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Las obsesiones de Cristina Kirchner y el plan Octubre Verde de Sergio Massa

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Cristina le envió un bombazo a Matías Tombolini. Para el secretario de Comercio estuvo dirigido el misil que lanzó en su cuenta de Twitter: “Debe haber una intervención más precisa y efectiva en alimentos”. El Instituto Patria acusa a Tombolini de inacción frente a la fuerte remarcación de precios. En septiembre tocaría otra vez el 7 %. Máximo impulsa la ofensiva. Arrastran viejas rencillas, y ahora el jefe de La Cámpora lo acusa de ser blando con los formadores de precios.

Al hijo de Cristina lo calentó el blooper de las figuritas y que esa semana Tombolini haya suspendido una reunión con formadores de precios. Entre ambos, las cosas anduvieron mal a partir de un sincericidio del economista. Tombolini insiste en que las medidas de control de precios instrumentadas por sus antecesores – los gurkas de Cristina- “tuvieron un rotundo fracaso”.

Tombolini se refiere a las estrategias de Paula Español y Roberto Feletti. Español arrancó con un índice del 2% y Felleti consolidó un piso del 6%. Tombolini se jacta en privado: “Las cosas anduvieron mal con los controles y congelamientos”. Ambos –Español y Feletti- aplicaron las propuestas de Axel Kicillof: las perimidas ideas en las que aún cree Cristina.

Esa obsoleta fórmula incluye varios dislates ya fuera de discusión en la ciencia económica: que la emisión, el déficit y los aumentos de costos no generan inflación. Axel y Cristina admiran las teorías conspirativas: que la inflación es culpa de malvados empresarios y que todo ese desbarajuste macroeconómico se corrige con controles. Una olla a presión que al final explota.

Por eso, a Tombolini le pasan factura: lo acusan de permisivo con las remarcaciones. Cristina califica a las empresas de avaras y tiene en su poder un paper caliente: una lista donde acusa a varias firmas por su “excesiva rentabilidad”. En ese texto figuran sus fantasmas de siempre: Molinos, Arcor, Ledesma, Dow Chemical y Techint.




Cristina Kirchner le reclamó a Economía más controles de precios sobre las alimenticias. Foto AFP

La vice, en verdad, utilizó su texto para despegarse de los demoledores números de la pobreza. En su relato los únicos culpables son los hombres de negocios. No, la pésima política que aplica éste y los anteriores gobiernos K. La pobreza saltó por culpa de Carlos Menem. Pero todos sus sucesores consolidaron la decadencia. En los últimos 21 años, desde el 2001, el kirchnerismo que lidera Cristina gobernó 15 y los otros estuvieron a cargo de Eduardo Duhalde y Mauricio Macri.

Sergio Massa no se inmutó por la ofensiva de la vice. La relación está bien: tiene hasta fin de año sin interferencias. El ministro entiende las necesidades políticas de Cristina: el hipócrita tuit sobre la pobreza, para justificarse frente a su decepcionada tropa.

Sucede que Cristina ponderó en el texto a Massa, y Máximo le desplegó gestos de simpatía en el Congreso. Las marionetas de la vice –Oscar Parrilli y el Cuervo Larroque– se mantienen en mute.

Pero además, Massa comparte los retos hacia Tombolini. Frente a 200 empresarios textiles lo reprendió hace una semana: “Es más importante que te ocupes de los textiles que de las figuritas”. Y en privado –después- le advirtió: “Es la última que te perdono”.

Massa volverá a Washington. Ocurrirá el 11 de octubre y después viajará a París. En el círculo rojo la permisividad en los precios, generó múltiples versiones. Una de ellas es la siguiente: que Massa prepara un plan de estabilidad 2023 y para eso permite ahora un sinceramiento de los precios.

El secretario de Comercio, Matías Tombolini, ya tiene fuertes cuestionamientos internos. Foto Ignacio Blanco/Los Andes


El secretario de Comercio, Matías Tombolini, ya tiene fuertes cuestionamientos internos. Foto Ignacio Blanco/Los Andes

Clarín anticipó que Leo Madcur y Gabriel Rubinstein sondean alternativas. El Plan Austral se inició con un previo blanqueo de tarifas y dólar. Economía anunciará este viernes que cumplió las metas de déficit y reservas de septiembre con el FMI. Y la semana próxima, una nueva política de importaciones. Un cepo con certidumbre. Massa ratificará que no va a devaluar. Pero va a acelerar hasta diciembre el crawling peg.

