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Las claves del fracaso en la sindicalización de Amazon

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Hace pocos meses tomábamos nota de la conformación del primer sindicato dentro de Google lo que parecía anunciar el renacimiento de la actividad sindical en el contexto de las empresas de alta tecnología. Todo un clima de época, la crema y nata de los jóvenes profesionales reclutados por Google optaba por formas de organización laboral de principios del siglo XX. Una votación favorable en Bessemer parecía cortar definitivamente el espiral descendente de la representación sindical de EEUU. dónde se pasó del 20% de afiliados en 1983 al 11% en 2020.

Habiendo finalizado el escrutinio y ganado el “No” en forma abrumadora corresponde analizar la coyuntura en que se dió.

Primero los datos puros. El padrón estaba compuesto por 5.805 trabajadores. De este universo participaron sólo 3.215, el 55,38% del total habilitado. Sobre los 3.215 el “No” obtuvo 1.798 votos, el “Si” 738 votos, hubo más de 500 votos reclamados y 76 votos en blanco.

La localidad de Bessemer de aprox. 20.000 habitantes dónde eligió radicar este almacén Amazon es una ciudad satélite de Birmingham, zona muy golpeada en las últimas décadas por el declive de su industria metalúrgica, donde el 71% de la población es negra y el 25% vive bajo el umbral de la pobreza. Allí rige una legislación y un clima antisindical propio de los estados del Sur afines al Partido Republicano.

Amazon cuenta con un proceso de selección de personal que detecta perfiles que puedan resultar conflictivos a sus intereses. Se analiza su historial laboral y si cuenta con antecedentes de afiliación a sindicatos. A su vez, en los últimos meses se incorporaron centenares de empleados para cubrir la demanda originada en la pandemia. A su vez, los que estaban descontentos con la empresa dejaron su puesto.

La cultura empresarial instalada exige de los trabajadores un compromiso con la misión corporativa. Por este compromiso Amazon paga 15 dólares la hora y cuando la media estatal es de 7 dólares y los trabajadores cuentan con un apropiado desde el primer día, es decir sin periodos de carencia en ninguna práctica.

La propuesta en favor de la sindicalización se centró en las condiciones laborales. Las jornadas de 10 horas cuentan solo con 15′ para ir al baño, por otra parte los trabajadores son monitoreados permanente por cámaras y se les exige un alto rendimiento. Hace algunos meses se hizo público que algunos empleados deben orinar en envases plásticos.

En este escenario y la posibilidad de un efecto cascada en todo el país, Amazon jugó muy fuerte. Para esto llevó adelante una campaña antisindical de forma sistemática. El planteo fue muy sencillo, la creación de un sindicato abría la posibilidad de alterar una efectiva relación entre dos. Se creó la idea de que el sindicato era un tercero ajeno que podría alterar un supuesto equilibrio, “un peligro” para todos. Una especie de caja de Pandora.

A esas ideas se sumó una de mucho peso, los descuentos en las planillas de haberes destinados al sindicato. Todas estas ideas fueron volcadas en páginas web, reuniones informales dentro de la empresa, mensajes a los teléfonos móviles y redes sociales con mensajes del tipo “¿Por qué no ahorrarse ese dinero para comprar más bien libros, regalos y cosas que realmente quieran?”.

Habiendo expuesto las estrategias y el resultado cabe ponderar los factores que resultaron determinantes. Se puede decir que fue un conflicto con un fuerte componente local pero de impacto nacional. En este sentido, haber obtenido un resultado tan abultado lo convirtió en un mensaje muy claro para quienes intenten llevar adelante otra experiencia similar.

Es innegable que Amazon recurrió a todas sus herramientas y buena parte de ellas son ilegales en muchos países, en este sentido la administración Biden que parece ver con buenos ojos al movimiento obrero organizado deberá modificar varias leyes.

Llevar adelante una votación tan importante en medio de una pandemia no es buena idea. Ya sabemos que en escenarios de inestabilidad económica y social la gente tiende a adoptar posiciones conservadoras.

La fuerte campaña de presión a los trabajadores dió buen resultado. Ante el miedo a persecuciones posteriores y para no poner en duda la fidelidad a la empresa el trabajador más fiel resultó el que no fue a votar . De ahí que solo votó un poco más de la mitad de los habilitados.

Una vez reducido el universo de votantes solo faltó volcar los votos de los trabajadores fieles a la cultura organizacional.

En cuanto a las lecciones aprendidas quedará entre las primeras no subestimar al nuevo empresario ya que posee mucho poder, pocos escrúpulos y un excelente manejo de la comunicación. Otra tan real como la anterior es que los trabajadores jóvenes ven que los costos de la sindicalización no se traducen en beneficios tangibles. A su vez los sindicatos tienen estructuras que obedecen más a una sociedad industrial que a una posindustrial. Quizás su peor defecto es que son lentas y con poca capacidad de respuesta.

Al otro día de finalizada la elección, Amazon publicó un mensaje corporativo “No somos perfectos, pero estamos orgullosos de nuestro equipo y de lo que ofrecemos, y seguiremos trabajando para mejorar cada día”. Una vez conocido el resultado las acciones registraron un incremento del 1,7%. La pelea es muy desigual evidentemente.




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