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Miami compite en precios con centros de esquí, si se consiguen vuelos

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Este año la comparación de precios se dificulta porque hay factores nuevos, como consecuencia de la pandemia, que alteran la relación.

Sin embargo, sólo como referencia, se podría decir que el presupuesto para vacacionar en el país puede ser similar o mayor que hacerlo en el exterior.

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Una semana de esquí, para una familia tipo, hacia fin de agosto (comienzo de la temporada baja) puede rondar los u$s2.500 “blue”, con hotel, pasajes, equipos y pases. En tanto, dos semanas en Miami y alrededores, para septiembre, puede costar u$s5.000 “billete” para la misma familia.

Hay muchas variables para tener en cuenta. Conseguir pasajes a Miami no es fácil. Para junio, los precios pueden ir de cerca de $300.000 a un millón. La certeza de viajar está condicionada a la aprobación del vuelo ya que la autoridad aeronáutica cambia días, horarios y los aprueba apenas siete días antes de la fecha prevista.

A medida que se aleja la fecha del viaje, los precios bajan. En los sitios de venta de pasajes, se ofrecen hoy vuelos, para septiembre o para octubre, entre $100.000 a $130.000, con una escala. Pero, hay que reiterar que la confirmación del vuelo se tendrá recién unos días antes de la fecha elegida.

Lo que muestran estos valores es que la estabilidad cambiaria de los últimos meses está provocando un encarecimiento de los precios internos, medidos en dólares, que hace que la alternativa externa sea muy atractiva.

Este año, más allá de la cuestión de costos, la toma de decisión va a estar sujeta a otros factores.

En cuanto a los centros de esquí, si bien los operadores están avanzando con las promociones de la temporada, la situación sanitaria actual genera mucha incertidumbre. No saber cuáles van a ser las restricciones de movilidad en los lugares de destino es una contra importante. “Nadie va a contratar hoy una ski week si no sabe si va a poder utilizar los medios con libertad, va a haber turnos en las pistas o, en los hoteles, si la pileta o espacios comunes se van a poder usar o va a haber restricciones”, explicó un agente de viajes.

A esto hay que sumarle si se va a poder viajar internamente con la disponibilidad de vuelos necesarios o estarán sujetos a cuarentenas imprevistas.

El adelantamiento de las vacaciones de invierno, como una medida sanitaria para perder menos días de clases, a la espera de que el avance del plan de vacunación dé resultados, se choca con los intereses turísticos. Si el motivo es sanitario, difícilmente se permita que millones de personas viajen por el país, más en una época invernal, con el agravamiento que eso implica. A esto se suma algo fundamental para el esquí. Si se adelantan y no hay nieve, la temporada será un fracaso.

Ante este panorama, la opción internacional es más tentadora. Por un lado, la situación sanitaria en Estados Unidos permite una vida casi normal. Esa libertad es algo que los viajeros -después de meses “encerrados”- también van a privilegiar.

El otro factor importante es que, además de hacer turismo, la posibilidad de vacunarse, con vacunas de probada eficacia, suma una motivación adicional que no es para minimizar.

El problema del flujo turístico hacia el exterior es la disponibilidad de vuelos a cualquier destino, en general, y a Miami, en particular.

Además de Aerolíneas Argentinas, se puede viajar por American Airlines, Delta, United Airlines, Aeroméxico, COPA, Avianca o Latam.

Las frecuencias de servicios hoy están al 15% o 20% de los niveles prepandemia. Esta es una limitación que impuso la restricción por el covid pero que ya parece que excede el problema sanitario.

Con países, como Estados Unidos o muchos europeos, que han logrado bajar abruptamente los contagios y las muertes, lo que les está permitiendo una apertura turística, no tiene lógica que en la Argentina se restrinjan los viajes, cuando la situación sanitaria está entre las más graves del mundo.

En este caso, las limitaciones para volar pueden encontrarse en motivos económicos y políticos.

El turismo al exterior es uno de los principales sectores de demanda de dólares. La balanza es claramente deficitaria. En 2019, por ejemplo, un año con un agravamiento de la crisis económica, requirió unos u$s8.000 millones para atender la compra de pasajes, paquetes y gastos con tarjeta fuera del país. En 2017, había superado los u$s12.000 millones.

En un país con escasez de divisas, es un desbalance difícil de afrontar. Para el Gobierno, el avance de la vacunación en el mundo y en el país le soluciona un problema sanitario pero lo genera otro, económico que, un 2020 sin viajes disimuló.

El otro tema es la decisión de darle el mercado a la línea de bandera, pese a los reclamos de compañías aéreas del exterior que piden más frecuencias. La disponibilidad de vuelos está limitada a la cantidad de aviones de Aerolíneas Argentinas.


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