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«No nos extrañaría que más de un huracán pueda impactar en EE UU»

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La nueva temporada ciclónica comienza en el Golfo de México y las aguas de esta zona podrían convertirse en una «incubadora» de huracanes destructores de la zona. Esta es una de las preocupaciones para esta nueva etapa que comienza el miércoles y tiene previsión de mucha actividad. Estos podrían llegar a la costa de EE UU, aseguran los expertos.

Si el temible pronóstico de los expertos se cumple este sería el séptimo año que sitúa la actividad ciclónica por encima de la media. Esta previsión estima que habrá entre 14 y 21 tormentas tropicales.

Además, de las tormentas con nombre, entre 6 y 10 podrían devenir en huracanes y alcanzarían la categoría mayor, 3, 4 y 5 en la escala de intensidad Saffir-Simpson, con la magnitud 5 para ciclones con vientos devastadores que superan los 252 km/h.

Las temperaturas de las aguas del Golfo de México son cruciales en términos de huracanes y tormentas

Criadero de huracanes

A la alerta se le suma la amenaza de que las aguas calientes del golfo de México actúen como «incubadora» de feroces huracanes, o sirva de combustible para el fortalecimiento de tormentas a su paso.

«Las temperaturas de las aguas del Golfo de México son cruciales en términos de huracanes y tormentas, ya que obtienen el combustible que necesitan, vapor de agua cálido, de la superficie del océano», ha advertido  Anthony Reynes, meteorólogo del Centro Nacional de Huracanes (NHC).

Reynes explica que el Golfo de México «presenta unos retos particulares»: primero, «el más crucial», en esta primera parte de la temporada de huracanes, por los vientos que soplan cerca de la superficie de sus aguas en el sur o suroeste.

Esto significa que cualquier tormenta tropical que se forme en junio o julio cerca de Centroamérica «tiene posibilidades de hacer el viaje hacia el norte-noreste y dirigirse a algún punto de la costa sur estadounidense o de Florida».

El experto muestra su preocupación por el hecho de que la temperatura promedio de las aguas del Golfo de México «ya ha alcanzado y sobrepasado los 23,33 grados centígrados«.

Con el auge de la temperatura y el alcance de esta las aguas se convierten en el caldo de cultivo perfecto para las tormentas tropicales como con Katrina (2005), Harvey (2017) e Ida (2021), alerta el experto del NHC.

La Niña ha sido un factor principal en estas temporadas de huracanes pasadas

En el sureste del Golfo de México se encuentra una gran área de tormentas que podría devenir en los próximos días en la primera depresión tropical de la temporada de huracanes en la cuenca atlántica.

El huracán más poderoso en tocar tierra en un mes de mayo fue Agatha con al menos 10 muertos y 20 desaparecidos. El remanente de este se fortalecerá de nuevo en aguas del golfo y se dirigirá al oeste de Cuba y posteriormente a Florida.

La Niña

El huracán la Niña volverá a visitar el océano Pacífico con malos resultados, potenciará la actividad ciclónica en la cuenca atlántica, al contrario que la formación de El Niño, que la inhibe.

No nos extrañaría que más de un huracán» pueda impactar en algún punto de la costa de EE UU

La Niña «ha sido un factor principal en estas temporadas de huracanes pasadas» y no se ha registrado en ninguna fase la «presencia sólida» del fenómeno de El Niño en el Pacífico. Este hace «que hace que los vientos de los niveles altos de la atmósfera se mantengan más débiles de lo normal» en el Atlántico.

«Está provocando ciclones cada vez más severos», asegura Hugh E. Willoughby, profesor del Departamento de Tierra y Medio Ambiente de la Universidad Internacional de Florida. Existen una entre cinco posibilidades de que el huracán golpee la costa este estadounidense y una entre siete de que azote la costa de Florida.

Ha coincidido con Reynes en que las cálidas aguas registradas ya en el Golfo de México son «una mala noticia» y que, un año más, se espera una actividad ciclónica por encima de lo normal en el Atlántico «sin un cambio significativo» en el patrón de La Niña.

Polvo del Sahara, una esperanza

En cambio, Reynes valora otros fenómenos a medio plazo, como es la posible formación de una gran nube o masa de polvo del Sáhara que cruce el Atlántico y tenga un impacto positivo al «reducir o dificultar» la formación de tormentas y huracanes.

La llegada del polvo del Sáhara al Atlántico «reduce la humedad disponible en la atmósfera», es decir, «la presencia dominante de esta nube de polvo seca varios niveles de la atmósfera» y los huracanes no encuentran «su combustible necesario: el vapor de agua».

Con la previsión de formación de entre 3 y 6 huracanes de categoría mayor, «no nos extrañaría que más de un huracán» de esa intensidad pueda «impactar en algún punto de la costa de EE UU».

Ha recordado que lo importante es que la población no utilice la guía oficial de huracanes y tormentas para decidir si se prepara o no en esta temporada.

En ese contexto, la estela de devastación que dejó el huracán Andrew en 1992 en el sur de Florida, «una de las temporadas de huracanes más inactivas en el Atlántico desde que hay registro», concluye.


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