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LA VOZ DE CHINA.

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Créase o no el interés de China por la Argentina no se concentra solo en su expansión comercial sino en la difusión periodística y política de sus actividades. Se ocupa de invitar a políticos, militares y periodistas a visitar el Imperio. Desde ya no abundan los rechazos a tan pródigos convites. Y tampoco se concentran en este país, sino en el mundo. En particular en los Estados Unidos. La Voz de China, entidad controlada por el Partido Comunista difunde en 65 idiomas y ha invitado a alrededor de seis mil periodistas de 146 países. Los llamados Influencers han despertado el interés del New York Times a través de un trío de sus colaboradores. En este caso los periodistas han puntualizado en la grey de youtubers difusores de atractivas imágenes. Falta desde ya los promotores de información, tanto en diarios propios como en las páginas de medios ajenos.  

P.Mozur, R.Zhong y A.Kroliko. Millones de personas han visto en You Tube los informes de Lee y Oli Barett desde China, donde padre e hijo visitan hoteles en lugares exóticos, recorren aldeas que se están fuera de los circuitos turísticos tradicionales, prueban las exquisiteces de los mercados y hasta se someten al tradicional lavado de oído.

“Hoy estamos en las afueras de Shanghai, en el hotel más increíble que jamás hayamos visitado”, dice Oli en un video, y en ese momento el dron empieza a elevarse y con su cámara muestra el lujosísimo complejo de Intercontinental Shanghai Wonderland, construido sobre las paredes de una gigantesca cantera de piedra.

Los Barrett son parte de una nueva camada de figuras de las redes sociales que pintan una imagen dorada de la vida como extranjeros en China, y de paso sirven como contraataque para las críticas hacia Pekín por su gobierno autoritario, su política hacia las minorías étnicas y su manejo de la pandemia.

Los videos de los Barett son informales y tienen un aire casero. Sin embargo, detrás de cámara hay una enorme estructura de organizadores del gobierno, medios de comunicación estatales y otros propagadores de la agenda oficialista q         ue participan de una abarcadora campaña del gobierno para sacarle lustre a la imagen de China alrededor del mundo.

Los medios de comunicación estatales y los gobiernos locales han organizado y financiado los viajes de influencers pro-Pekín, según se desprende de documentos oficiales y de los propios creadores de videos. Esas organizaciones han pagado u ofrecido pagar a los influencers y les han garantizado un lucrativo tráfico a sus videos al compartirlos con millones de usuarios en las redes sociales.

Con el respaldo de los medios de comunicación oficiales, esos videastas pueden visitar y filmar en lugares de China que suelen estar vedados a los periodistas extranjeros. La mayoría de esos youtubers viven en China desde hace años y dicen que su objetivo es contrarrestar la percepción cada vez más negativa que Occidente tiene en ese país. Y aseguran que son ellos, y no el Partido Comunista (PC), quienes deciden lo que se incluye en sus videos.

Pero aunque esos creadores no se ven a sí mismos como herramientas de propaganda, Pekín los utiliza de esa manera. Los diplomáticos y representantes chinos han proyectado esos videos en conferencias de prensa y han promocionado sus creaciones en las redes sociales. En conjunto, seis de los influencers más populares han cosechado más de 130 millones de visitas en You Tube y más de 1,1 millones de suscriptores.

Pekín quiere marcar las reglas del debate mundial sobre China y las voces extranjeras afines son parte de esa campaña cada vez más ambiciosa. El PC ha encolumnado a diplomáticos y medios de comunicación estatales para transmitir su relato y ahoguen las críticas, a menudo con la ayuda de ejércitos de usuarios fantasmas que replican sus publicaciones.

De hecho, Pekín ahora utiliza plataformas como Twitter y You Tube, que dentro de China están bloqueadas para evitar la difusión sin controles de información, como megáfonos de propaganda para el resto del mundo.

“China es el nuevo súper abusador de las redes sociales globales”, dice Eric Liu, exmoderador de contenido de las redes sociales chinas. “El objetico no es ganar, sino causar caos y sospecha hasta que no haya una verdad real”.

El estado detrás de la cámara

Raz Gal-Or un joven israelí que empezó a hacer videos divertidos cuando era estudiante universitario en Pekín y ahora tiene millones de suscriptores que siguen sus entrevistas con personas comunes u otros expatriados sobre sus vidas en China. En un video de esta primavera, Gal-Or visita los campos de algodón de Xinjiang para contrarrestar las denuncias de trabajo esclavo en esa región. “Acá todo es absolutamente normal”, declara tras disfrutar de unos kebabs con unos trabajadores.

Sus videos nada dicen de los documentos internos del gobierno, los testimonios de primera mano y las visitas de periodistas, que revelan que las autoridades han retenido a cientos de miles de mulsumanes de Xinjiang en campos de reeducación. También omiten mencionar los lazos comerciales de él y su familia con el Estado chino.

El presidente de China, la productora de los videos de Gal-Or, es su padre Amir, un inversionista cuyo fondo de inversión está respaldado por el Banco de Desarrollo de YChina, administrado por el gobierno.

En respuesta a una consulta Raz Gal-Or respondió por mail que YChina no tenía “contratos comerciales” con agencias de noticias estatales chinas y que ningún organismo estatal le pagó ni lo guió en su estadía en Xinjiang. Raz Gal-Or agregó que su serie de videos de Xinjuang eran sobre “la vida, el bienestar y los sueños de las personas”

Otros reconocen haber aceptado financiamiento estatal, pero retrucan que eso no los convierte en voceros de Pekín.

“Es mi trabajo”

Kirk Apesland, un canadiense que vive en China, tiene un canal de You Tube llamado Gweilo 60 (en cantones, “gweilo” es la expresión coloquial para “extranjero”). Apesland desmiente los informes sobre represión en Xinjiang.

Tras recibir la consulta del diario neoyorquino, el youtuber canadiense posteó un video titulado “New York Times vs. Gweilo 60, donde reconoce aceptar estadías en hotel y honorarios de las autoridades municipales y provinciales.

“¿Tiene una tarifa lo que hago?”, se pregunta en el video.

“¡Por supuesto! Es mi trabajo”.

Nadie sabe cuánto ganan exactamente los videastas influencers por ese trabajo, pero además de dinero, el gobierno chino les garantiza algo igualmente valioso para las personalidades de las redes sociales: un intenso y sostenido tráfico digital.

Con los ingresos por publicidad, You Tube les paga a los influencers según la cantidad de personas que ven sus videos. Además, esos cientos de miles de ojos también los ayudan a conseguir patrocinio y canjes con grandes marcas.

Gal-Or subió a You Tube su video sobre las granjas de algodón de Xinjiang el 8 de abril, poco después de que Nike, H&M y otras marcas fueran criticadas en China por expresar su preocupación por los informes que hablan de trabajo esclavo. En pocos días, su video fue publicado con subtítulos en italiano por la página de Facebook de le Embajada de China en Italia, que tiene casi 180.000 seguidores.

En las semanas siguientes, el video, junto con otros clips de Gal-Or en Xinjiang, fue compartido en Facebook y Twitter por al menos 25 cuentas de empresas chinas y medios oficiales de noticias. En total, esas cuentas suman más de 400 millones de seguidores.


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