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los aprietes K y las réplicas de Alberto

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El Presidente criticó a quienes cuestionaron el acuerdo con el FMI. El kirchnerismo presiona contra la Justicia y Massa intenta la «épica» de bajar la inflación con la colaboración de camioneros.

Sin tanto barullo público como en tiempo pasado, el Presidente y su albertismo y Cristina Fernández y su kirchnerismo han reanudado las hostilidades domésticas. La ausencia de sonoridad, tal vez, responda a dos motivos. Se trata de una constante que ha caracterizado estos tres años al Gobierno del Frente de Todos. Fatiga. Los bandos en pugna, por otro lado, están en declinación política franca. En especial, desde que la vicepresidenta anticipó –habrá que esperar la decisión última—que no será candidata a nada en las elecciones de este año.

Alberto debe haber detectado que una nueva andanada caería sobre él. De allí la dura referencia que tuvo contra el kirchnerismo durante un acto que compartió el lunes con Daniel Filmus para anunciar el lanzamiento de proyectos sobre Ciencia y Tecnología. Advirtió que “cuando todos planteaban el Apocalipsis y decían que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos iba a frenar proyectos, ajustar, la economía crece, los puestos de trabajo aumentan y la ciencia y tecnología tienen su presupuesto”.

Como suele ocurrir con sus improvisaciones, la palabra presidencial suele acumular algunos claros y muchísimos oscuros. La mención del presunto Apocalipsis tuvo destinatario inconfundible. Nadie recuerda que Juntos por el Cambio haya objetado en esos términos la negociación con el FMI. Gracias a sus votos en el Congreso se aprobó el pacto con el organismo financiero que aún posibilita el surfeo económico de Sergio Massa. No sucedió lo mismo con el kirchnerismo. El diputado Máximo Kirchner renunció, en esa ocasión, a la jefatura de un bloque que quedó herido de muerte. Su diagnóstico público fue el que hace pocas horas describió Alberto. El mismo que, con discreción y silencio, compartían su madre, la vicepresidenta, y el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.

Nadie puede asegurar que la intervención presidencial haya estado coordinada con la reaparición de Martín Guzmán. Aunque, bajo una lectura conceptual objetiva, opinaron más o menos igual. Apuntando a terminales políticas idénticas. El ex ministro de Economía resultó más ofensivo. Hablo de la “apología de la ignorancia” kirchnerista frente al rechazo del acuerdo con el FMI. Ya vendrá alguna réplica del Instituto Patria.

El domingo, casualmente, había comenzado una nueva presión del kirchnerismo contra Alberto. En un reportaje que publicó el diario Pagina 12, la piquetera Milagro Sala le reclamó al presidente que disponga su libertad. Se entiende: el indulto. No habría otra manera porque la dirigente jujeña cumple (en su domicilio) una condena firme de 13 años de prisión establecida por el Tribunal Oral Criminal 3 de la provincia. Confirmada por la Corte Suprema de la Nación. La causa caratulada como “Pibes Villeros” alude a los delitos de asociación ilícita, administración fraudulenta y extorsión.

Tampoco aquel procedimiento resultaría pertinente por una razón. La facultad del indulto presidencial aplica solo a delitos federales. En este caso, ocurrió en Jujuy. Un detalle menor que perfectamente podría ser soslayado por la turbulenta praxis kirchnerista.

El caso de Sala posee aristas diferentes según resulte el cristal de la mirada kirchnerista. Habría un plano político que apunta al recorrido electoral. En el medio asoma el gobernador de Jujuy, el radical Gerardo Morales, lanzado a la competencia presidencial en la coalición opositora. Los K sostienen que las relaciones ramificadas que el mandatario provincial mantiene con el oficialismo constituiría un blindaje en contra de la dirigente de la Tupac Amaru. Aquellas ramificaciones penetrarían el albertismo. Habría otro eslabón: el que uniría a Morales con Massa, el ministro de Economía. Tema, además, de debate permanente entre el PRO y el radicalismo.

También existiría otro plano político-institucional. Desconocer una sentencia de la Corte que dejó firme la condena de Sala cuando el oficialismo está tratando de poner en marcha el juicio contra el Máximo Tribunal en el Congreso. Con perlas para todos los gustos. Entre los participantes del espectáculo figura Baltasar Garzón, quien carga todavía con una condena e inhabilitación de 11 años como magistrado. Amén de su expulsión de la carrera. ¿Motivos? Muy familiares para la Argentina. Escuchas ilegales que, según el Tribunal Supremo de España “solo se encuentran en los regímenes totalitarios”.

Jorge Capitanich también hizo un aporte de última hora. Adujo qué si la oposición consuma un bloqueo institucional, impidiendo la acción contra la Corte, el Presidente debería recurrir a un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para, al menos, ampliar el número de miembros del Tribunal y lograr la reforma integral del Consejo de la Magistratura. Significaría otro empujón al vacío para Alberto.

Habrá que ver si el oficialismo, finalmente, consigue colocar en marcha en la última semana de este mes a la comisión del juicio político. Nada de lo que sucede, adentro y afuera del Gobierno, colaboraría con la necesidad imperiosa de serenar las cosas. Todas impactan sobre una economía con una inflación desbordante. Desnudan, por otro lado, la permanente contradicción que envuelve a Massa.

El ministro de Economía simula estar lejos de la política y la campaña. Dedicado solo a la gestión. Reniega de cualquiera que hable sobre su candidatura. La realidad lo descubre. No habla del enjuiciamiento a la Corte pero ordenó a sus tres diputados que integren la comisión especial. Promete para marzo una inflación de 4% o debajo de ese índice. El indicador de diciembre estuvo por encima de 5%. La primera quincena de enero tampoco dejaría demasiado espacio para el optimismo.

Su secretario de Comercio, Matías Tombolini, del Frente Renovador, consumó un acuerdo con el gremio de Pablo Moyano, los camioneros, para realizar controles de precios. Serán en la Ciudad y, por ahora, en lugares turísticos del AMBA. ¿Supondrá Massa que ese mecanismo, en serio, ayudaría a bajar la inflación? ¿No terminará enrareciendo el clima aún más de lo que está?. ¿No fomentará las escenas de aprietes y amenazas?.

Quizás, aunque la analogía literal no sirva, ocurra algo parecido al juicio político contra la Corte. El ministro de Economía estaría siendo obligado a ceder a las presiones kirchneristas. Su ajuste económico, difícil de discutir y digerir para los K, debe ser enmascarado por alguna épica de la lucha que siempre demanda el relato.


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