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Lo que el velo de Mahsa dejó al descubierto

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Mujeres y hombres desafían al régimen de Irán en las marchas: es la mayor amenaza en 13 años.

Era su última semana de vacaciones antes de ingresar a la universidad para estudiar Microbiología. De 22 años, y oriunda de Saqqez, Kurdistán, en la región occidental del país, el 13 de septiembre Mahsa Amini visitaba Teherán, la capital iraní, junto a su familia cuando la policía religiosa islámica -conocida como “Patrullas de orientación- la arrestó. El argumento fue que su vestimenta era “inadecuada” y no llevaba correctamente colocada la hijab, el velo obligatorio, cubriendo su cabello. De nada valieron las súplicas de su hermano Kiarash: lo golpearon también a él y se llevaron a Mahsa a un centro de detención. Le explicaron que en una hora, al cabo de una “clase de reeducación”, la liberarían. Nada de eso ocurrió. El instante de la detención fue la última vez que la vieron: tres días más tarde estaba muerta.

La reacción oficial fue decir que después del arresto había sufrido una “falla cardíaca repentina”. Pero de inmediato el relato empezó a resquebrajarse. Su padre, Amjad Amini, declaró a la BBC : “Mi hijo, que estaba con ella, me contó que la habían golpeado. Algunos testigos le dijeron que le pegaron en la furgoneta y en la comisaría. Les pedí que me mostraran las cámaras de los agentes de seguridad pero me dijeron que estaban sin batería”.

Desmintiendo que Mahsa vistiera ropa impúdica como alegaron- la familia reiteró que estaba correctamente vestida según las leyes islámicas, con un abrigo largo cubriendo brazos y piernas- su padre agregó que los médicos le negaron la posibilidad de ver el cuerpo de su hija.

Según la cadena alemana Deutsche Welle, el hospital Kasra, al que fue derivada apenas horas después de su detención, publicó un comunicado en Instagram señalando que Mahsa había ingresado al centro médico con muerte cerebral. Poco después, el posteo fue borrado. La noticia oficial del fallecimiento se dio el 16 de septiembre.

El padre de Mahsa declaró a la BBC que recién pudo ver su cadáver cuando estaba ya envuelto para ser enterrado, y sólo estaban visibles su cara y sus pies.. “Había moretones en sus pies, pedí que investigaran”. Le prometieron hacerlo pero no obtuvo respuesta. “Me ignoraron, ahora mienten”, señaló. Y negó informaciones brindadas por los médicos en el sentido de que Mahsa había sido operada del cerebro cuando tenía 8 años. “Nunca ha tenido ninguna enfermedad, nunca ha sido operada. Mienten”. Las autoridades iraníes negaron todo tipo de tortura o violencia física contra la joven.

Organismos de derechos humanos en todo el mundo, desde Amnesty International hasta las Naciones Unidas, reaccionaron frente a la muerte de Mahsa, exigiendo un rápido esclarecimiento, poniendo en duda la versión oficial.

Más allá de estas repercusiones, lo impresionante fue la reacción popular, Desde que se conoció la muerte de Amini, miles de mujeres y hombres salieron a las calles de Teherán, de más de 80 ciudades y de virtualmente todas las provincias de Irán para protestar contra un régimen que, más allá de las estrictas imposiciones sobre vestimenta femenina y otras cuestiones, viene haciendo gala de una corrupción generalizada y una mala gestión de la economía.

Desafiando la brutal represión, que dejó ya al menos 54 muertos en una semana en todo el país según Iran Human Rights, y cientos de heridos y detenidos, las mujeres manifestaron quitándose el hijab y prendiéndolo fuego, o cortándose el cabello -todo un símbolo-en público, con el apoyo de los hombres, al compás de cantos contra el régimen teocrático y el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei. Las protestas se replicaron en ciudades de Europa y Estados Unidos: el repudio fue generalizado. El gobierno del presidente Ebrahim Raisi respondió con contramarchas oficialistas y con el bloqueo de Internet y las redes sociales. Raisi canceló una entrevista con CNN en Nueva York porque la periodista se negó a usar hijab…

Cómo seguirá todo, es una incógnita. Cuál puede ser la respuesta final del régimen, también. El peligro que corren quienes se animan es mucho: ya advirtieron que no habrá clemencia con los manifestantes. Pero algo se ha puesto en marcha. Como dijo una mujer iraní en medio de las protestas, la gente está empezando a perder el miedo. Más tarde o más temprano, los relatos hacen agua; es cuestión de tiempo hasta que naufraguen, hundidos bajo las evidencias. Mientras tanto, denunciar sus crímenes y sus abusos es herramienta, y obligación.


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