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la vuelta a la ‘casilla de salida’ en las europeas para recomponerse

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«El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto». Esa frase la pronunció Pablo Iglesias en la Asamblea de Podemos en el año 2014. Ha pasado una década desde entonces y los morados no son casi ni en su sombra respecto a lo que surgió para unas elecciones europeas que entonces supusieron su irrupción en una España que todavía olía a 15-M y que pedía a gritos lo que se conoció como «nueva política». La historia es circular y ahora, en sus horas más bajas, el partido tratará de reconstruirse en el mismo escenario que les vio surgir: unos comicios al Parlamento Europeo. Podemos ha cambiado, la UE ha cambiado y en Bruselas el mapa político ya no se mueve de la misma manera.

En 2014 Podemos apareció con cinco eurodiputados, y con las renuncias posteriores entró en el Parlamento Europeo Miguel Urbán -número 7 en aquellas listas-, que fue el secretario de Organización en aquel momento. Ahora recuerda en 20minutos desde Estrasburgo precisamente que la fundación «fue una locura, profundamente vibrante. Llevábamos trabajando desde hacía cinco meses para crear Podemos y lo que más recuerdo es el desborde ciudadano». 

Urbán repasa aquellos tiempos. «No salíamos mucho en los medios de comunicación; tuvimos más impacto fuera de los medios, ese impacto se da después de los cinco eurodiputados. El impacto fue muy fuerte en redes, tanto Twitter nos suspendió ocho veces la cuenta por lo rápido que crecíamos en cuanto a seguidores», rememora, al tiempo que considera que «los círculos y la participación eran una pasada» ya incluso antes de que la formación estuviera creada del todo.

Tiene buena memoria el eurodiputado para ver el escenario de entonces. «Lo que marcó realmente la campaña de las europeas fue que la gente se lo creyó, gente que no se había acercado antes a los partidos políticos. Fue un proceso de autorganización. El éxito de Podemos era una mezcla de portavocía, marketing electoral y un desborde de autorganización popular», explica, pero no quiere trasladar la misma foto a la campaña de las europeas de este año. 

Y avisa: «Los paralelismos son muy tenebrosos». Todo esto tiene matices a la vista de Urbán. «Hacer lo mismo 10 años después puede sonar a farsa, otra cosa es que lo que planteamos hace 10 años sigue estando vigente, y eso es así. Sigue siendo necesaria por ejemplo una ruptura con la OTAN, que eso por ejemplo lo decía el manifiesto con el que nace Podemos; sigue siendo necesaria una democratización de la economía o el plantearnos la nacionalización de sectores estratégicos. Así es como yo lo veo», añade el político, que muestra en su voz desencanto por los movimientos actuales de la izquierda, y lo deja bastante claro.

«No creo que ahora mismo ni Sumar ni Podemos estén defendiendo esto. 10 años después ha habido un abandono del programa con el que nace Podemos para intentar construir precisamente una farsa en la que lo único que haya marketing supuestamente participativo», concluye. «Podemos nació con una serie de propuestas que confrontaban con el sistema». Eso ya no sucede, a ojos de Urbán, quien considera que ahora el objetivo por ejemplo de Sumar «es solo ser la multa del PSOE» y Podemos, termina, «nació precisamente para evitar eso».

Diez años después es Irene Montero -que aspira a liderar la lista de la formación en junio- la que busca relanzar un proyecto político que tras haber pasado por el primer Gobierno de coalición de la historia democrática de España y acabar absorbido por el Sumar de Yolanda Díaz quiere volver a sus inicios. La izquierda europea ya no funciona igual que antes, pero tiene claro que todavía hay espacio para ella. Es una vuelta a la casilla de salida.

El primer paso para «asaltar los cielos»

Todo empezó para Podemos en mayo de 2014. La España de aquel momento parecía cansada del bipartidismo, y las elecciones europeas de aquel año supusieron la irrupción de una izquierda radical que buscaba cuando menos un cambio profundo en el sistema: y el escenario era muy favorable, dado el rechazo a las políticas de austeridad e incluso en algunos casos al euro como moneda. Eran características que ya se veían en partidos también de Francia, Italia o Grecia. Syriza, de hecho, se convirtió en una referencia para los morados. Podemos logró entonces cinco eurodiputados, y el paso por Bruselas fue como un campo de pruebas para lo que llegó después.

Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez, Carlos Jiménez Villarejo, Lola Sánchez y Pablo Echenique resultaron elegidos en el paso por las urnas, con 1,2 millones de votos. Después los cambios internos hicieron que la lista corriese, pero la foto inicial fue la del triunfo de un discurso «contra la casta», que ya se venía gestando desde hacía meses en los medios de comunicación. Aquel resultado incluso se quedó corto para un Iglesias que aspiraba -no sin utopía- a superar a las dos grandes fuerzas políticas del país. «Vamos a seguir trabajando, con el protagonismo de la gente, no nos conformamos, hemos nacido para ganar», dijo entonces quien después se convertiría en vicepresidente del Gobierno.

Menos presencia… y una izquierda tocada

En las europeas de 2019 la coalición de Unidas Podemos alcanzó los 6 escaños en la Eurocámara, e incluso su grupo, la Izquierda, lanzó a la ahora ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, como candidata a ser presidenta precisamente del Parlamento Europeo. Pero los tiempos han cambiado y la izquierda europea ha quedado tocada. No solo en España el espacio se ha tenido que reformular, sino también en Francia, Alemania o Italia. El caso galo es quizás el que mejor aguanta en pie, con Jean Luc Melénchon liderando ese lado del mapa ideológico todavía, por delante de los Verdes o del Partido Socialista.

La presencia de Podemos en las instituciones ha quedado reducida a elementos testimoniales, y los sondeos para las elecciones europeas en el caso de la izquierda no son demasiado optimistas, pues solo aspiran a mantenerse como el grupo más pequeño de la Eurocámara, superados por ejemplo por la derecha radical o por los liberales, incluso pese a que estos también van a menos. «Ahora se busca una izquierda más laborista, con una concepción de Europa distinta a la que tenía Podemos en su momento, y que ahora representan por ejemplo tanto Sumar en España o la nueva dinámica del Partito Democrático en Italia con el liderazgo de Elly Schlein», resumen fuentes consultadas por este medio. Se trata en general de una izquierda «que se sitúa más cerca que antes de la socialdemocracia».

Las europeas de 2024, ¿el momento del rearme?

¿Ha llegado el momento del rearme de Podemos? La ruptura con Sumar vuelve a enseñarle a los morados un camino en solitario, y quieren caminarlo con Irene Montero a la cabeza. La exministra de Igualdad tiene que ganar todavía las primarias en esa carrera, pero aspira a sentarse en Bruselas y en Estrasburgo durante la próxima legislatura. Como en 2014 para su primer impulso, los morados se toman las europeas como un punto de inflexión para revivir políticamente. Todavía se tienen que conformar las listas, pero no es descartable que la formación apueste por ubicar en ellas a quienes en su momento ocuparon puestos de relevancia, como es el caso de la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau.

El mundo ha cambiado, el panorama europeo pide otro tipo de fuerzas pero Podemos viaja al pasado para volver a empezar: unas elecciones europeas son el reinicio de una formación que no se da por vencida. En Bruselas empezó la historia; en Bruselas quieren Montero y compañía añadir un nuevo capítulo en 2024. La formación morada ya conoce los pasillos de las instituciones europeas, pero estos no se recorren, parece, de la misma manera que antes.


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