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Minoría blanca

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Thomas Friedman*. “Somos un país con diversas fracturas compuestas, por lo que ya no podemos optar por hacer algo ambicioso -como poner a un hombre en la Luna-, porque las misiones ambiciosas deben hacerse juntos. Ni siquiera podemos unirnos en usar mascarillas durante una pandemia, pese a que los expertos de salud nos han dicho que hacerlo salvaría vidas. Sería tan simple, fácil y patriótico decir: «Yo te protejo y tú me proteges». Y, sin embargo, no podemos hacerlo.”

Esta elección, en todo caso, resaltó las fracturas. El Presidente se presentó como el líder de la cada vez menor mayoría blanca de Estados Unidos. Es imposible explicar el respaldo continuo que ha mantenido sin señalar dos cifras: La Oficina del Censo de Estados Unidos estima que, para mediados de este año, las personas no blancas conformarán la mayoría de los 74 millones de niños del país. Al mismo tiempo, se proyecta que en algún momento de la década de 2040, las personas blancas serán el 49 por ciento de la población estadounidense, mientras que las personas latinas, negras, asiáticas y las poblaciones multirraciales constituirán el 51 por ciento.

Sin duda hay malestar, e incluso resistencia, entre muchas personas blancas, en particular hombres de clase trabajadora sin título universitario, al hecho de que nuestra nación se mantiene en un proceso estable de convertirse en un país «con minoría blanca». Ellos ven a Trump como un baluarte contra las implicaciones sociales, culturales y económicas de esa realidad.

Esto quiere decir que las tensiones que existen sobre el sistema de gobierno estadounidense van a seguir aumentando, porque, en nuestro anticuado sistema electoral, los republicanos pueden influir. Una vez más, aunque Biden logró pequeños avances con los votantes de la clase trabajadora, no parece haber un cambio sustancial. Tal vez porque muchos votantes de clase trabajadora de Trump no solo se sienten menospreciados, sino que también resienten lo que ven como censura cultural de las élites liberales que se gradúan de las universidades.

En el caso Biden, no hay señales que sugieran que los republicanos quieran repensar esta estrategia política que perfeccionaron con Trump. Pero los demócratas también tienen mucho que repensar.

Aunque el nuevo Presidente destacó sus simpatías y raíces en la clase trabajadora, el Partido Demócrata está más identificado con las élites profesionales y los votantes con educación universitaria que con los votantes trabajadores que alguna vez formaron su base. Incluso un episodio tan trascendental como una pandemia, en el que Trump fracasó, no cambió esta situación. Los demócratas deben preguntarse: ¿Por qué tantos trabajadores apoyan a un plutócrata populista cuyas políticas casi no los ayudan? Los demócratas deben poner atención a la sensación de humillación que sienten las personas de la clase trabajadora que consideran que la economía los ha perjudicado y que las élites con títulos los menosprecian.

Trump es, para bien o para mal, el principal símbolo de resistencia a la marea cultural abrumadora que se ha extendido por los medios, la academia, las empresas estadounidenses, Hollywood, el deporte profesional, las grandes organizaciones y casi todo lo que hay en el medio.

No hubo una ola política demócrata. Lo más importante, no hubo una ola moral. No hubo un rechazo generalizado del tipo de liderazgo que nos divide, especialmente durante una pandemia.

Muchos senadores y representantes republicanos -como Lindsey Graham por Carolina del Sur y John Cornyn por Texas- ganaron sus elecciones al abrazar a Trump…Eso significa que el trumpismo es el futuro del Partido Republicano. El trumpismo ni siquiera intenta obtener el apoyo de la mayoría de los estadounidenses. Continuará con la estrategia de usar todas las formas legales, aunque dañinas para la democracia, de controlar el poder a pesar de que la mayoría de los estadounidenses voten en contra.

Thomas Loren Friedman* es periodista y escritor estadounidense, tres veces ganador del Premio Pulitzer. Es autor de diversos libros entre otros “Gracias por llegar tarde”.


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