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Los efectos no previstos de legalizar la marihuana

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Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

 

Los que decidieron promover la legalización de la marihuana recreacional en Estados Unidos, con la premisa de que el cannabis (nombre técnico de la plantita feliz) hace menos daño que el consumo de bebidas alcohólicas, tendrán que concebir una buena solución adicional al dilema que surgió tras hallarse un vínculo incipiente, y polémico, entre la nueva posibilidad de comprar porritos y el número de víctimas y accidentes viales que se registraron en los Estados de Colorado, Washington y Oregón. Según el análisis de los hechos, los protagonistas de tales incidentes dieron positivo al realizarse el test de tetrahidrocannabinol, el que se calcula con la proporción referencial de 5 nanogramos por mililitro de sangre. El punto aleccionador de esta novedad, es que no basta tener un plan maestro para asestar un severo golpe de mercado al narcotráfico haciendo bajar los precios mediante la liberalización selectiva de la oferta de marihuana legal, sino que también importa el modo de evitar con seriedad que el consumidor se haga daño a sí mismo y a la comunidad que lo rodea.

 

¿Es la anterior una conclusión válida? Por el momento sólo parece ser otro de los efectos que cabe ponderar cuando se miden los riesgos sanitarios, sociales y culturales de los consumidores que suponen que la nueva legalidad los habilita a estar perdidamente alucinados (o high). Aunque beber vino o bebidas blancas es legal, a esta altura nadie ignora que manejar sin margen para salir airoso de un test de alcoholemia, es la parte equivocada de la cultura de legalización contra los riesgos que asume el consumidor que desea zambullirse en el camino de la marihuana, del tinto o del whisky. Ello supone que llegó la hora de preguntarse como tratar los límites objetivos para el consumo de la gente que cree normal o divertido saltar a lo Charly García por la ventana de la habitación a la pileta del hotel.

 

Según una investigación mencionada por la Fundación CATO, una prestigiosa entidad de reflexión que se pronunció
enfáticamente en pro de la legalización de la marihuana y por acabar con el símil actual de lo que en el pasado se conoció como la Ley Seca, hay material para sacar chispas (la alusión es a la veda que se aplicó en las primeras décadas del Siglo XX contra el consumo de bebidas alcohólicas, una medida que sólo generó enorme violencia, corrupción, contrabando masivo y grandes pérdidas de vidas humanas sin producir efectos reales sobre los niveles del consumo social). Para los investigadores, los posibles daños colaterales no previstos al legislarse la nueva realidad legal, deberían insertarse con rapidez en la fuerte polémica que aún protagonizan los medios periodísticos, académicos, sociales y políticos de ese país, donde se ve una mayoría de la población partidaria a legalizar la marihuana a pesar de los grupos que todavía resisten frontalmente tal opción. En Europa subsiste un parecido debate y en Uruguay es público que dentro de la coalición gobernante las ideas nunca fueron unánimes, a pesar de que la legalización fue aprobada y se habilitó la venta experimental en determinadas farmacias.

 

Entre los más célebres promotores de la legalización en Estados Unidos (quien se declaró usuario de “la merca”) se destaca Bill Maher. Este comediante conduce uno de los programas (Real Time o Tiempo Real) de debate político y social de mayor influencia en la televisión de ese país. Hace pocos años Maher le torció el brazo a Donald Trump antes de que este último llegara a la presidencia, cuando el actual presidente se divertía exigiendo que Barack Obama muestre el certificado de nacimiento que probara su nacionalidad estadounidense. Al ver semejante delirio racista, Maher lanzó una oferta ficcional de 5 millones de dólares a quien pruebe que el denunciante (Donald), no era el orgulloso descendiente de un chimpancé (en la cámara se mostró la imagen de un animal con pelaje anaranjado y natural en su rostro, similar al cabello y a ciertos rasgos faciales del que hoy es el Jefe de la Casa Blanca). Tras hilarantes peripecias, los consejeros legales lograron convencer a Trump de que desista de hacerle juicio a Maher para cobrar la recompensa (YouTube almacena el video de este relato).

