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«Lloro porque quiero regresar a España»

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«Sales a la calle, pero no sabes si vas a regresar». Así describe Rosa Falcó, una barcelonesa que vive en el sur de Guayaquil, la situación que se está viviendo en Ecuador tras la escalada de violencia, que se ha cobrado la vida de varias personas. Tras el recrudecimiento de la crisis carcelaria el pasado fin de semana, varios delincuentes se han fugado de las prisiones y han causado actos violentos. Como consecuencia, el presidente, Daniel Noboa, decretó un conflicto armado interno y convirtió a los grupos criminales en objetivos militares. Actualmente, las mafias mantienen motines en siete cárceles del país y 175 funcionarios penitenciarios se encuentran secuestrados dentro.

Falcó reside en Ecuador desde hace siete años y admite que siempre ha habido violencia. «Es algo normal, es el pan de cada día», expresa. Sin embargo, indica que nunca antes había presenciado una situación como la actual y considera que no se puede vivir allí porque «no se sabe lo que pueda pasar». Ella trabaja como vendedora ambulante y afirma que la situación es terrorífica. «Los policías se enfrentan con los delincuentes en la calle y te puede coger en medio», expresa. Además, relata que en la actualidad «Guayaquil está muerto» debido a que muchos comerciantes y empresas tienen miedo de abrir ante los rumores de posibles saqueos.

Cuando vivía en España, Falcó se enamoró de un ecuatoriano y tuvieron una hija. Más tarde el hombre fue deportado y ella decidió marcharse con él y con la pequeña. Pero después a la niña le diagnosticaron un cáncer y Falcó la llevó de vuelta a Barcelona para hacerle un trasplante de médula ósea, que lamentablemente no funcionó. «Como no pudieron hacer nada por ella en el hospital Vall d’Hebron regresé a Ecuador porque mi hija quería pasar sus últimos días con su padre«, explica esta barcelonesa. 

Quejas contra la embajada

Esa fue la última vez que Falcó pisó España y está arrepentida de haberse ido nuevamente. Se le caducó el billete de vuelta y quedó en situación irregular, algo que ha intentado arreglar a través de la embajada de España en Guayaquil, pero que, según cuenta, no ha logrado. «Yo mando a pedir un documento y cuando finalmente llega, ya está caducado», se queja. A este problema se suma el hecho de que el salario mínimo en el país es de 460 dólares al mes (unos 419 euros), lo que también le impide ahorrar para poder volver. «Hoy en día lloro porque quiero regresar a España», afirma.

En Huaquillas, ciudad ubicada en la frontera con Perú, las calles están llenas de militares ecuatorianos y peruanos. Allí reside Mónica Escudero, una gallega que dejó Ourense, junto con su pareja -de nacionalidad ecuatoriana- hace ocho años. «Estoy aterrada porque es algo que nunca he visto, ni en películas», confiesa. Además, afirma que las personas no están saliendo de sus casas por miedo a los saqueos, secuestros y balaceras. A pesar de eso, reconoce que no se arrepiente de haberse mudado a Ecuador porque el país le ha brindado la oportunidad de crecer como persona y también económicamente. Es dueña de dos negocios de hostelería y de un salón de belleza.

No se puede ni salir porque no sabes cuándo puede llegar un balazo

Escudero admite no obstante que antes de que estallara esta crisis en el país su pareja y ella ya se estaban planteando volver. «Tengo tres hijos. La primera nació en España y no tendría problemas, pero los otros dos nacieron en Ecuador. Les estábamos tramitando la nacionalidad y justo nos agarró esta crisis», relata. También critica que la embajada «no se haya hecho presente» ni les haya facilitado ningún tipo de servicio. «Eso me desilusiona bastante porque estemos donde estemos no dejamos de ser españoles«, concluye la empresaria.

Amenazas, extorsiones y corrupción

«No se puede ni salir porque no sabes cuándo puede llegar un balazo. Los jueces, abogados, aduaneros y policías son pura corrupción. Están extorsionando a restaurantes, farmacias, a todos, y la gente está huyendo del país», indica por su parte Beatriz Calvo. Esta española lleva once años en Ecuador y se vio obligada a cerrar su local debido a la inseguridad. 

Ella se encuentra entre quienes se arrepienten de haberse mudado al país sudamericano y se plantea igualmente volver a España. Sin embargo, también ha tenido problemas. «La embajada española de Guayaquil es un desastre y nos tiene abandonados. Tengo que renovar mi pasaporte y es imposible obtener cita», se queja. 

Con el paso de los días la situación en el país se ha tranquilizado, pero el terror continúa. «Llevo los equipos de protección de dos familias ecuatorianas y hemos tenido que evacuar a una de ellas a Colombia porque ya no querían estar aquí», relata un exmilitar del Mando de Operaciones Especiales de Alicante que fue contratado hace seis meses para trabajar en Samborondón, cerca de Guayaquil. Habla de la existencia de «un miedo tremendo porque lo único que hay son bulos a diario de que van a seguir atacando«. Mientras tanto, las amenazas y las extorsiones siguen a la orden del día.


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