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La ventana empresaria

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Héctor Gambarotta*. Prácticamente todos los países han podido aplanar la curva de contagios. Para dimensionar el alcance del virus, hay que tener en cuenta que el Sars a partir de su aparición en el noviembre de 2002 infectó a unas 8.000 personas durante 8 meses mientras que el Covid-19 ha infectado a 7 millones en 6 meses.

  • Huyendo de las consecuencias desastrosas que hubiese tenido una eventual pandemia muy rápida, el mundo entero ha entrado de lleno en una situación epidémica prolongada que durará hasta que se logre disponer de una vacuna a escala planetaria.
  • Ante la extensión de la ventana de tiempo hasta contar con una vacuna, surgen interrogantes en relación a los costos de producción empresariales que ocupan la atención de los analistas económicos, como ser:

– si la vigilancia digital será una alternativa que se impondrá urbi et orbe durante los confinamientos de llegar a experimentarse una nueva ola del virus el año próximo.

– si el requisito de «distanciamiento social», impondrá restricciones muy severas a las empresas,

– si los cambios que están sucediendo en las preferencias de consumo se mantendrán indefinidamente,

– si la economía just-in-time dará paso a la economía just-in-case, con las industrias manteniendo a partir de ahora un nivel de stocks más elevado que en el pasado.

– la pregunta del millón es hasta dónde llegará el reshoring (como reverso del offshoring)

  • La pandemia ha sido solo el detonante de una recesión que ya estaba al acecho a nivel global. Para frenarla, los gobiernos han multiplicado medidas que en algún momento los obligarán a implementar recortes de gasto público y/o recurrir a mayores impuestos, si quieren evitar que la inflación se dispare.
  • A consecuencia de lo que está sucediendo, no pocos expertos creen que la presión para reabrir la economía antes de tiempo en los países avanzados, combinada con diferencias y fallas en la percepción de la extensión de la pandemia, producirán retrocesos en el retorno a la normalidad, la que tomaría la forma de una “W”.
  • En tal escenario, una avalancha de quiebras llevaría a los gobiernos a la revisión normativa de su tratamiento.
  • Los expertos creen que la aversión al riesgo aumentará, lo que generará más ahorros preventivos por parte de los hogares y menos inversión por parte de las empresas.
  • Definidos los rasgos principales de la actual coyuntura. Tal como planteáramos en nuestro informe anterior, el futuro de la economía mundial se definirá en las próximas elecciones de EE.UU. (¿Trump o Biden?)
  • Si gana Trump no habrá cambio alguno, se seguirá el curso errático actual de los acontecimientos. En tales circunstancias, EE.UU. ya no estará dispuesto a compartir el poder global, pero tampoco logrará imponer resultados. Ello beneficiara al régimen de China que en los últimos 40 años logró un acceso generoso al mercado de EE.UU., al tiempo que se le permitió imponer políticas proteccionistas con una buena dosis de manipulación de divisas y sin un entero respeto a las normas de propiedad intelectual. El mayor riesgo empresarial asociado a un triunfo de Trump es que la pospandemia no pueda ser manejada con suficiente capacidad por quien no ha mostrado su mejor costado durante la crisis.
  • Se entiende que Biden se moverá en una dirección diametralmente opuesta a la de Trump. Actuaría reconociendo la interdependencia global, involucraría a sus rivales en una discusión franca en los desafíos que enfrentan los líderes globales, como lo son el cambio climático, la proliferación nuclear, las pandemias, el terrorismo internacional y la marcha de economía global. El mayor riesgo empresarial asociado a un triunfo de Biden es que en su afán por legitimar acuerdos, aumenten los impuestos y las regulaciones a nivel global, algo que representa una seria amenaza para los márgenes de ganancias corporativos, que en última instancia deberían conducir a una reducción en el rendimiento de las acciones.
  • En EE.UU., la Fed espera una contracción del -6,5% del PBI para este año, acompañada por una tasa de desempleo que terminaría 2020 en 9,3%, a la vez que estima que la inflación permanecerá por debajo del 2% anual. Para el año 2021 se proyecta una recuperación del PBI del orden del 5%.
  • El ritmo de aumento de las nuevas solicitudes de beneficios de desempleo continuó disminuyendo durante junio, cayendo a 1.480.000. Si bien este registro ha caído en cada una de las últimas 12 semanas, el número de desempleados se ha mantenido cerca de los 20.000.000, lo que equivale al 13,4% de la fuerza laboral.
  • Según los últimos sondeos, dos tercios de los consumidores estadounidenses aún esperan malos vientos para la economía en su conjunto durante el próximo año. Así es como las familias están aumentando su ahorro y es probable que lo mantengan relativamente alto en un futuro.
  • Los expertos sugieren que el ahorro privado puede llegar a superar el 20% del PBI en 2020, registrando el coeficiente más alto desde la década inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. En general, este indicador ha permanecido por debajo del 10% durante la mayor parte de los últimos 30 años. Este comportamiento de las familias implica que el mayor déficit del gobierno será compensado en parte por el aumento del ahorro privado.