 

Durante la época de la Ley Seca se sabía que una parte del dinero del contrabando de licores no era ajeno a las enormes fortunas de influyentes familias políticas del Norte estadounidense, como el clan encabezado por Joe Kennedy, padre del ex Presidente de Estados Unidos John Kennedy (asesinado el 22 de noviembre de 1963) y de algunos legisladores de gran prestigio como Ted Kennedy.

 

El nuevo insumo de estos debates, ocurre cuando un cuarto de la población de Estados Unidos, alrededor de 81,5 millones de habitantes, empieza a gozar o proyecta gozar a corto plazo de diversos grados de acceso legal a la marihuana. De este modo, la democracia del Norte se alinea con las naciones que ven en la legalización la posibilidad de establecer normas sanitarias y medidas para regularizar la oferta económica del producto con fines varios (tanto medicinales como recreacionales), así como para reducir drásticamente los precios del mercado, con lo que debería bajar la gigantesca rentabilidad, los ingresos y la capacidad de corrupción de los grandes carteles nacionales e internacionales de la droga. Ello, claro está, si estos no consiguen reinsertarse en la comercialización legal de marihuana, aunque en tal escenario serían localizables, se verían obligados a pagar impuestos y a mostrar con claridad la ruta de sus operaciones y del dinero.

 

El estudio de CATO destaca que si bien no es fácil asegurar la causalidad 100% de los fenómenos que asoman con la legalización, ya que muchos datos son ignotos o dudosos, el aumento del consumo de marihuana legal en los Estados de Washington y Colorado resultó espectacular. En el primero de esos Estados, el nivel de demanda en comercios habilitados pasó de menos de 4.000 libras al año (cada libra equivale a 450 gramos) a casi 180.000 en cuatro años y, en el segundo, de unas 36.000 a casi 103.000 entre 2014 y 2016. Lo que la investigación no logró saber es si tales compras fueron adicionales o sustitutivas de las que los consumidores solían obtener de los proveedores ilegales.

 

Del mismo modo interesa saber que en Estados Unidos está bastante difundida la frustración por la ausencia de resultados tras la inversión oficial, por espacio de siete años, de un total de US$ 8.600 millones en la tarea de combatir la producción de opiáceos provenientes de Afganistán, país cuasi monopólico en la especialidad, para llegar a la conclusión de que eso fue un gasto inútil. Ahí volvió a quedar claro que la guerra contra las drogas no sólo requiere armar una solución económica, sino determinar qué reglas culturales y de consumo tiene que establecer la sociedad para llegar a una solución eficiente.

 

Por fuera de lo que dice el aludido estudio, cabe recordar que al analizarse los riesgos que pesan sobre la salud humana vinculados con el consumo de productos o subproductos del reino animal o vegetal, el Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la OMC establece, de manera explícita (artículo 5:5), que el Comité especializado de esa organización deberá tomar en cuenta, al elaborar las pautas para determinar el nivel apropiado de protección de cada Miembro “…los riesgos excepcionales sobre la salud humana a los que la gente se expone voluntariamente”. Como los riesgos, decimos nosotros, del consumo de alcohol y drogas.

 

Entre las múltiples preguntas que se podrían hacer, una vez que la ciencia médica establezca con la mayor certeza posible si la “tía Mary” plancha o no los sesos de sus fieles consumidores, y si los retenes de tránsito deberían tener un dispositivo para fijar cuanta merca, si es que alguna, puede usar el conductor que estuvo a punto de atropellar una inocente vaca o a su orgulloso propietario, está el saber de qué nos tenemos que proteger. Como se destacó al comenzar esta nota, conocer esos datos puede ayudar a entender quien debe y quien no debe reflexionar, in extremis, detrás de una ventana enrejada. Y a los emprendedores evaluar si les conviene instalar una farmacia legalmente habilitada.


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