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Los otros artistas

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Están los y las pianistas que graban su nombre en la historia de la música. Están los que construyen tramas que enlazan voces y otros instrumentos en grupos y orquestas de diversa naturaleza. Están los pianistas que forman otros pianistas. Y están los maestros acompañantes, una estirpe invisible para el público, que sin embargo, es determinante para cada generación de bailarines y cantantes. ¿Sabía usted de ellos?

Ensayo. Paloma Herrera, junto a la bailarina Macarena Giménez. Fuera de cuadro, un maestro acompaña al piano. Foto: Máximo Parpagnoli/TC

Hubo maestros y maestras acompañantes en las primeras clases de Julio Bocca tomó en la Escuela Nacional de Danzas en la que su madre, Nancy Bocca, enseñaba. Y los hubo en sus clases del Instituto Superior de Artes del Teatro Colón cuando siguió ahí su formación.

Aunque no sepamos sus nombres, hay maestros acompañantes en la memoria de las sucesivas generaciones de glorias de la danza argentina que brillan ahora en los teatros más importantes del mundo.

Anónimos para el público, esos artistas ofrendan su talento en la intimidad rutinaria de cada clase sentados al piano –generalmente arrinconado en extremo de la sala–. Porque el arte, claro está, tiene mucho más de repetición y disciplina, de frustración y resistencia, que de ovación y ramos de rosas.

En ese camino de secuencias siempre ordenadas de la misma manera, el piano construye la atmósfera en la que la expresión es capaz de desplegar su luminosidad. Adelante, cierro. Al costado, cierro. Atrás, cierro. Sin música, bailar (y cantar) es tedioso y el resultado, mortesino. Con música, en cambio, bailar (y cantar) es nadar en aguas mansas y placenteras.

Carlos Basiles

Semanas atrás, falleció en su Lobos natal, el maestro Carlos Basiles, pianista y acompañante de muchas generaciones de estudiantes del ISA en el Colón y en la Escuela de Danzas (hoy Aída Mastrazzi aunque en los años 80 llevaba el nombre de María Ruanova), entre otras instituciones. Su presencia en una clase era garantía de disfrute porque, con obras de repertorio clásico, pero también tangos y música actual, sabía despabilar la pasión incluso en las almas más indiferentes.

El maestro Carlos Basiles, pianista y acompañante de muchas generaciones de estudiantes del ISA en el Colón y en la Escuela de Danzas.El maestro Carlos Basiles, pianista y acompañante de muchas generaciones de estudiantes del ISA en el Colón y en la Escuela de Danzas.

No todo pianista es capaz de acompañar una clase. Primero, hay que saber arrinconarse y perder centralidad. Luego hay que cuidar la interpretación, pero amoldarla a las posibilidades de quien baila. Hay que saber elegir un adagio para la barra y otro para el centro.

Carlos Basiles acompañaba las clases que le correspondían y algunas veces las que no le correspondían. Abría la tapa del piano si coincidía que se retiraba al momento de arriar la bandera en el edificio de la calle Esmeralda y Sarmiento. Y en cada ocasión lograba lo mismo: conmover desde ese rincón desconocido para el público.

Al concluir cada secuencia, la maestra de ballet agradece al pianista. En ocasiones es un gesto con la mano. En general, es un ¡Gracias, maestro! Eso mismo, ¡Gracias, maestros!




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