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Macron se agarra al «niño prodigio» de la política francesa para salvar una legislatura en la que solo encadena crisis

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Emmanuel Macron parece sumido en una crisis permanente desde que fue reelegido presidente en 2022 y sobre todo desde que no obtuvo mayoría en la Asamblea Nacional tras las elecciones legislativas. Esta es para el líder francés su última legislatura, y también unos cinco años en los que se ha abonado a la supervivencia. Por eso toma constantemente decisiones enfocadas a ello; a que sus planteamientos -aunque no él- lleguen enteros a 2027. El último paso, elegir como nuevo primer ministro a Gabriel Attal, su ‘heredero’, y hasta ahora ministro de Educación. 

Fue portavoz del Gobierno y de su partido. Ahora es una apuesta personal de un Macron que se agarra al «niño prodigio» de la política gala para calmar las aguas en una política nacional cada vez más convulsa. «Querido Gabriel Attal, sé que puedo contar con tu energía y compromiso para poner en práctica el proyecto de rearme y regeneración que he anunciado», ha dicho Macron, en un mensaje en redes sociales en el que ha apelado al «espíritu de 2017», cuando el presidente se presentó por primera vez a las elecciones, de «superación y audacia».

Attal recogió el guante para reemplazar a una Elisabeth Borne completamente desgastada, usada según muchos como conejillo de indias por Macron para medir sus capacidades políticas durante la legislatura. El nuevo primer ministro ha prometido que «la causa de la escuela» será una de sus «prioridades absolutas» en la nueva etapa, pese a dejar el Ministerio de Educación. «No hay nada más bello, nada más fuerte, que servir a Francia y a los franceses», ha dicho Attal en presencia de Borne, que le ha deseado éxito y ha confirmado que volverá como diputada rasa a la Asamblea Nacional.

Con todo, hay dos puntos clave que evidencian que la fuerza política de Macron ya no es la que era. El primero fue la reforma de las pensiones: una de sus grandes promesas de campaña y que se le volvió ya en contra a los pocos meses de su rentrée en el Elíseo. Las movilizaciones contra la nueva normativa fueron constantes, algunas históricas y mostraron un rechazo pocas veces visto en la historia reciente de Francia. Entre otras cosas, incluye elevar la edad de jubilación de los 62 a los 64 años.

Francia es uno de los países de la Unión Europea con la edad de jubilación más baja. El presidente francés ya intentó sacar adelante la reforma de las pensiones en 2019, pero entonces llegó la pandemia y el propósito quedó paralizado. Macron ha necesitado una segunda legislatura para sacarlo adelante, aún a costa de desgastar su imagen: el mismo reconoció que era un peaje que está dispuesto a pagar. «Francia va con retraso en este tema y la reforma es justa y responsable», dijo entonces, y dio una explicación más profunda: «En un país con esperanza de vida cada vez mayor y con menos trabajadores en activo y más jubilados, si queremos un pacto justo entre generaciones, hay que proceder a esta reforma».

Más polémica todavía se generó con la ley migratoria que acaba de sacar adelante el Gobierno con el apoyo de la derecha radical, el RN de Marine Le Pen, que se ha anotado el tanto mientras ve a Macron escaso de apoyos. El Estado quiere regularizar a los inmigrantes indocumentados que trabajan en «profesiones en tensión», esto es, con escasez de mano de obra; las sombras, la reforma busca restringir la inmigración a Francia y facilitar las expulsiones. Con esta, Francia suma en torno a 30 normas para regular la inmigración, y es la segunda en este sentido desde que Macron es presidente de la República. La norma, de hecho, ha desatado protestas por parte de ONGs y organizaciones civiles.

Por otro lado, la ley pretende suprimir las garantías contra la expulsión, en particular las aplicables a los extranjeros llegados a Francia antes de los 13 años, que hayan vivido aquí más de veinte años o más de diez y que sean cónyuges o padres de franceses. También pretende acelerar la tramitación de las solicitudes de asilo, simplificar los litigios administrativos relativos a los extranjeros y condicionar la concesión de un permiso de residencia plurianual a un nivel mínimo de francés. El equilibrio, no obstante, es complejo, porque también se prevé aumentar los días máximos de detención para las personas indocumentadas.

Mientras, Marine Le Pen se crece. Sabe que el Gobierno en las normas más restrictivas que quiera aprobar necesitará de su apoyo, y eso puede potenciar su perfil de presidenciable. Además, también ha sido capaz de rejuvenecer a su partido, colocando como líder a Jordan Bardella, activo eurodiputado y mano derecha de la hija de Jean Marie Le Pen. Por lo pronto, los sondeos le dan como favorita para ganar dentro de tres años y medio, y parece que sin Macron ya no tendrá un rival de altura. Las elecciones europeas, en definitiva, serán la primera prueba de fuego para medir la resistencia de Macron y las opciones que pueda tener Le Pen para llegar a la tercera al Elíseo en 2027.


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