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Los desquicios más alarmantes de Javier Milei

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Javier Milei (JM): …El dólar es un precio más. Es el precio de la moneda de Estados Unidos. Lo que pasa es que, como es un activo financiero, sube primero. O sea, todo eso del pass through es una tontería atroz.

ET: El traslado a precios…

JM: Exactamente. Implica desconocer los fundamentos de la teoría del valor. Implica desconocer el principio de imputación de Menger. No me voy a meter con todas las cosas que implica brutalidad en lo precario del análisis de muchos economistas argentinos, te diría de la gran mayoría. Lo que ves en el dólar es un indicador temprano de lo que te está pasando con los precios porque es un activo financiero entonces va primero. En ese sentido, a mí me parece que es notable lo que está pasando con el dólar porque lo que te está diciendo es, dado que es la moneda que más se apreció en el mundo y que se cayó como un piano, eso te estaría mostrando que de acá en adelante, en algún momento, la inflación se va a derrumbar como un piano… Eso en algún momento va a pasar.

ET: Si le pregunto cuándo, me va a decir que no soy mago…

JM: No, porque el tiempo es del creador.

Resulta hasta perturbador tener que aclarar que el dólar no es simplemente un precio más con un movimiento anticipatorio. Es por lejos la variable con más influencia sobre el funcionamiento del mercado local.

Los episodios de fuerte aceleración inflacionaria y posterior recesión han estado precedidos por un aumento del dólar y, en los escasos momentos en que la moneda estadounidense perdió valor significativamente respecto al peso, fueron situaciones transitorias y no derivaron en que la inflación se «derrumbe como un piano».

Javier Milei dólares.jpg

El Nacionalista

La única excepción fue la convertibilidad que, con una formidable asistencia financiera internacional y la venta masiva de empresas públicas, generó un terreno fértil para un negocio financiero especulativo colosal como el que hoy Milei pretende replicar.

Las empresas forman sus precios observando al dólar. Es un determinante estructural de las posibilidades de desarrollo del país. Y el drama de nuestra economía es que la generación genuina de dólares o divisas (vía exportaciones) tiende a ser insuficiente para sostener su crecimiento, debido a la débil capacidad histórica de los gobiernos de turno para orientar esas divisas a los requerimientos del desarrollo productivo.

Ni siquiera hace falta alejarse en el tiempo para hallar múltiples eventos traumáticos cuando la cotización del dólar varió sustancialmente. Lo que no es tan recurrente son las bajas significativas de su valor en Argentina, como la del último mes y medio, pero tampoco hay que ir muy atrás para registrar antecedentes. Suele suceder después de las megas devaluaciones, producto de los conocidos overshootings o, en castellano, sobre reacciones de los mercados financieros.

La última ocasión de disminución de la cotización del dólar coincidió con el anterior inicio de un ciclo neoliberal, tras la asunción presidencial de Mauricio Macri. Su precio oficial había escalado de $9,76 en el día de la jura a $16,09 el 1 de marzo de 2016 y luego cayó hasta $14,09 el 7 de junio del mismo año, lo cual implicó una baja del 12,4%.

Luis Caputo Javier Milei

Con una inflación en ascenso -había alcanzado el 41% en ese año-, el atraso del tipo de cambio real provocó pérdida creciente de competitividad agravada por otras políticas desentendidas también del desarrollo productivo, como la apertura comercial, los bruscos aumentos tarifarios y la pérdida de acceso al crédito en condiciones favorables para las pymes.

Así, la economía se volvió crecientemente dependiente del endeudamiento externo y, cuando el déficit de cuenta corriente ya no se pudo seguir financiando en el exterior -en los primeros tres años de ese gobierno apuntaba a acumular el equivalente al 14% del PIB-, la devaluación y la recesión se hicieron inevitables con consecuencias irreparables para el tejido productivo y social del país.

Si bien el escenario actual es distinto porque el valor oficial de la moneda estadounidense continúa levemente al alza y lo que ha descendido son las cotizaciones paralelas, la comparación tiene sentido porque el nivel de inflación es considerablemente más alto y, además, esos mercados alternativos han ganado buena preponderancia en los últimos años en la formación de precios.

