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Massa puede pasar a la historia

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Lo primero que debe hacer es reconocer que este despegue lo consiguieron países como China, Japón, Corea del Sur, EEUU y Dinamarca. Muy cerca nuestro, también lo hizo Brasil. En 1945 cuando nuestro país era rico, Brasil solo era un exportador de café y cacao; sin embargo, actualmente es la séptima economía del mundo, donde en las últimas décadas salieron de la pobreza 40 millones de personas y cuenta con reservas en su Banco Central de casi 400 mil millones de dólares.

Para eso, sus gobiernos permitieron que el sector privado, el verdadero creador de riqueza de las naciones, se pudiese desarrollar. En ese sentido, vale la pena citar a Mario Vargas Llosa, quien recientemente manifestó: “Los legisladores y los gobernantes por primera vez en la historia de la humanidad pueden elegir que sus países sean pobres o desarrollados”.

Otro ejemplo. Tiempo atrás se conoció por qué Puerto Rico vivía en el estancamiento, a diferencia de los otros estados de EEUU. El informe que dio a conocer la junta de notables economistas designados por el Congreso de los EEUU, mediante el PROMESA Act of 2016, precisó: “Puerto Rico requiere una política clara y consistente dirigida a convertirse en una jurisdicción atractiva para establecer negocios y crear oportunidades de empleo, para lo cual se debe liberalizar el mercado laboral como en las de los estados continentales, protegiendo a los trabajadores con el Seguro de Desempleo y además optimizar los impuestos y los permisos para la inversión”.

Estas conclusiones son muy importantes a la hora de establecer las causas del estancamiento de las naciones, a la vez que respalda las elaboradas en mi libro “Pleno Empleo. La riqueza de las naciones y desarrollo económico”, del 2018, en el que demuestro que la principal causa del estancamiento de los países se debe a legislaciones que atacan al empleo con lo cual perjudican a los trabajadores. Esto se debe a que, al desalentar la creación de nuevos emprendimientos, la oferta de empleos es escasa y, por ende, los sueldos son bajos; al trabajar poca gente, se genera poca riqueza y mucha pobreza como se observa desde hace décadas.

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Argentina, según informó el Banco Mundial, en 2018, es, entre 200 países, de los que menos crecieron en los últimos 70 años. Entonces debemos generar un cambio para liberar las fuerzas creativas existentes pero desalentadas por las políticas contrarias al empleo. En el mundo desarrollado, todos los días nacen nuevos emprendimientos que crean nuevas oportunidades de trabajo; contrariamente, en nuestro país, funcionan 100.000 empresas menos que hace 14 años…

La solución está disponible, ya que la protección de los trabajadores, que nuestra Constitución Nacional establece con el Seguro de Desempleo, ya está legislada con la Ley 24.013. Sin embargo, en su cumplimiento se debería considerar los verdaderos salarios de quienes pierden su empleo y su financiación con un aporte de los empleadores equivalente a la actual indemnización de una doceava parte del salario. Así se protegería mejor al trabajador del despido y permitiría eliminar las cláusulas indemnizatorias de la Ley de Contrato del Trabajo y sus anexas, como también el artículo 256 que, al permitir los reclamos por dos años, dio lugar a la Mafia de los Juicios Laborales que tanto ha perjudicado a los trabajadores y al país.

Con el cambio se liberará el espíritu emprendedor de miles de personas que crearán miles de nuevos emprendimientos, con cientos de miles de nuevos empleos; sumado a los recursos y al potencial de nuestro país, se generarían un millón de nuevos empleos sólo en el primer año, y cinco millones más en los siguientes cuatro, con muchos mejores salarios, ya que la sociedad mejora de abajo hacia arriba.

Este cambio de paradigma llevará a un resurgimiento económico trascendente: millones de argentinos dejarán atrás la pobreza y con su trabajo ayudarán a cambiar a la Argentina y también a los países vecinos, ya que nuestra prosperidad promoverá una considerable inmigración que, a su vez, dará aún más vigor a nuestra ya creciente economía.

El aumento de las producciones y los consumos generarán fuertes incrementos en los ingresos fiscales, con lo cual, sin disminuir el Estado, pero con crecimiento, se podrá reducir algunos impuestos, eliminar otros y terminar con la inflación, lo cual incentivará aún más las inversiones.

El crecimiento será a tasas aún mayores a las chinas del 15%, sin ignorar la guerra por la invasión a Ucrania, el COVID, nuestra deuda externa, ni nuestro Gobierno. Para eso se debería liberar también el mercado cambiario, eliminar todos los subsidios, las restricciones a la importación y exportación y las retenciones, es decir, todo lo que distorsiona la realidad económica. Asimismo, se deberían privatizar las empresas públicas y vender las acciones de las ex AFJP que tiene el ANSES -valuadas no hace mucho en más de 38.000 millones de dólares-. Estas modificaciones deberían estar comprendidas en un plan económico de reconocidos economistas profesionales que asegure a la sociedad la absorción, en una primera etapa, de esta transformación sin ser afectados.

La condición fundamental para el éxito es eliminar las trabas al empleo descriptas, por las que todos los gobiernos anteriores fracasaron. Veremos, así, un país rico y desarrollado y a Massa, premiado y reconocido.

(*) Miembro del Departamento de Política Social de la UIA. Autor del libro “Pleno Empleo”.


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