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La tensión entre Argentina y Brasil lastra la cumbre de presidentes del Mercosur | Argentina

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La cumbre del Mercosur, programada para el miércoles y el jueves en Bento Gonçalves, en el sur de Brasil, ya tenía todo lo necesario para ser una de las más tensas de los últimos años, dada la incertidumbre sobre la dirección que los presidentes electos de Argentina, el centro izquierdista Alberto Fernández, y de Uruguay, el derechista Luis Lacalle Pou, querrán dar al bloque, a la sombra del ultraderechista Jair Bolsonaro. El brasileño ni siquiera ha felicitado Fernández, que tomará posesión el próximo martes, en uno de los puntos más bajos de la relación Brasil-Argentina, eje tradicional del Mercosur, que también integran Uruguay y Paraguay. La sorprendente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de elevar los aranceles a la importación de acero y aluminio brasileño y argentino ha elevado aún más esta tensión.

En la práctica, sin embargo, poco se puede decidir sobre este tema en la reunión, ya que estarán presentes representantes del Gobierno de derecha de Mauricio Macri, ya de despedida, y Tabaré Vázquez, que solo estará tres meses más en la presidencia. Ningún miembro de las futuras oficinas de Fernández o Pou asistirá a la reunión, ni siquiera como oyentes. En el caso de los argentinos, no fueron invitados por la falta de afinidad ideológica entre el anfitrión Bolsonaro y el futuro ocupante de la Casa Rosada.

Que no haya cruce entre Bolsonaro y Fernández tiene mucho que ver con la fecha decidida por Brasil para el traspaso de la presidencia pro tempore del Mercosur, que por orden alfabético pasará a Paraguay. Cada país dirige el bloque durante un semestre y lo común es que el pase de manos se haga lo más cerca posible del fin del periodo. Bolsonaro, sin embargo, lo hará en el inicio de diciembre, cinco días antes de que asuma Fernández. El brasileño pensó más la cumbre como una despedida a Macri que como una bienvenida al líder peronista.

Desde el lunes, diplomáticos y técnicos de los cuatro países del bloque están reunidos en Bento Gonçalves para discutir qué acuerdos deberían anunciarse. Hasta ahora, es seguro que ocurrirá uno: la obligación de indicar el origen geográfico de ciertos productos. Estos incluyen queso Serra da Canastra, café del Cerrado brasileño, cacao del sur de Bahía, todos de Brasil, o el vino argentino de Mendoza. “Es para que se asegure el respeto a una marca de valor dentro del bloque”, explicó el diplomático brasileño Pedro Miguel da Costa e Silva, secretario de Negociaciones Bilaterales y Regionales en las Américas.

Dos acuerdos más están en proceso de concretarse, ambos en áreas fronterizas. El primero facilita las operaciones policiales conjuntas, en las cuales los agentes de un país pueden ingresar al otro siempre que se encuentren en medio de una persecución de criminales. El otro autoriza a los residentes que viven en la región fronteriza a tener acceso a servicios en ambos lados en las áreas de salud, educación y trabajo. “Estas cumbres son como el juego de Flamengo y River Plate, todo se puede decidir en el último minuto”, dijo el diplomático Costa e Silva, refiriéndose a la final de la Copa Libertadores de América, en la que el equipo brasileño venció al argentino en los cuatro minutos finales del partido.

Una presencia devaluada

La cumbre del Mercosur no tendrá el brillo de citas pasadas. Según Itamaraty, está confirmada para este jueves la asistencia de solo tres presidentes: el anfitrión Jair Bolsonaro, el argentino Mauricio Macri y el paraguayo Mario Abdo Benítez. Por Uruguay irá la vicepresidenta, Lucía Topolansky, porque Tabaré Vázquez está en tratamiento médico.

A la última cumbre realizada en julio pasado en la provincia argentina de Santa Fe asistieron además los presidentes de Chile, Sebastián Piñera, y de Bolivia, Evo Morales. El chileno se quedará en Santiago atento a la crisis en su país y Morales está exiliado en México tras su renuncia anticipada al cargo. Bolsonaro había invitado a su sucesora interina, Jeanine Añez, pero la senadora declinó la invitación y estará representada por su ministra de Exteriores, Karen Longaric.

