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Lo que Cristina debería aprender de la señora ministra

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A ella también la acusaron de corrupta. ¿Cuál fue el ilícito? Desayunar. Junto a su marido y su hijita, Sanna Marin, primera ministra de Finlandia, desayunó en la residencia oficial a un costo de 30 dólares por mañana. Y pagó con fondos públicos. Su oficina explicó que quien ostenta ese cargo tiene derecho a desayunos y comidas frías cuando se aloja en la residencia oficial, tal como hicieron todos sus predecesores. Marin anunció que pagaría de su bolsillo todo lo consumido. Pero como para algunos había dudas acerca de la inclusión del desayuno como gasto oficial, igual se puso en marcha una investigación.

Marin no prepoteó, no insultó, no convocó a marchas de desagravio por los cafés con leche de la polémica. Se sometió al arbitrio de la ley y siguió adelante con su trabajo. Más que encomiable por otra parte: por quinto año consecutivo Finlandia encabeza el ranking de los países más felices del mundo, según el Indice Mundial de la Felicidad. Y lidera el de los países menos corruptos del planeta, de acuerdo con el Indice Mundial de Percepción de la Corrupción: en 2020 quedó segundo, y en 2021 mejoró su ya envidiable posición para trepar al primer lugar.

De maneras suaves pero firmes, Marin dio un impresionante paso este año: plantó bandera frente a Vladimir Putin en plena guerra de Rusia contra Ucrania y logró el ingreso de Finlandia a la OTAN.

Cuando llegó al poder en 2019, con apenas 34 años, Sanna Mirella Marin se convirtió en la persona más joven en acceder a una jefatura de Estado en el mundo. Nunca nada le resultó fácil: no tuvo marido político ni poderoso ni familia adinerada que le sirvieran de trampolín. Más vale todo lo contrario: su padre era alcohólico; su madre fue criada en un orfanato. Se separaron cuando Sanna era muy chica. Su madre formó pareja con una mujer y entre las dos se hicieron cargo de su crianza y educación. Marin fue la primera de su familia en completar el secundario y en llegar a la universidad, donde logró un master en Ciencias de la Administración.

Alguna vez se definió como la alumna más pobre de su clase, fue empleada en una panadería y trabajó como cajera en un supermercado para costear sus estudios.

Aunque los prejuicios y cierta clase de críticas a ella han estado a la orden del día desde que llegó al cargo -por las fotos en una revista de moda con un escote pronunciado, por el tamaño reducido de sus pechos, por su cuerpo- días pasados debió atravesar la situación más compleja. Primero se filtró un video que la mostraba bailando muy descontracturada en una fiesta con amigos, lo que algunos consideraron “alocado”. Sin obligación de hacerlo, Marin se sometió a un test de drogas, que dio negativo.

Tampoco esta vez denunció persecuciones, conspiraciones ni inició un “operativo clamor”. A pesar de que algunos creen ver la mano de hackers rusos, molestos por las posturas de Sanna contra Rusia, en la filtración de los videos.

A esas primeras imágenes siguió otra de dos mujeres besándose, en topless, con un cartel que decía “Finlandia” cubriendo sus pechos. Marin, que se mostró sorprendida por la difusión de lo que era una reunión privada, pidió disculpas especialmente por la foto de las dos mujeres (“Creo que no es apropiada”, dijo) y agregó que , por lo demás, “no sucedió nada extraordinario aquella noche”.

Una vez más, Sanna Marin no se victimizó, ni denunció a nadie, más allá de las evidencias de que alguien está tratando de perjudicarla: espontáneamente, muchas finlandesas subieron fotos de sí mismas bailando y divirtiéndose en fiestas, igual que la primera ministra.

En medio de la andanada en su contra, el 24 de agosto saludó en Twitter a los “heroicos ucranianos” en su día nacional. “Estamos con ustedes. No nos apartaremos. No los olvidaremos”, escribió.

Ese mismo día, muy lejos de Finlandia, en Juncal y Uruguay, Cristina Kirchner, -para quien el fiscal pidió una condena de 12 años como jefa de una asociación ilícita para defraudar al Estado-, hostigaba desde la misma red social a fiscales, jueces, medios, y hasta rastreaba obituarios en busca de presuntas conspiraciones. En su mensaje desde el Senado no pudo desmentir ninguno de los cargos en su contra.

En el mismo Ranking de Felicidad que Finlandia encabeza, Argentina se ubica en el lugar 57. Cayó 10 puestos en un año. Entre los elementos que se toman en cuenta figura la corrupción.

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