  • El déficit fiscal de EE.UU. en mayo casi se duplicó con respecto al mayo del año pasador dado el fuerte aumento del gasto y una caída de -25% en los ingresos.
  • En la última reunión del FOMC de la Fed la mayoría de sus miembros manifestó que no espera que haya cambios de la tasa de interés hasta 2022. El Comité también aclaró que, por ahora, continuará comprando bonos del Tesoro de EE.UU. y otros valores «al ritmo actual”.
  • En tal contexto, los niveles de deuda del gobierno y las empresas seguirán aumentando a tasas sin precedentes. La deuda no financiera total en EE.UU. ya aumentó casi 12% en el primer trimestre del corriente año.
  • Recientemente, se estimó que cada dólar de deuda dio lugar a menos de 30 centavos de crecimiento. Ese número se ha deteriorado aún más en los últimos meses. Cada dólar de deuda genera menos crecimiento que el dólar de deuda anterior, lo que requiere aún más deuda para seguir creciendo.
  • El balance de la Fed explotó, casi duplicándose a cerca de u$s 7 billones en menos de un par de meses. Aun así, Powell ha indicado su disposición a aumentar el ritmo de flexibilización cuantitativa si fuera necesario.
  • La estrategia futura de la Fed se entiende que se basará en el control de la curva de rendimiento (YCC) de los bonos del Tesoro americano. A través de este mecanismo, la Fed tendrá un dominio completo sobre el lado de la oferta del mercado global del dólar, pero -de todas maneras, no podrá ejercer igual influencia por el lado de la demanda.
  • Agregar dólares al mercado más allá del punto en que los agentes económicos estén dispuestos a aceptarlos, llevaría a que el dólar tenga un valor más bajo, alterando su percepción como reserva segura de valor. Para que quede en claro la importancia del tema: estamos hablando del control que ejercerá la Fed sobre el componente más fundamental de cualquier sistema económico: el precio del dinero.
  • El problema con estas acciones es que han ido generando tasas anémicas de crecimiento de la actividad económica. Dado el deseo de la Fed de evitar el más mínimo revés económico, el aumento de los niveles de deuda que se está generando implica que la autoridad monetaria tendrá que ser cada día más creativa y activa en la gestión de las tasas de interés.
  • En la Eurozona, el PBI disminuyó un -3,6% en el primer trimestre del año. Las nuevas previsiones del BCE pronostican una contracción del PBI del -8,7% en promedio para todo este año. La Eurozona está a punto de caer en la deflación después de que la interrupción económica de la pandemia de coronavirus arrastrara el crecimiento de los precios en el bloque hasta el 0,1% en mayo, su nivel más bajo en cuatro años. Los datos desagregados muestran que la tasa de inflación se volvió negativa en 12 de los 19 países de la Eurozona.
  • Los economistas advierten que si persiste en el tiempo la renuencia de los consumidores europeos a gastar el dinero extra que han ahorrado durante su extenso confinamiento pone en riesgo la concreción del impulso de demanda que necesitan las empresas europeas para recuperarse.

 

*Hector Gambarotta es economista y conocedor de los múltiples senderos del peronismo. Ha ocupado cargos oficiales. Entre otros cargos ejerció como  director titular del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE)

 

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