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Massa saca conejos de la galera mientras el FMI y el kirchnerismo miran para otro lado

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Con cuatro meses de gestión como ministro de Economía, banqueros, empresarios y analistas le reconocen a Sergio Massa su capacidad para «sacar conejos de la galera» en su intento por conseguir dólares y evitar un desabarranco mayor de un Gobierno que ya detenta una inflación del 100% anual.

Aunque precario y a un alto costo, la construcción de un puente cambiario para pasar fin de año y llegar hasta marzo-abril cuando llegarían los dólares de las exportaciones de soja y maíz se apoyó en dos actitudes llamativas por parte de la vicepresidenta Cristina Kirchner y del Fondo Monetario Internacional.

Dos fueron las noticias económicas relevantes que generó el Gobierno en la semana. Una fue la aprobación por parte del FMI de las metas de ajuste del tercer trimestre lo que posibilitará el desembolso de unos US$ 5.800 millones por parte del organismo para pagar lo que se debe.

La otra, la firma de un intercambio de información financiera con EE.UU. por la que el Gobierno, blanqueo impositivo mediante, intentará recaudar una porción de los supuestos US$100.000 millones de bienes o depósitos de argentinos en aquel país.

Foto de Sergio Massa con el embajador Marc Stanley, una imagen dificil para el kirchnerismo de otros tiempos pero que la crisis barrió bajo la alfombra.

Así como una parte relevante del Frente de Todos mira para otro lado por el alineamiento económico con el FMI y EE.UU. , y gozan de la precaria estabilización, el Fondo también aporta lo suyo en materia de distracción.

De hecho, ya le viene validando al Gobierno dos rondas de «dolar soja» (devaluación sectorial) y el endurecimiento del cepo cambiario demorando pagos de importaciones (los atrasos llegarían a US$9.000 millones) cuando se sabe partidario de los tipos de cambio únicos.

Pero tanto los conejos de Massa (el dólar soja II, por ahora, le suma unos US$1.000 millones a las reservas del Banco Central o la activación de US$500 millones adicionales del swap de China) como la vista gorda del FMI diluyeron los temores de un salto devaluatorio en el corto plazo.

Hay economistas como Marina Dall Poggetto que consideran que «el esquema no cierra» pero moderaron sus pronósticos respecto de un episodio cambiario abrupto.

El esquema de Massa-Lisandro Cleri-Gabriel Rubinstein-Eduardo Setti y Leonardo Madcur tiene un pecado original que todos ellos conocen. Parte de la base de que el Tesoro le paga más caro los dólares a algunos exportadores para vendérselos más baratos, y con cuenta gotas, a algunos importadores. ¿Así se maneja el dinero público?

En números: le compra los dólares a los exportadores de soja a $230 para vendérselos a $170 a la importadores. ¿Quien se perdería de comprar dólares baratos cuando el tipo de cambio, aún los libres, están atrasados frente a la inflación?

Una respuesta posible es algún ahorrista que apueste a que el gobierno no devaluará bruscamente ni ahora ni en el electoral 2023 y creo que la tasa de los plazo fijo de 6,5% mensual le ganará al dólar.

Una comparación a precios reales del dólar «contado con liquidación» CCL (libre de las empresas) que realizó Eco go actualizado a la primera semana de diciembre muestra que el CCL esta en torno a $ 325 cuando en diciembre de 2020 había tocado $ 532,4 y en plena crisis por la renuncia de Martín Guzmán llegó a tocar el equivalente a $ 440,8.

La promesa de Massa a los industriales sobre que habrá más dólares a precio oficial para importar y de  que moderará el ritmo de suba del oficial en el intento de bajar la inflación a 4% mensual en marzo también forma parte del esquema «siga-siga» pero que empezó a encontrar un límite en la capacidad del Tesoro para conseguir financiamiento para después de las elecciones del año próximo.

En el cortísimo plazo, este mes. al Tesoro le falta conseguir un billón de pesos adicional para cubrir el déficit y pagar los vencimientos del mercado.

El gobierno ya le pidió a las provincias, a las municipalidades y a los bancos que traten de extender los plazos de su endeudamiento en pesos pero no lo estaría logrando a pesar de ofrecer bonos que se actualizan por la inflación y una tasa de retorno adicional de 12%.

Al Tesoro le faltan pesos y, esta vez, no se los puede pedir prestados directamente al Banco Central porque el FMI lo está mirando pero ya encontraron una bicicleta para emitir sin que parezca que están emitiendo.

Como en una calesita, el Banco Central sale a comprar bonos en el mercado para evitar que los precios de esos papeles caigan.

Esos bonos se los compra el Tesoro con pesos que, como es tradicional, se destinan a financiar el gasto público pero, como existe el temor de que esos pesos vayan a la compra de dólares o a aceitar la suba de precios, el Central coloca letras (Leliq) en los bancos intentando «secar» el mercado.

Esa bicicleta tiene un costo del orden del 6,5% mensual en promedio que va alimentando la temida «montaña de pesos» y que el Central alimenta colocando Leliqs y absorbiendo cantidades crecientes de crédito frente a un sector privado que está a la defensiva y en lo que menos piensa es en endeudarse.

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