de Estados Unidos Londres tendrá que aumentar su presupuesto militar y de seguridad, usar otras herramientas de protección internacional o encolumnarse detrás de Washington en política exterior, incluida la situación en Medio Oriente, medidas impopulares en Gran Bretaña.

“Lo único que realmente perjudica a Gran Bretaña a nivel internacional es el Brexit”, dice Sheinwald. “El Brexit limita esa conectividad que fue crucial para la relevancia de Gran Bretaña como un actor global. Cuando ya no estemos sentados a la mesa de la Unión Europea, seremos aliados menos valiosos para países como Estados Unidos”.



Stephen Castle y Dimiko De Freytas Tamura – The New York Times











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