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Líbano ahonda las tensiones sectarias al nombrar nuevo primer ministro sin consenso | Internacional

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Diab, ministro de Educación entre 2011 y 2014, obtuvo el respaldo de 69 de los 128 diputados. El debate parlamentario se celebró entre fuertes medidas de seguridad, con el Ejército libanés desplegado en una capital que ha vivido en los últimos días las jornadas más violentas desde que estallaran las protestas populares el pasado octubre. Nada más conocer la decisión, los manifestantes, que exigen la caída en bloque de la élite política y la formación de un Gobierno tecnocrático, se echaron a la calle para mostrar su disconformidad con el nombramiento. Se trata del cuarto candidato que rechazan. En tanto que académico en la Universidad Americana de Beirut, cuyo profesorado es una pieza clave en las protestas, la nominación de Diab ha dividido a los manifestantes. Unos lo consideran un “tecnócrata”. Otros, “un miembro más de la nomenklatura político-económica” o una “marioneta de Irán”.

Aoun solicitó al próximo primer ministro que comience las consultas para formar un nuevo Ejecutivo y este se comprometió a “trabajar duro” para lograrlo “lo antes posible”. “Todos nuestros esfuerzos deben ir enfocados a detener el colapso y restaurar la confianza”, aseguró en un discurso. Hariri seguirá en el cargo de forma interina.

A pesar de que se han cumplido los pasos estipulados por la Constitución, en Líbano el consenso político se negocia fuera del hemiciclo. “Existe una ley no escrita más poderosa, que es la del consenso entre confesiones, por lo que Diab necesita el respaldo de la comunidad suní y no lo tiene”, explica en Beirut la experta en derecho constitucional Laya Saker.

Un pacto oficioso regula desde la independencia el reparto del poder político por cuotas confesionales —18 oficialmente reconocidas— basándose en el último censo oficial, que data de 1932. Según esta entente, el presidente ha de ser cristiano maronita; el primer ministro, musulmán suní; y el presidente del Parlamento, musulmán chií. Igualmente, los 128 escaños se reparten salomónicamente entre cristianos y musulmanes.

La falta de consenso da por caduco el Gobierno de unidad entre los dos bloques políticos sellado hace apenas año y medio. El grupo mayoritario lo conforman el tándem chií Amal-Hezbolá y el partido cristiano Movimiento Patriótico Libre, que encabeza el yerno del presidente, Yibran Basil. El minoritario lo lidera el depuesto Hariri, junto con los partidos Socialista Progresista, del druso Walid Yumblat, y Fuerzas Libanesas, del cristiano Samir Geagea. Los primeros buscan mantener el statu quo que sirve a sus intereses. Los segundos, mejorar su posición. La calle los quiere a todos fuera.

El pacto iba acompañado de un acuerdo de “disociación regional” para rechazar toda interferencia en los asuntos internos de sus respectivos padrinos regionales: el Irán chií para los primeros, y la Arabia Saudí suní para los segundos. Ambos actores han convertido a Líbano en tablero predilecto de sus luchas de poder.

La violencia que ha azotado las calles de Beirut durante las últimas cuatro noches hace temer un enfrentamiento entre milicias suníes y chiíes como en 2008. Una semana de choques dejó más de un centenar de muertos en Beirut. Los manifestantes acusan a los políticos de instrumentalizar el temor a una guerra civil para disuadirles de que prosigan con sus demandas en las calles.

“Estamos en un momento muy peligroso y no sabemos si el Ejército podrá contener la calle mucho más”, advirtió este miércoles en un programa de televisión la ministra del Interior, Raya al Hassan. Pocas horas antes, una muralla de bloques de cemento fue desplegada en el centro de Beirut para impedir todo acceso de los manifestantes al Serrallo y al Parlamento. A las advertencias en materia de seguridad se suman las económicas. Saad Hariri realizó la semana pasada un llamamiento a los países amigos en busca de financiación para apoyar las importaciones de productos básicos en un país que trae del exterior el 80% de los que consume. La comunidad internacional ha condicionado el desembolso de los 10.000 millones de euros prometidos en la conferencia de París de 2018 a la formación de un nuevo Gobierno que “responda a las demandas legítimas de los ciudadanos”.

Líbano acumula una de las deudas externas más importantes del mundo de casi 76.000 millones de euros, lo que equivale al 150% del PIB. “La mala gestión y la corrupción son la causa de la crisis económica”, asevera en la capital libanesa el economista libanés Mohamed Zebib. Los expertos vaticinan un “inevitable colapso financiero y económico” que ya ha provocado la drástica devaluación de la libra libanesa de hasta un 40% con respecto a la paridad al dólar estadounidense. Ante la falta de divisas, los bancos han impuesto un control informal de capital haciendo cundir el pánico entre los ciudadanos.

Hacia el fin del Gobierno de unidad

N. S.

La formación de un Gobierno de consenso supone una labor de ingeniería política y concesiones. Al nombramiento de Aoun como presidente le precedieron dos años y medio de vacío político por falta de quorum. La formación del último Ejecutivo de unidad necesitó de nueve meses de consultas. La prensa local informó este jueves, citando a parlamentarios del grupo suní, de que ni Hariri ni su partido participarían en el nuevo Ejecutivo, que dejaría de ser de unidad. Diab es el candidato propuesto por el bloque al que pertenece Hezbolá.


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