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#MeToo: a un año de su irrupción, un salto a la política para medir su poder

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Trump, uno de los principales detractores del movimiento #MeToo, ayer, en la base Andrews Fuente: AP – Crédito: Evan Vucci


El movimiento contra las agresiones sexuales se instaló en la discusión social y aspira a expandir sus límites en las próximas elecciones legislativas




WASHINGTON.- Lisa Shore, una obrera de “más de 50 años” de Louisiana, miraba desde lejos a cientos de mujeres enfurecidas que protestaban frente a la Corte Suprema de Justicia contra el juez Brett Kavanaugh, el candidato de Donald Trump para ocupar una banca en el máximo tribunal, acusado de agresión sexual. “No estoy realmente metida en el movimiento #MeToo”, dijo Shore mientras paseaba por Washington luciendo una remera roja con el mantra proselitista del presidente: Make America Great Again. “Es demasiado. Es demasiado. Creo que se fue por la borda. Todo el mundo está tan hipersensible a todo. Todo tiene que ser políticamente correcto. Y es demasiado”, lamentó.





























A un año de ganar fama mundial, el movimiento #MeToo enfrenta un contragolpe desde la derecha justo cuando se prepara para medir, por primera vez, su fuerza en las urnas del país, en las elecciones legislativas del 6 de noviembre. En esos comicios estará en juego el control del Congreso y el futuro de la presidencia de Trump; se prevé que las mujeres jueguen un papel decisivo.

El movimiento, que nació en 2006 en el Bronx con la activista Tarana Burke, se viralizó el 15 de octubre de 2017 cuando la actriz Alyssa Milano publicó un mensaje en Twitter para alentar a las mujeres a contar sus historias de acoso, abuso o agresión sexual con el fin de mostrar la prevalencia de esos ataques por parte de los hombres. En días, la etiqueta
#MeToo recorrió todo el planeta.















La propagación del movimiento no solo generó una ola de denuncias contra hombres poderosos y desató, para algunos, un cambio cultural en el país. También apalancó un fenómeno político que había despuntado con la llegada de Trump a la Casa Blanca: este año, habrá una cantidad nunca antes vista de mujeres que buscarán un cargo en las legislativas. Desde la elección de 2016, dentro del Partido Demócrata ha habido más de 42.000 mujeres que se han registrado para competir en las urnas, según Emily’s List, una organización dedicada a brindarles respaldo y financiamiento.















En medio de ese avance, el movimiento enfrenta un desafío desde la derecha, que ha intentado ponerle límites. Esa ofensiva cobró fuerza con el escándalo desatado por la denuncia de agresión sexual de Christine Blasey Ford contra Kavanaugh, quien negó todo. Los demócratas se pusieron del lado de Ford y el movimiento
#MeToo. Su mensaje: hay que creerles a las víctimas. Trump y los republicanos blindaron al juez. Su mensaje: un hombre acusado tiene derechos y es inocente hasta que se pruebe lo contrario.

El propio Trump, que ha sido denunciado por más de una docena de mujeres de conducta sexual inapropiada, cuestionó la validez del movimiento
#MeToo al mostrar preocupación por los hombres acusados antes que por las mujeres que los acusan.








“Es un momento muy aterrador para los hombres jóvenes en Estados Unidos, cuando podés ser culpable de algo de lo que quizás no seas culpable. Es una época muy, muy, muy difícil. Lo que está pasando es mucho más grande que el nombramiento de un juez de la Corte Suprema”, dijo Trump días atrás.








“En ese terreno, sos verdaderamente culpable hasta que se demuestre que eres inocente. Es una de las cosas realmente malas que están pasando ahora”, cerró el jefe de la Casa Blanca.

Varios republicanos en el Congreso se plegaron a ese mensaje cuestionando el peso de las denuncias. La primera dama, Melania Trump, que ha cultivado el bajo perfil desde que llegó a la Casa Blanca, dijo esta semana durante una gira por África que respaldaba a las mujeres, pero, en línea con su marido, dijo que debían aportar evidencia.








“Respaldo a las mujeres, y ellas necesitan ser escuchadas”, dijo Melania, que, cuando se le preguntó si los hombres acusados de ataques o acoso sexual habían sido tratados de manera injusta, respondió: “Apoyo a las mujeres, pero tenemos que mostrar la evidencia”.

Lisa Shore cree que el país ha mejorado en los últimos dos años. “Todo el mundo está mejor financieramente”, dice, aunque lamenta las divisiones políticas, y que haya tanta “violencia” y “negatividad” en el mundo. Shore pone al
#MeToo dentro de esa bolsa y se pliega a la ofensiva contra su credibilidad.

“Si hay pruebas, voy a creerlo”, afirma. “Pero no voy a emitir un juicio a menos que obtenga una prueba. Hay mujeres que mienten. Hay hombres que mienten. Tiene que haber una prueba”, agrega.

Los partidarios del movimiento remarcan que el desafío a
#MeToo busca acallar a las víctimas, quitarles fuerza y legitimidad a su reclamo y, por ende, al peso político fenómeno social.

El líder republicano del Senado, Mitch McConnell, llegó a tildar de “turba” a los manifestantes que coparon el Congreso, un término que luego fue utilizado por otros republicanos. Trump llegó a decir que estaban pagados por el filántropo George Soros. Aunque muchos lamentaron el ascenso de Kavanaugh hasta la Corte, remarcaron que la denuncia pública de Ford en el Senado nunca hubiera ocurrido sin el movimiento.

“Todo el régimen tiene como objetivo quitarles a las mujeres los derechos sobre sus propios cuerpos, y siento que quiero que mis hijas sepan que hice todo lo que pude por ellas”, dijo Leslie Engelhart, empleada de 69 años, y una “sobreviviente” de un asalto sexual.

Engelhart marchó junto a cientos de personas -mujeres sobre todo, pero también hombres- por el Mall de Washington para intentar frenar, sin éxito, la llegada de Kavanaugh al máximo tribunal del país. Mostró cierta frustración porque el
#MeToo no llegó más lejos, pero confió en que la cultura está cambiando.

“No ha logrado lo que queríamos, pero creo que la cultura está cambiando gradualmente. Hay un punto en el que todos nosotros estamos acá para que la gente sepa que estamos enojadas por la forma en que las mujeres han sido tratadas y los hombres que creen que es aceptable”, apuntó. “Es una gota en un balde cambiar una cultura. Cada gota cuenta”, cerró.


Apoyos y desacuerdos entre las mujeres

Mientras algunas respaldan al movimiento #MeToo, otras lo ven como “excesivo” en sus reclamos


Lisa Shore, obrera

“No estoy realmente metida en el movimiento #MeToo. Es demasiado. Todo el mundo está tan hipersensible a todo. Todo tiene que ser políticamente correcto”


Leslie Engelhart, empleada

“Todo el régimen tiene como objetivo quitarle a las mujeres los derechos sobre sus propios cuerpos, y quiero que mis hijas sepan que hice todo lo que pude por ellas”


Chelsea Welch, moza

“Me da esperanza que existan mujeres que me van a respaldar si salgo con mi propia denuncia. #MeToo unió a las mujeres en este país, y nos empujó a pelear por nuestros derechos”

















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