Entre los CEO de multis se especula sobre lo siguiente: que podría venir un congelamiento general para el año electoral. Massa contragolpea y responde en privado: “Eso es pura paja”.

La prioridad ahora es fortalecer las reservas. El plan “Octubre Verde” tiene como protagonistas al FMI, BID y Banco Mundial: entrarían US$ 5.200 millones al BCRA.

Antes se deberá resolver el conflicto gremial: líderes como Roberto Urquía, Paolo Rocca, Martín Galdeano y Gustavo Salinas están pendientes de la pelea en los neumáticos. Ninguno –como tampoco la CGT– quiere quedar rehén de las exigencias que se negocian. La crisis es fruto de ambiciones de poder, ineptos funcionarios, internas furiosas y capitanes de industria poco duchos.

Claudio Moroni, apuntado​

Claudio Moroni tuvo excéntricas actitudes. La misma noche que Alejandro Crespo tomó el Ministerio de Trabajo, ofreció un servicio de hotelería para hacer placentera la estadía: viandas, baños y colchones para los okupas.

La Casa Rosada está desconcertada. Ahora descubrieron la importancia de los neumáticos, después de 3.500 años del invento de la rueda.

El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, debilitado porque no logra destrabar el conflicto con el gremio del neumático. Foto Presidencia


El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, debilitado porque no logra destrabar el conflicto con el gremio del neumático. Foto Presidencia

Rodolfo Daer estalló de bronca y el lunes fue a fondo en Olivos: “Hay que parar a este loco”. Carlos Acuña gritaba: “Que del quilombo se haga cargo Moroni”.

El cruce de facturas es constante y Cristina aprovechó para embestir: quiere a Héctor Recalde en el Ministerio de Trabajo. Pero Alberto banca a Moroni: “Piden su cabeza, pero van contra la mía”.

Datos inquietantes y aspiraciones políticas​

Economía tiene un informe secreto de Aduana con datos inquietantes. Ese paper asegura que Crespo y su sindicato tienen una ayuda financiera de importadores de neumáticos que se benefician con sostener el conflicto y la “guerra de las llantas”.

La bronca se focaliza en dos compañías –Larroca y Guerrini– que tienen abarrotados sus depósitos de neumáticos: 130.000 ruedas extranjeras traídas con cautelares judiciales. Equivale a 11 meses de su propio mercado.

Los informes secretos también dicen que Crespo busca un objetivo político: a través del conflicto, desplazar a la conducción del Partido Obrero y ser un nuevo referente de la izquierda para la elección del 2023. Las tres compañías –Fate, Pirelli y Bridgestone– insisten en que eso complica cualquier convenio. Las firmas cedieron al máximo en la cuestión salarial: ya existe un importante acercamiento.

Alejandro Crespo, jefe del Sindicato del Neumático, no da marcha atrás y mantiene el bloqueo a las fábricas de cubiertas. Foto Mario Quinteros


Alejandro Crespo, jefe del Sindicato del Neumático, no da marcha atrás y mantiene el bloqueo a las fábricas de cubiertas. Foto Mario Quinteros

Pero el trío se opone a dos cláusulas centrales. Primero, triplicar los salarios de fin de semana y segundo entregar al sindicato el “manejo de planta”. Crespo exige que los delegados controlen y autoricen pautas de funcionamiento de las fábricas, propias de los hombres de negocios.

Javier Madanes Quintanilla contragolpeó: “Eso es imposible”. Pero los manejos de las firmas también complican. Bridgestone tiene un complejo sistema de decisión política, que incluye consultas previas en tres países distintos.

Alberto pidió ayuda a Pablo Moyano. Este jueves –a primera hora de la tarde-, Crespo estuvo en la Casa Rosada. Ignacio De Mendiguren mantuvo reuniones secretas con Néstor Pitrola y también el Pollo Sobrero. Ambos dirigentes del Partido Obrero se mostraron conciliadores: el conflicto afecta a un total de 150.000 trabajadores. Pero la intransigencia de Crespo los llevó puestos a todos: el dirigente del SUTNA quiere utilizar la pelea para conducir al movimiento trotskista.

De Mendiguren le transmitió sus charlas a Moroni. El ministro se manifestó impotente: “Vasco, ya intervino todo el mundo y a todos Crespo los cagó”.

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