Un tema trascendental será la reducción del arancel externo común que es del 14% en promedio, según el producto comercializado entre los cuatro países del bloque. Desde principios de año, Argentina y Brasil trataron de cambiar esta cifra, pero las elecciones en dos de los cuatro países del bloque impidieron un progreso efectivo. El objetivo brasileño era lograr la reducción a finales de este año. “Por supuesto, el objetivo brasileño hubiera sido lanzar una reforma arancelaria externa común, pero es un tema complejo que necesita mucha conversación y mucha negociación”, dijo el diplomático brasileño. El arancel pone una barrera a los socios que pretendan importar productos de fuera de la zona que sean fabricados dentro del bloque, con el objetivo de proteger las industrias locales.

Tensión entre Bolsonaro y Fernández

La relación entre Bolsonaro y Fernández será el principal lastre de la reunión. Argentina y Brasil son los países más grandes de la región y de su buena sintonía depende la salud del bloque. El trato no puede ser peor. Bolsonaro se metió sin filtro alguno en la campaña electoral argentina y no dudó en pedir el voto por Macri, al tiempo que amenazaba con estallar el Mercosur si el “populismo de izquierda” de Fernández se instalaba en la Casa Rosada. La visita que el argentino Fernández hizo al expresidente Lula da Silva en la prisión de Curitiba elevó aún más la tensión.

Fernández salió de aquella visita a la cárcel acompañado por el excanciller Celso Amorim. Dijo entonces que en Brasil no había Estado de derecho y que Lula debería estar libre. Bolsonaro consideró las declaraciones del peronista como una intromisión y advirtió que a Argentina le iría muy mal si votaba al kirchnerismo. “Bolsonaro contaba con el apoyo de Argentina y con una buena relación con Estados Unidos. A partir de ahí generaría su estrategia internacional, pero todo esto se dio vuelta con la derrota de Macri y empezaron los temblores”, dice el exembajador en Brasil durante el kirchnerismo, Juan Pablo Lohlé.

El cruce tendrá consecuencias políticas. Por primera vez en 17 años, un presidente de Brasil no viajará a Buenos Aires para participar del traspaso de poder en la Casa Rosada, previsto para el 10 de diciembre. Fernández tampoco visitará Brasil, al menos en lo inmediato. Como presidente electo prefirió realizar una gira sin precedentes por México, país que pretende sumar a un eventual eje norte-sur que sirva de contrapeso al eje Brasil – Estados Unidos que impulsa Bolsonaro. “La cuestión de fondo es que Brasil ha comenzado un proceso de reforma económica y de apertura de la economía que es irreversible. La reducción del arancel externo común es una parte de esa estrategia, y Argentina no tiene nada que hacer contra eso. Si Argentina no está de acuerdo se expone a la quiebra del Mercosur como unidad política”, advierte el analista Jorge Castro, presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.

Los socios, sin embargo, están obligados a entenderse. Brasil es el principal socio comercial de Argentina y Argentina es el tercero de Brasil, detrás de China y Estados Unidos, y el primer comprador de sus productos industriales. “La relación entre los dos países no se basa en consideraciones ideológicas, lo que hay son intereses nacionales que subordinan por necesidad cualquier diferencia personal” entre sus presidentes, dice Castro.

La decisión de Trump de aplicar aranceles a las exportaciones de metales de Brasil y Argentina puede tener como efecto colateral el acercamiento de los socios. Washington ha puesto a los dos países en la misma bolsa, sin importar las diferencias ideológicas de sus gobiernos. El embajador Lohlé considera que habrá que esperar a la toma de posesión de Fernández para conocer la naturaleza de la nueva relación. “Estará más clara el día que Fernández establezca formalmente las conversaciones a nivel institucional. Lo racional sería que se mantenga el diálogo. Cualquier tensión la resuelve la política y la diplomacia, pero primero la política”, dice. Durante los últimos días, Fernández y Bolsonaro dieron alguna prueba de ello y bajaron el tono de la polémica que los enfrenta con promesas de pragmatismo.


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