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la Selección rica de un país pobre

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Cuando nació Messi (35 años), Rosario no era precisamente una ciudad tranquila. Lionel aún estaba en el vientre de su madre cuando ladrones entraron en una vivienda del centro y asesinaron a cuchilladas a tres mujeres: la empleada doméstica y las dueñas de casa, que eran la abuela y la tía de Fito Páez.

La Selección argentina venía de de ser campeona en México 86 con un Maradona inimitable y nadie pensaba entonces que aquellos tiempos violentos –Ciudad de pobres corazones, escribió Páez- aún podrían empeorar.

Cuando Messi se fue a vivir a Barcelona, en el año 2000, Rosario ya tenía 6 crímenes cada 100.000 habitantes, un promedio superior al del país.

Ahora esa tasa es 18.

Desde entonces, la población de Rosario creció el 10 por ciento y los asesinatos un 300 por ciento. Treinta veces más.

No le fue mejor a la Mar del Plata de Emiliano Dibu Martínez (30 años), hijo de un pescador y de una empleada doméstica.

Dibu -desconocido para la mayoría de los futboleros argentinos hasta el año pasado- partió a Buenos Aires de muy chico con un sueño a cuestas que terminó concretando en Inglaterra a fuerza de pura voluntad y, como Messi, de un éxodo adolescente.

Cuando Emiliano nació, uno de cada cuatro marplatenses era pobre. Ahora lo es uno de cada tres.

La desocupación en la ciudad pasó, en estos años, del 6 a casi el 9 por ciento.

Aunque estallan los veranos, uno tras otro, Mar del Plata tiene más pobres y más desocupados que 30 años atrás.

Marcos El Huevo Acuña (31 años, apodado así porque de chico andaba lleno de chichones) encarna parte de la riqueza de esta Selección, que va más allá de la calidad futbolística: cuando ganó la Copa América, Acuña festejó con una remera que tenía una mariposa y el nombre Luz, una chica de 14 años que había muerto el mes anterior, hija de un fotógrafo de Racing.

El Huevo levantó la Copa acompañando el dolor de su amigo.

Acuña nació en Zapala, Neuquén, un punto en la profundidad inabarcable de la estepa patagónica donde la mayor chance de empleo sigue siendo el Estado o el trabajo duro en las minas de cal.

Igual que cuando nació El Huevo, los mineros aún esperan una ley para jubilarse antes de los 60 años.

El último informe del Observatorio Social de la UCA revela que, sin los planes de la ayuda social, la pobreza neta alcanzaría al 50% de los argentinos.

Una investigación del diario As de España sobre la situación económica de los países cuyas selecciones jugaron el Mundial de Qatar ubica a la Argentina en el último tercio.

De acuerdo al PBI per cápita, Argentina tenía 22 países delante suyo y sólo 9 detrás. Entre ellos, los 5 representantes africanos.

Sin embargo, la Selección escalaba 15 lugares si se medía el valor de mercado de su plantel de jugadores.

En ese ránking, Argentina estaba en el puesto 7 sobre 32.

Un repaso al origen familiar de los titulares de la Selección aumenta la proporción sobre la mitad de los argentinos pobres. Al menos 8 de los 11 provienen de hogares humildes.

Durante este año, cuatro de cada diez hogares donde vive la mitad de la población urbana argentina -y el 90% de los familiares de los jugadores- recibió algún tipo de asistencia social.

Sin esa ayuda, la indigencia no sería del 8 sino del 20% y la pobreza treparía del 43 al 50%, según la UCA.

De acuerdo con el estudio, los “nuevos pobres” son de sectores populares, vulnerables a las crisis, la falta de trabajo y la inflación, casi una constante en la realidad argentina.

Ésa es la cuna de nuestros futbolistas.

Hay en ese nicho de la argentinidad repetitiva miles de historias como la del obrero metalúrgico que se quedó sin trabajo cuando cerró la fábrica y, mientras nacía su hijo en el corazón de San Martín, mantenía a su familia haciendo changas en la Isla Maciel.

Ese changarín se llama Raúl Fernández y es el padre de Enzo (21 años), el chico que voló de River al Benfica y se ganó la titularidad en Qatar entrando desde el banco de suplentes.

Allí, en Doha, su padre contó que pensó “encará y pateá” cuando su hijo recibió un pase al borde del área y la clavó en un ángulo frente a México.

¿Cuántos trabajadores precarizados tienen una revancha así?

Cuando nació Enzo, en 2001, el conurbano bonaerense tenía 385 asentamientos y villas de emergencia. Quince años después ya había más de 1.100.

En el año 2000, los resultados de comprensión lectora para alumnos de 15 años en las pruebas PISA ubicaban a la Argentina en segundo lugar de Latinoamérica, detrás de México.

En 2018 cayó al séptimo puesto.

En el transcurso de cinco mundiales, Argentina se desbarrancó cinco lugares en Educación.

Una Selección que avanza en un Mundial es un equipo que pone a un país entero detrás de una ilusión enorme y compartida.

Una alegría gigante y legítima, como aquellas del 78 y del 86. O las esperanzas truncas en las finales perdidas del 30, del 90 o del 2014.

Pero si Suiza no es un país peor desde el martes -cuando su Selección se fue de Qatar tras perder 6 a 1-, tampoco una Selección que triunfa es un país que gana.

Esa victoria real podría empezar a construirse trabajando para que en el Mundial 2026 no haya en la Argentina más crímenes, más chicos sin ir a la escuela ni más pobres que ahora.

Pase lo que pase este viernes de pasión renovada y explosiva, ante Países Bajos.

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