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Los incendios, convertidos en el peor conflicto internacional para Bolsonaro

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RÍO DE JANEIRO.- Cuando
Brasil más esperaba que las recientes reformas abrieran el camino hacia una recuperación de su economía, los vastos incendios en la Amazonia encendieron la peor crisis internacional hasta ahora para el gobierno de
Jair Bolsonaro y, avivados por el discurso nacionalista y antiambientalista del presidente, pusieron en jaque el
acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) en medio de crecientes llamados para boicotear productos brasileños.

































“Bolsonaro ya había generado polémica con sus posturas sobre derechos humanos, la comunidad gay o la liberación de armas, pero en otros países esos asuntos eran percibidos como cuestiones domésticas que nos los afectaban directamente. En cambio, la opinión pública internacional es muy consciente de la importancia de la Amazonia para el clima global y transformó a Bolsonaro en una amenaza para todo el mundo. La cuestión ambiental se convirtió en el principal problema de política exterior de Bolsonaro”, señaló a
LA NACION Mauricio Santoro, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

Mientras los líderes de Francia, Alemania y Canadá exhortaron a que la grave situación en la Amazonia sea discutida este fin de semana en la reunión del G-7 en Biarritz, cientos de miles de personas se manifestaron en las redes sociales y frente a las embajadas brasileñas alrededor del mundo para exigir que el gobierno brasileño proteja la mayor selva tropical del planeta. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, acusó a Bolsonaro de mentir sobre su compromiso ambiental y advirtió que así Francia no respaldaba el acuerdo Mercosur-UE, y el temor a un boicot comercial se hizo palpable cuando Mika Lintila, ministro de Finanzas de Finlandia, país actualmente a cargo de la presidencia de la UE, propuso prohibir la importación de carne de res brasileña en protesta por la gestión de los incendios amazónicos.

























Empresarios del sector agropecuario de Brasil, que representa un 20% del PBI del país, ya habían alertado sobre esa posibilidad luego de que Bolsonaro -un escéptico del cambio climático por efecto de la actividad humana- minimizó las críticas a su débil política de preservación ambiental y llegó incluso a culpar a las ONG ecologistas de iniciar los focos de fuego en la Amazonia.

















“Si el presidente insiste en que el medio ambiente no es importante para él, pasa la percepción a la gente de que se puede deforestar”, dijo al diario
Valor Económico Marcello Brito, presidente de la Asociación Brasileña del Agronegocio (Abag). “Le costará caro a Brasil reconquistar la confianza de algunos mercados internacionales”, resaltó el empresario.

Brasil exporta unos 18.000 millones de dólares en productos agrícolas a Europa y los cuestionamientos a la política ambiental de Bolsonaro aumentan ya sea por los incendios, deforestación, la liberación de pesticidas agrotóxicos o el fin de la demarcación de tierras indígenas. Ya semanas atrás, ante la falta de compromiso del gobierno brasileño a reducir la deforestación, Alemania y Noruega suspendieron sus aportes al Fondo Amazonia, que impulsa proyectos de sustentabilidad en la selva. En tanto, la red de supermercados sueca Paradiset anunció que no compraría más productos brasileños por la liberación del gobierno de Bolsonaro de unos 200 pesticidas considerados tóxicos. Hasta Rusia había advertido al Ministerio de Agricultura brasileño que dejaría de importar soja brasileña si los cultivos continuaban fumigados con herbicida glifosato.

















Estas reacciones llegan justo en momentos en que el equipo económico de Bolsonaro, liderado por el ministro Paulo Guedes, busca atraer capitales extranjeros con las reformas previsional e impositiva, y el anuncio de un ambicioso plan de privatizaciones para impulsar la alicaída economía, que este año se expandiría apenas un 0,8%.









Sin embargo, a Bolsonaro no parece importarle el impacto negativo de sus declaraciones antiambientales. A las críticas contestó con argumentos de corte nacionalista, que apelan a la soberanía de Brasil sobre la mayor parte de la Amazonia y alimentan una suerte de conspiración internacional antibrasileña. Ese discurso es apoyado también por los militares que integran el gabinete.

“La Amazonia es nuestra”, repitió varias veces y señaló que las potencias mundiales están interesadas en “nuestras riquezas”.









“Obviamente hay intereses del agronegocio europeo -en especial en Francia, Polonia e Irlanda-, que no quiere la competencia con el Mercosur. Pero lo que sucede en la Amazonia es grave y el discurso de Bolsonaro, antiambientalista y anticientífico, solo provoca reacciones negativas que hieren los propios intereses comerciales brasileños”, destacó a este diario Eduardo Viola, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia.







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