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LA SITUACIÓN ACTUAL. | 7miradas

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Por Miguel Crotto.*  Nuestro país ha sufrido en los últimos ciento cincuenta años numerosas crisis económicas, al igual de lo que le sucedió a todos los países de la tierra. Sin embargo, finalizada la Segunda Guerra Mundial con las instituciones que se crearon para hacer más manejable el mundo, las Naciones Unidas, el Fondo Monetario, el Banco Mundial, la FAO, la Organización Mundial del Comercio y muchas otras, más los avances en la teoría macroeconómica como consecuencia de los aportes, principalmente de J.M. Keynes, Occidente y también Oriente minimizaron el número de crisis y disminuyeron su profundidad y duración.

Esto no ha sucedido en Argentina, donde en ese período hemos tenido más crisis y hemos  tenido un desempeño económico muy por debajo del promedio mundial y de nuestras posibilidades.

Si analizamos las crisis de 1874, 1890, 1914, 1929-30, 1951-52, 1962, 1975, 1981-82, 1989, 1991, 2001, 2008-9, 2018 y la actual podemos extraer algunas conclusiones que pienso sirven para definir las medidas indispensables para sortearla.

En las primeras crisis, con excepción de la de 1890, la situación internacional tuvo un peso decisivo, aunque generalmente agravado por desequilibrios internos (excepto la de 1914, consecuencia de la Primera Guerra Mundial, y de una gravedad extraordinaria).

Hay rasgos que se repiten en las crisis: saldo negativo en el comercio externo, desajustes fiscales, debilidad en la estructura patrimonial bancaria, escasez de reservas internacionales, etc.

Las crisis más importantes fueron acompañadas por un significativo deterioro de los términos de intercambio, especialmente en 1929-1930 y 1975.

Muchas veces se subestima la importancia de los términos de intercambio para nuestro país. Puede afirmarse que cuando los términos de intercambio son muy favorables no hay gobiernos malos, y viceversa, cuando los términos de intercambio son malos, no hay gobiernos buenos.

Hoy los términos de intercambio son razonables. No hay problemas desde esa variable.

La situación actual es claramente diferente, ya que se da posteriormente al ajuste de abril-setiembre 2018, por lo que algunos de los desequilibrios habituales fueron en esa fecha ajustados, dentro de los parámetros de los planes de ajuste del F.M.I., al que el país debió acudir para poder pagar su deuda pública.

Hay cuatro aspectos a considerar. El primero es muy flojo desempeñó   del PBI,  problema que con pequeñas y temporales mejorías, el país arrastra desde la crisis del 2008-2009 y que muestran el peor desempeño de la economía argentina en su historia para una década.

El segundo tiene que ver con una desmejora en los salarios reales, las jubilaciones y otras ayudas sociales, que incrementan los ya insoportables e inaceptables niveles de indigencia y pobreza.

El tercero es el último nivel de la tasa real en pesos, que al ser usada como un instrumento de control del nivel del dólar único, nivel que por una parte determina precios internos vinculados a la exportación e importación de bienes y servicios, y por otro lado fija el precio en la decisión de la composición de cartera peso-dólar. En las condiciones actuales, con una altísima incertidumbre no hay manera de que un único precio del dólar permita solucionar eficazmente ambas necesidades, por lo que la estrategia llevada a cabo por las autoridades económicas y el BCRA hasta mediados de agosto necesariamente conducen a mayor inflación, mayor recesión y profundizan la caída del PBI, a pesar de que tanto por la balanza comercial como por la baja de la inflación, la economía, siguiendo  la evolución tradicional de los procesos recesivos, está comenzando a recuperarse.

Estos disparatados niveles de tasas de interés, ya que un valor entendible sería inflación mensual más uno por ciento mensual, o sea en agosto de un 40%, prácticamente se duplica en las Leliq y mucho más en el costo para las empresas, generando además de una profunda recesión una injusta redistribución patrimonial que dificulta la recuperación económica.

Cuando no hay un equilibrio entre el tipo de cambio, los salarios reales y la tasa de interés interna la economía incuba problemas que en el corto o largo plazo terminan en severas crisis.

El cuarto aspecto tiene que ver con el déficit en la Balanza de Pagos, a pesar de las grandes mejoras de la balanza comercial, que prácticamente pasó de un déficit de un punto del PBI a un superávit de dos puntos, un cambio positivo de tres puntos del producto. Dada la situación de la economía local y los pecados cometidos en estos diez últimos años en relación al dólar, el equilibrio en la balanza de pagos, o mejor, un superávit debería ser una política de estado para la próxima década. El punto más débil hoy es el turismo, lo que debe ser urgentemente solucionado evitando los subsidios financieros en la venta de pasajes y paquetes turísticos al exterior y poniendo un dólar libre para este rubro.

La actual crisis tiene muchos menos frentes abiertos que las anteriores, hay orden fiscal, las provincias tiene sus cuentas en orden, hay superávit en la balanza comercial, la balanza de pagos puede rápidamente equilibrarse. Sin embargo hay temas importantes que solucionar, como hacer frente a las deudas públicas y del BCRA, parar la caída de la actividad, del salario real y llegar a un nivel de inflación tolerable.

Para el tema de la deuda, hasta el 2021, está el acuerdo con el FMI y las reservas. Cumplir con las deudas es básico para crecer y los vencimientos de este año y el 2020 perfectamente pueden cubrirse si no se usan las reservas para otra cosa. Obviamente, si el país le dice al mundo y lo demuestra que no va a tener déficit en la balanza de pagos y por lo tanto no va a necesitar dólares nuevos, una posición absolutamente distinta a la de los últimos años donde se necesitaban  más de 30.000 Millones de dólares anualmente, el manejo de la deuda externa es mucho más fácil.

Enfrentar estos complejos meses con una política económica que no profundice los problemas parece un objetivo deseable y el desdoblamiento cambiario una necesidad en el corto plazo.

 

*Economista. Escritor. Autor del libro “Una Económica para ocho millones de pobre” (Carta a los intendentes)


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