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los países afrontan reformas clave en plena crisis mientras enfrentan protestas y huelgas

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El 2020 fue un año marcado por la pandemia, y castigo a toda la sociedad. El 2021 llegó una guerra a las puertas de Europa y volvió a castigarla. Los países, ahora, en este 2023, afrontan importantes reformas en un clima de descontento y de crisis perenne que desencadena en protestas y huelgas. España, Francia, Italia, Alemania o Portugal, además del Reino Unido, ponen a sus gobiernos en el foco con medidas relativas a las pensiones, la energía o la educación y la sanidad. ¿Quiere decir todo esto que nos encaminamos hacia un invierno caliente?

En el caso de los Estados miembros de la UE se añade además otro componente: las reformas que tienen que afrontar son en muchos casos decisivos para recibir los fondos de recuperación. En el caso de España el giro clave está en las pensiones; una reforma que es uno de los grandes hitos de su plan y que de momento sigue paralizada y sin fecha para retomar la mesa de negociación. El siguiente desembolso de las ayudas debería darse en el mes de marzo, pero depende casi en su totalidad de esta medida. En la lista de objetivos ocupa un papel prioritario para el Gobierno de coalición, al igual que la reforma fiscal; la mirada en este caso va más al medio plazo, pero Hacienda ya la da por cerrada. Sí ha cumplido Moncloa con otra de las exigencias de Bruselas, una reforma laboral que cure dos de los grandes males del mercado español como son el desempleo y la temporalidad.

Cataluña, Comunidad Valenciana, Aragón, Extremadura, Navarra, Andalucía y Galicia afrontan posibles huelgas del personal sanitario si no se mejoran sus condiciones. De hecho, en la Comunidad de Madrid ya se han dado paros y movilizaciones en los últimos meses, con problemas que, denuncian, se arrastran ya desde la pandemia de covid. El choque con el Gobierno autonómico no tiene visos de relajarse a corto plazo, y es un pulso que se suma a otros como, por ejemplo, las huelgas de transportistas que se han repetido contra las políticas del Ejecutivo central.

Todos los países con frentes abiertos

En Francia a Emmanuel Macron le crecen los enanos, de nuevo con las pensiones, que es «la madre» de todas sus reformas y ya la ha sacado del cajón nada más empezar este 2023. Ese paso, ya polémico desde la campaña electoral de las legislativas celebradas el año pasado, incluye la discutida extensión de la edad mínima de jubilación de los 62 a los 64 años y ha venido seguida de una convocatoria de huelga por parte de los sindicatos. El descontento, sin llegar al nivel de los Chalecos Amarillos, puede marcarle la legislatura al Elíseo.

El objetivo de la reforma es el «equilibrio» del sistema, ya que «hace falta que las cotizaciones de los trabajadores activos financien las pensiones de los jubilados», afirmó la primera ministra gala, Elisabeth Borne. Con la medida pusieron, eso sí, el grito en el cielo la ultraderecha de Marine Le Pen y la izquierda de Jean-Luc Mélenchon, que se unieron a las quejas de los sindicatos. «Nada justifica una reforma tan brutal», reaccionó Laurent Berger, líder de la Confederación Francesa de Trabajadores (CFDT). La meta será, en palabras de Berger, que esta reforma «no entre en vigor» por ser injusta con los trabajadores más precarios y que «el Gobierno recule». La huelga de la semana que viene es, sentenció, «solo el primer paso».

Italia, por su parte, afronta entre el 24 y el 27 de enero una huelga convocada personal de las gasolineras por los precios de los carburantes. El litro de gasolina y el gasóleo alcanzó la primera semana del año los 1,81 y 1,86 euros brutos respectivamente. Es el primer gran reto interno del Gobierno de Meloni, que también se juega los fondos europeos en los próximos meses. El país transalpino es el mayor beneficiario del fondo de recuperación y la primera ministra ha heredado el plan de Mario Draghi que, entre otras cosas, incluye una profunda reforma de la administración y de la justicia. La inflación y la deuda pública son otras dos preocupaciones clave en Roma.

Alemania directamente se está refundando y sobre todo está recalibrando su política exterior. Después de tres décadas de dependencia energética de Rusia, Berlín trata de sumar el apoyo a Ucrania con una cambio drástico en su política energética. El canciller Olaf Scholz ha tenido que reaccionar con la aprobación de varios fondos de ayuda por valor de casi 400.000 millones en ayudas. Tampoco se libra del descontento social Portugal, donde el Gobierno de Antonio Costa ha tenido que afrontar una crisis interna y una moción de censura en el Parlamento pese a contar con mayoría absoluta y a la vez una huelga de funcionarios; los paros afectaron a múltiples sectores, desde la recogida de basuras, a la atención en administraciones públicas, centros sanitarios y colegios el pasado mes de noviembre.

