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LA SINUOSA RUTA DE LA SEDA.

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El presidente chino, Xi Jinping, se aferra en una cumbre internacional en Beijing al ambicioso proyecto de la Ruta de la Seda. Los hombres de la Republica Popular lo describen como la nueva globalización planetaria.

Frente a Vladimir Putin y otras cuatro decenas de mandatarios mundiales  Presidente chino, entreverado en una guerra comercial con EE.UU., nación que no envió ningún representante, volvió a cuestionar el proteccionismo y demandarla libertad de los mercados.

Estados Unidos tilda la iniciativa de “proyecto vanidoso” y cargó contra Italia cuando se desmarcó del resto de grandes economías y se sumó a ella convirtiéndose en primer país del Grupo de las 7 naciones más industrializadas en acompañar esta idea que también se compara con el plan Marshall norteamericano de posguerra.

El líder de la segunda economía mundial sostuvo la segunda edición de la cumbre dedicada a la Ruta de la Seda, una iniciativa dirigida a construir infraestructuras en países en desarrollo que las necesitan con urgencia en Asia, Europa, América y África.

El objetivo es apuntalar las relaciones entre el gigante asiático y sus socios comerciales, a los que necesita para asegurarse tanto suministros como mercados. Los críticos le reprochan que, al igual que sucede con los esquemas occidentales, favorece ante todo a las empresas chinas y que los proyectos representan “una trampa para la deuda” de las naciones receptoras de los préstamos que conceden los bancos chinos.

Un ejemplo citado es el Sri Lanka que, al no poder cumplir con los reembolsos, tuvo que acceder a Beijing el control de un puerto en aguas profundas durante 99 años. En respuesta, Xi Jinping defendió que los proyectos deberían ser “viable” para los presupuestos de los países participantes. “Todo debe hacerse de forma transparente y debemos tener tolerancia cero con la corrupción”, dijo.

Según el presidente chino, su país promoverá también el desarrollo “verde”. Algunos proyectos, como las represas y las centrales de carbón, son considerados a veces negativos para el medio ambiente.

“Destacamos la importancia de la viabilidad económica, social, fiscal, financiera y medioambiental de los proyectos”, se puede leer en el comunicado final. .

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, afirmó a su vez que las inversiones de las Nuevas Rutas de la Seda solo deben ir adonde sean viables”. Lagarde pidió “una mayor transparencia, así como procesos de compras abiertos con licitaciones competitivas y una mejor evaluación de los riesgos en la selección de los proyectos”.

Desde el lanzamiento del programa, en 2013, China invirtió 89.000 millones de dólares en diversas iniciativas y los bancos prestaron entre 195.000 y 295.00 millones de dólares. Xi repitió sus potencias en discursos previos ante empresarios, remarcaron que se debe decir no al proteccionismo un mensaje que dirige al brote nacionalista mundial y a las políticas de Donald Trump.

La Ruta de la Sede se llama como las recorridas de antaño de los mercaderes desde las fronteras más lejanas de Asia. El régimen chino sostiene que Occidentes abandonó la globalización y afirma que esta es la forma de recuperar ese camino. Beijing no ha dado detalles, pero proclama nuevas leyes donde se asegura la protección de propiedad intelectual y negocia con EE.UU. un acuerdo definitivo para equilibrar la balanza comercial. Aclararan que sin ceder en el avance de sus investigaciones científicas, un punto más difícil de la competencia entre los dos colosos de la economía mundial.

El tema  de América Latina forma parte de mosaico. El gobierno del presidente Donald Trump ha lanzado una gran ofensiva de relaciones públicas para contrarrestar la creciente influencia de China en América Latina. Pero, hasta ahora, le ha ido pésimo.

Una nueva encuesta de Cadem en Chile, uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos en la región, mostró que el 77 por ciento de los chilenos tiene una imagen positiva de China, mientras que solo el 61 por ciento tiene una imagen positiva de Estados Unidos.

Lo mismo sucede en varios otros países latinoamericanos. En México, el 57 por ciento de los encuestados tiene una opinión favorable de China, en comparación con un 43 por ciento que tiene una opinión favorable de Estados Unidos.

En la Argentina, el 51 por ciento ve a China favorablemente, en comparación con el 45 por ciento que ve a Estados Unidos de esa manera. En Perú, China tiene una opinión favorable del 59, contra un 56 por ciento de Estados Unidos.

En otros países como Brasil, Colombia y varios países de América Central, Estados Unidos sigue siendo más popular que China. Pero el apoyo a Estados Unidos en la región está disminuyendo, tras varios años de crecientes relaciones comerciales latinoamericanas con China.

El comercio de China con América Latina ha aumentado de 17.000 millones de dólares en 2002 a 306.000 millones el año pasado, y China ya se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil, Chile, Perú y Uruguay.

Durante una gira por América Latina a principios de este mes, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, dijo que China “inyecta capital corrosivo” en las economías latinoamericanas, “generando la corrupción y erosionando el buen gobierno”.

“Las empresas chinas no están sujetas a leyes drásticas anti sobornó, como lo están las estadounidenses. Y señalan que las empresas chinas están perjudicando a América Latina al invertir casi exclusivamente en la extracción de materias primas, lo que profundiza la dependencia de la región de los productos básicos.

La imagen de Estados Unidos en todo el mundo ha caído desde que empezó el gobierno de Trump, según una encuesta separada del Pew Research Center.

Además, la retirada de Trump del acuerdo comercial de la Asociación Transpacífica y su declarada intención de reducir la ayuda externa a Centroamérica han hecho que muchos ahora vean a Estados Unidos como una potencia arrogante y un mal vecino.

China gana terreno haciendo poco ruido y mostrando interés en la región. Su  presidente Xi Jinping, visitó la región cuatro veces desde que asumió el cargo en 2013. Trump realizó un solo viaje a la región, para una reunión del G-20 de las economías más grandes del mundo en la Argentina.

Si Trump quiere revertir la tendencia de la creciente popularidad de China en América Latina, debería comenzar a construir una agenda positiva, y dejar de persistir con sus diatribas contra la inmigración, el libre comercio y la ayuda externa.


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