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Olla a presión

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El Financial Times es un indicador influyente, de lectura preferencial de quienes siguen atentamente el devenir económico internacional, sea para estar al tanto, sea para la toma de decisiones.

En ese aspecto coinciden con el Economic Survey, ambos con sede en Londres y de mucho peso. La  versión de algunos de sus artículos los reproduce, respectivamente, el “Cronista Comercial” y  “La Nación”.

El autor del comentario siguiente es Michael Stott editor para América Latina del Financial Times. Anteriormente estuvo en Tokio como editor en jefe de Nikkei Asian Review y fue editor de noticias de FT en el Reino Unido.

Michael Stott se graduó de la Universidad de Cambridge con una maestría en Idiomas Modernos y habla con fluidez español, portugués, francés, alemán y ruso.

“Los sondeos muestran que la alianza opositora de centro-derecha lleva una ventaja de unos 10 puntos porcentuales, un resultado que podría costarle a Alberto Fernández, el presidente peronista, su mayoría en el Senado. La mitad de los escaños de la Cámara Baja y un tercio del Senado están en juego.”

“Una grave derrota en las elecciones de mitad de mandato podría convertir a Fernández en un líder rengo para el resto de su mandato y posicionar a la oposición para recuperar la presidencia en 2023.

Fernández impuso una de las cuarentenas por Covid-19 más largas de América latina, que aplastó la economía, aunque no pudo evitar un número de muertos casi tan grave como el de su vecino Brasil, si se ajusta por tamaño de la población.

Las fotos en las que se le ve incumpliendo las normas al celebrar una fiesta de cumpleaños para su pareja en la residencia presidencial en el momento álgido de la cuarentena enfurecieron a los argentinos. Los retrasos en la compra de vacunas y el escándalo de los peronistas con buenas conexiones que se saltaron la cola de las vacunas empeoraron la situación.

Juan Germano, de la consultora Isonomía, dijo que su última encuesta mostraba que el índice de aprobación de Fernández se había hundido hasta el 33%, y su vicepresidenta más radical, Cristina Fernández de Kirchner, aún más abajo, con un 31%. «El país está en una situación muy difícil», dijo. «La inflación es como una olla a presión a punto de explotar».

En un intento de ganarse a los votantes antes de las elecciones, el Gobierno aumentó las ayudas sociales financiadas en parte por la impresión de dinero del banco central y ha congelado los precios de más de 1400 productos hasta enero, incluyendo alcohol, vermut y comida para gatos.

La inflación fue del 52,5% hasta septiembre, una de las tasas más altas del mundo, y los economistas temen que pueda subir aún más el próximo año. El Gobierno insiste en que sus políticas permitirán controlar los precios.

«Consideramos que se está atacando la inflación con políticas macroeconómicas consistentes que permiten que las exportaciones netas de Argentina crezcan de forma sostenida y que la emisión monetaria pueda reducirse a una velocidad compatible con que el Estado juegue un papel anticíclico para apuntalar la recuperación», dijo el ministro de Economía, Martín Guzmán, en una entrevista al Financial Times.

«Creemos que las políticas de precios e ingresos son un elemento necesario en una economía que está resolviendo sus problemas de coordinación macroeconómica».

Pero los economistas dicen que esas recetas ya se han probado y han fracasado en muchas ocasiones.

«No hace falta decir que, en nuestra opinión, es poco probable que esta política frene la inflación», dijo Citibank sobre el congelamiento de precios. «Creemos que el anuncio de los controles de precios por parte de las autoridades, prueba que se han quedado sin herramientas para luchar contra la inflación».

Más de 20 personalidades, entre ellas el multimillonario del petróleo Alejandro Bulgheroni y el rey de la soja Gustavo Grobocopatel, viven al otro lado del Río de la Plata, en el vecino Uruguay, donde la economía es más estable y el régimen fiscal más amable.

Argentina se ha visto privada de la mayor parte de la financiación externa desde que el año pasado incumplió el pago de su deuda externa por novena vez. El Gobierno llegó a un acuerdo con los acreedores privados para reestructurar u$s 65.000 millones de la deuda en agosto del año pasado, pero las esperanzas de llegar a un acuerdo rápido con el FMI sobre otros u$s 45.000 millones se han evaporado a medida que los peronistas han endurecido su postura negociadora.

Los inversores se han asustado y el dólar en el mercado negro cotiza a casi el doble del tipo de cambio oficial, mientras crece el temor a una devaluación, algo que Guzmán insiste en que no ocurrirá.

Un político de la oposición que espera aprovechar el descontento popular es Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de Gobierno de Buenos Aires. Reelegido en 2019, ha ganado fuertes índices de aprobación como eficiente administrador de la ciudad. Ahora está haciendo una vigorosa campaña en nombre de los candidatos de la oposición al Congreso, mientras pule sus credenciales como aspirante a la presidencia para 2023.

Creemos que las políticas de precios e ingresos son un elemento necesario en una economía que está resolviendo sus problemas de coordinación macroeconómica

Después de ayudar a unificar a la oposición, Rodríguez Larreta quiere ir más allá de la grieta política para rescatar la economía. «La única manera de arreglar la economía argentina es tener un plan consensuado y aprobado con una base de apoyo mucho más amplia», dijo al FT.

La grave situación del país también ha provocado un aumento del apoyo a los políticos más radicales. Javier Milei, un autodenominado «anarcocapitalista dinámico», se presenta a las elecciones como diputado en Buenos Aires con una plataforma libertaria que incluye la abolición del banco central, el amor libre y la oposición al aborto.

Su frase de que el banco central es una «organización criminal que perjudica a los más pobres» por su voluminosa impresión de dinero puede tocar la fibra sensible de muchos argentinos preocupados por la inflación. Su admiración por Margaret Thatcher parece más arriesgada en un país en el que los recuerdos de la guerra de las Malvinas de 1982 siguen presentes.

En medio del caos económico y la incertidumbre política, cada vez más personas optan por emigrar. Un estudio reciente de la consultora Taquion Research reveló que ocho de cada diez argentinos en edad de trabajar se irían del país si pudieran. A pesar de las restricciones fronterizas por el coronavirus, 130.000 personas salieron del país para trabajar o estudiar en el extranjero en los primeros nueve meses del año.

La bonaerense Laura Ledesma, de 33 años, es una de las miles que eligieron como destino Montevideo, la capital de Uruguay. Tomó la decisión de dejar Argentina en junio porque «cada mes mi sueldo valía menos».

«Las cosas se volvieron mucho más difíciles de lo necesario en Argentina», dijo al FT. «Así que me fui».

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