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¿Otro final para Los Puentes de Madison?

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Si alguien está acostumbrada a los homenajes y a los premios –y bien ganado los tiene- es Meryl Streep. Pero lo cierto es que dos meses atrás, cuando llegó al Teatro Campoamor en Oviedo para recibir el Premio Princesa de Asturias de las Artes se la vio realmente conmovida. “Me siento Taylor Swift”, exclamó ante la euforia popular.

“Como representé a tantos personajes extraordinarios, a veces me toman por uno de ellos” bromeó. Uno de los hits de aquel viaje fue su presentación con los estudiantes. “Fue un encuentro maravilloso con un grupo de jóvenes… Tres chicas me dijeron que habían visto ´Los puentes de Madison´ y que me proponían un final alternativo. Yo pensé ‘me lo imagino’… Pero no. Me respondieron: ‘creemos que Francesca debería salir de la camioneta. Ni irse con el fotógrafo, ni volver con el marido. Debería seguir su vida, adelante”. Meryl Streep aplaudió a las chicas. Y a la propuesta.

Un rincón de Iowa

Los Puentes de Madison existen. No solo deambulan aún en la cabeza o el corazón de una generación de románticos que amaron la película. Aquellos puentes de madera techados, rojizos, testigos de la inolvidable historia de amor, todavía existen, intactos. Se ven, se tocan, se cruzan y aún hoy, a 25 años del estreno de la película, miles de viajeros siguen llegando a este rincón de Estados Unidos para comprometerse, casarse o jurarse fidelidad eterna”, escribió Paula Lugones, nuestra corresponsal en EE.UU. en una crónica desde Madison, Iowa.

Como ya sucedió con otras locaciones, una película transformó a un pequeño lugar. Winterset, el pueblo de 5.200 habitantes del condado de Madison se hizo famoso desde aquel día y recibe un peregrinaje incesante de turistas. Inclusive, muchas parejas llegan desde otros países para casarse allí. Todavía está el puente Roseman (de 1883) elegido por Robert Kincaid para sus fotos, está el semáforo (el único del pueblo) donde se detuvo su camioneta, está el pequeño bar.

Y siempre renace el debate sobre el final. “No sé. Yo soy más bien de pensar que los sueños, al final y pese a todo, hay que cumplirlos”, le dice una vecina a nuestra corresponsal.

El boom de la novela

Robert James Waller murió hace seis años en Texas, a los 77 de edad, víctima de un cáncer. Se le desconocían antecedentes literarios hacia 1992 cuando la aparición de su novela “Los puentes del Madison” fue un boom, encabezó por dos temporadas la lista de ventas en Estados Unidos (los productores de cine vieron el filón y enseguida compraron los derechos para la película).

Waller era docente en la Universidad de Indiana, pero se retiró a los 50 para dedicarse a sus dos pasiones: la fotografía y la música. Guitarrista, alguna vez compuso una canción sobre una mujer llamada… Francesca. Y también fue Francesca la protagonista de su novela, que se inspiró al fotografiar con un amigo los puentes en Madison, que conocía desde su niñez.

Su novela describe un tórrido amor de apenas cuatro jornadas, en las que un reportero de National Geographic llamado Robert Kincaid conoce a Francesca, una mujer que se encuentra temporalmente sola (su esposo y sus dos hijos habían salido a la feria estadual).

El suceso

Después que varios de los directores más importantes (Spielberg, Pollack, Beresford) estuvieran a punto de dirigir “Los puentes de Madison” finalmente lo hizo el propio Clint Eastwood, también protagonista.

Famoso por sus personajes “duros” y sus películas de acción, pocos lo imaginaban como el eje de un film romántico. Por algo, es uno de los más grandes de su generación. Y él exigió que Meryl Streep fuera su compañera. Para atenuar el lenguaje florido de la novela trabajo con el guionista Richard LaGravanese.

Al estrenarse la película, y con un suceso aún mayor al del propio libro, la redacción del National Geographic se vio abrumada por los llamados: tenían que explicar que Robert Kincaid no existía, era un personaje de ficción.

El final, tenso y bajo un diluvio, prolonga la historia. Inolvidable. No hubo, ni admite secuela, aunque sí la imaginación por otro desenlace como le propusieron los chicos en Asturias a Meryl Streep. Waller publicó una segunda parte (“Los caminos del recuerdo”, 2002) pero allí tampoco se reencuentran Kincaid y Francesca, el fotógrafo solitario y aventurero, la ama de casa sorprendida.

Definiciones

A Clint Eastwood no le convencían los textos originales de Waller, los consideraba “edulcorantes”. Tampoco le convencía aquel lema del fotógrafo (“Soy la carretera y un peregrino y todas las velas que alguna vez se hicieron al mar”): Pero lleva adelante el concepto de la película y el sentido que Kincaid le da a la vida y a su profesión: “Hay diferencia entre hacer fotos y sacar fotos, es la diferencia entre los que sacan instantáneas los domingos y los fotógrafos profesionales. Cuando haya terminado con el puente, ya tendrá otro aspecto (…) No me limito a tomar las cosas como se presentan, trato de convertirlas en algo que refleje mi conciencia personal, mi espíritu. Trato de encontrar la poesía en mi imagen”.

Claro que aceptó la sentencia definitiva de Kincaid en aquel final inolvidable de la película: “Los viejos sueños fueron buenos sueños. No se cumplieron, pero es bueno haberlos tenido”.

Francesca, la protagonista, lo explicó en off: “El misterio del amor es puro y absoluto”.

Meryl Streep, en Oviedo

Creo que el trabajo de un actor es invadir, encarnar vidas que no son como la suya. Porque la parte más importante de nuestro trabajo es hacer que cada vida sea accesible y sentida por el público que está sentado en un pequeño teatro de Málaga o por streaming en cualquier parte del mundo (…) La misteriosa capacidad de sentarnos juntos, extraños en un teatro o cine a oscuras, y experimentar los sentimientos de personas que no se parecen a nosotros ni suenan como nosotros, es una capacidad que todos deberíamos llevar dentro de nosotros al volver a la luz del día. La empatía puede ser una forma radical de acercamiento y diplomacia, igualmente útil en otros ámbitos de actividad. En este nuestro mundo cada vez más hostil y volátil, espero que podamos hacer nuestra otra regla que se enseña a todos los actores: lo importante es escuchar”.


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