¿El INDEC sobreestima la inflación en más de un 30%?

Lamentablemente, los hechos no se ajustan a las elucubraciones de Milei y, ante los primeros datos de marzo que revelan que la inflación vuelve a subir, parece haberle disparado un segundo episodio de desquicio ruinoso.

Ahora a nivel práctico y expuesto en otra entrevista brindada al mismo medio cuatro días después. Milei dijo que el dato de inflación informado por el INDEC no cae más rápido porque el índice oficial no capta el efecto de las promociones sujetas a una cantidad mínima de unidades compradas (2×1, 3×2 o un elevado porcentaje de descuento en la compra de una segunda unidad). Sostuvo que, si no fuera por esas promociones, el índice ya de febrero pasado habría sido de un dígito.

Inflación Inflacion Precios Consumo Supermercados

Mariano Fuchila

Esa deducción luce como un intento desesperado e infantil de querer tener razón a cualquier precio. Pero se equivoca por varios motivos: el esquema de descuentos referido no es nuevo, se concentra en supermercados (representan alrededor del 25% de las ventas de los productos promocionados), la porción de bienes promocionados a la vez es marginal en relación al universo de bienes y servicios medidos en el índice y la depresión del ingreso hace que muchas familias ya no puedan acceder a esas promociones.

Lo que sí es cierto es que ese tipo de incentivos en los últimos dos meses ha aumentado, pero su incidencia es insignificante. De hecho, es más probable que la devolución del IVA sobre los productos de la canasta básica de alimentos que había resuelto el gobierno anterior haya tenido una repercusión mayor.

Lo que debería preocupar al Presidente en lo referente a las promociones son las señales que brinda sobre dos fenómenos degradantes que acarrea el modelo. Lo primero es su efecto de distribución regresiva del ingreso. El crecimiento de ese esquema promocional es un indicio. Surge como una estrategia defensiva de los supermercados, originada no solo porque la caída del consumo supera las expectativas y los comercios acumulan productos perecederos, sino porque ese canal de venta está perdiendo participación de mercado.

El empobrecimiento de la población implica que cada vez son más las familias que pueden concurrir únicamente al comercio de cercanía a adquirir lo mínimo e indispensable. Entonces los supermercados, guiados por la mano invisible del mercado como le gusta a Milei, buscan seducir a consumidores con cierta capacidad financiera.

convertibilidad peso dolar.jpg

A su vez, los productos promovidos no son los alimentos más básicos y demandados popularmente, como carnes, verduras, frutas, harina, arroz, sal, aceite, azúcar o yerba. Así, como sucede con los descuentos de las tarjetas, los consumidores de mayor capacidad adquisitiva pueden acceder a condiciones de compra más ventajosas y la desigualdad aumenta. Además, en esta especie de juego del calamar impuesta por las salvajes reglas de mercados desregulados, lo que sube de precio con una intensidad mayor es lo más esencial para los hogares.

El segundo fenómeno que puede vislumbrarse bajo la estrategia promocional de los supermercados, derivado del actual modelo excluyente, es el deterioro de la competitividad de la economía. En un contexto de incremento de costos fijos, los negocios en general necesitan más escala de venta para prorratear sus crecientes gastos y el costo fijo de un supermercado es enorme.

El caso de estos comercios es solo una muestra, la economía en su conjunto pierde capacidad competitiva por la brutal caída del consumo, lo cual es particularmente nocivo por su delicada salud. ¿La regresividad distributiva y el desgaste competitivo del modelo serán vistos por Milei?

Estamos frente a un gran problema cuando el Presidente es incapaz de comprender el país que gobierna, atrapado en la rigidez de un marco teórico. Por sus expresiones y políticas que delatan su soberbia e insensibilidad social, el incremento de la desigualdad no lo debe afectar.

Sin embargo, si desea mantener poder, debería atender la erosión de competitividad que sus medidas provocan y que sus manifestaciones caprichosas ajenas a la realidad socavan su credibilidad, cuando los niveles de inequidad y conflictividad social son ya alarmantes y anticipan un final caótico.


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