Un país directamente sumido en la inestabilidad es el Reino Unido. Ya a finales del año pasado una oleada de paros avivió la memoria del histórico invierno del descontento de finales de la década de 1970. Conductores de ambulancias, trabajadores ferroviarios, carteros, agentes de fronteras, portadores de maletas y agentes de seguridad del Eurostar, entre otros sectores profesionales, programaron huelgas antes y durante las navidades. Después se sumaron los enfermeros, exigiendo subidas salariales de un 19%, mientras la oposición laborista acusaba a los conservadores -y en último término al Gobierno de Rishi Sunak- de haber «acabado con el sistema público de salud». A esto se añade la convocatoria de huelga de más de 100.000 funcionarios, programada para el 1 de febrero.

Es probable que este año veamos una ralentización de la economía, sobre todo en los países de centro Europa

Juan Vázquez, profesor en la Universidad Camilo José Cela y doctorando en Economía y analista en El Orden Mundial, explica a 20minutos que «venimos de un año en el que el trending topic económico fue el de la inflación, que fundamentalmente tiene que ver con los costes de las materias primas, de los alimentos y de la energía, pero a final de 2022 es algo que ya empezaba a mejorar». En 2023, «la presión sobre los precios va a ser menor», añade Vázquez. Es probable así que la inflación siga bajando; pero hay un problema, que son las subidas de los tipos de interés «que pueden afectar al consumo y a la inversión».

«Por eso es probable que este año veamos una ralentización de la economía, sobre todo en los países de centro Europa y es probable que eso provoque la entrada en una pequeña recesión, no comparable a la de 2008. Algunos países incluso la podrán sortear», sostiene el economista. El fantasma de la recesión está ahí, pero el modelo ha cambiado: se ha pasado de la austeridad a uno con una mayor intervención estatal. «Hay que pensar que el mayor valedor del modelo internacional, que es EEUU, es el primero que hace políticas de intervención estatal fuerte«, esgrime Vázquez, antes de añadir que eso tiene un componente también de «contener a China». Se piensa más «en un juego de suma cero» y es probable que «salga mucho más a la luz el rol del Estado». 

En la UE, en cambio, se da la cuestión de Estado-indentidad supranacional por lo que Bruselas y los 27 tendrían que «marcar una línea clara sobre lo que quieren hacer». En un planteamiento de unidad seguramente las reformas tendrán una mejor explicación, por lo que la reacción social podría ser mucho más sosegada. Si el escenario es de división la cosa cambiará.

Las citas con las urnas marcan también el calendario

Se da también una lectura en clave electoral, pues afrontan comicios importantes en los próximos meses en países como España, Polonia, Estonia, Finlandia o República Checa. Todos ellos manejan coyunturas bien marcadas por la guerra en Ucrania o bien por la delicada situación económica, con la inflación y el auge del coste de la vida como preocupaciones principales. Para el politólogo Daniel V. Guisado «el descontento social siempre busca sus puntos de fuga y, en el ámbito electoral, estos son los partidos antiestablishment. Aquellos que lleven tiempo o sean los primeros en erigirse como la oposición al gobierno tendrán más posibilidad de crecer, y en esta lista destacan las ultraderechas (con un discurso muy crítico siempre)».

«Lo interesante será ver la expresión de su auge. El descontento hacia las medidas políticas o las crisis energéticas, sociales o sanitarias pueden acabar siendo reconducidas en críticas a las instituciones europeas, a las minorías del país o al sistema democrática en general«, recuerda el analista. Es algo que ya pasó en 2008 o en 2015 con las crisis de refugiados. En palabras de Guisado asimismo «habrá ver cómo capean el temporal las ultraderechas que sí están en el poder». Se refiere a Giorgia Meloni en Italia, el PiS en Polonia o en Demócratas Suecos en Suecia. «Ahora tendrán que gestionar una situación complicada y está por ver si salen tocados o la coyuntura internacional les obliga a la moderación», concluye.

El descontento social siempre busca sus puntos de fuga y, en el ámbito electoral, estos son los partidos antiestablishment

A esa situación de pesimismo se añaden acontecimientos como el asalto a las instituciones en Brasil, que emuló a lo sucedido en el Capitolio en Estados Unidos en 2021. «Son dos países completamente distintos. La sensación de peligrosidad o urgencia, aunque asimétricamente, se ha rebajado en Europa. Ahora todo trata sobre gestión de las consecuencias que la guerra ha traído», matiza Guisado. Así, en cuanto a lo concreto, sostiene, «en Polonia el PiS puede tener problemas por primera vez en años para seguir gobernando: la crisis de refugiados, energética y económica está tensionando su coalición con Derecha Unida y las relaciones con Bruselas».

Pero en España la cuestión es mucho más sencilla, y hay que hacerse una pregunta: ¿aguantará la coalición cuatro años tensos, broncos y de consecutivas crisis? «Es decir, el resultado en Polonia puede venir por un concreto shock externo (la situación en Ucrania) y en España por una acumulación de aciertos y errores. En Polonia se hablará de la guerra y lo que ha provocado, en España la dialéctica será más interna«, termina el politólogo.


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