'Pam'

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Si Malena era nombre de mujer, ‘Pam’ también lo es. El seudónimo ‘Pam’ suena a villancico trotón, a onomatopeya mineral y hasta evoca la presión arterial, porque ‘Pam’ es el valor medio de presión durante el ciclo del pulso arterial. A decir verdad, ‘Pam’ es un alias paupérrimo, en un país como España en el que grandes mujeres dieron en llamarse Ana Belén, Alaska, Massiel, Karina, Chenoa y hasta Malú. Ignoro en todo caso si detrás del sobrenombre de la Secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género hay alguna pista sobre su personalidad o incluso algún misterio emotivo que nos arroje luz sobre todo lo que está ocurriendo.

‘Pam’, un buen día, de buena gana, decidió ser catedrática de Derecho Penal y convertirse en una jurista como Cesare Beccaria arrastrando delitos y penas por el barrio de Lavapiés. Y cometió el error de combinar ignorancia y frivolidad, en un ejercicio de infantilismo impropio del cargo y del momento. Tras un primer conato de victimización insolente, optó por pedir perdón por sus desatinos verbales, desmanes que injurian la razón y el sentimiento de muchas víctimas de verdad. Pero ‘Pam’ acabó pidiendo perdón al tercer día resucitada, al estilo de las personas soberbias, que cuando lo hacen parece que nos están perdonando a los demás.

‘Pam’ en su desbarre político montó su capillita de fotografías, con periodistas reconocibles, al uso de la tradición española del señalamiento. Mientras nuestras abuelas usaban escapularios de santos, en una España anodina en blanco y negro, ‘Pam’ recuadra a ‘Losantos’. ‘Pam’ se equivocó y se convirtió en el muñeco pimpampum de la izquierda y de la derecha. ‘Pam’ llegó, en un momento dado, a poner de acuerdo a los dos grandes partidos políticos de este país. Quizá debía haber sido la octava madre de la Constitución, como Sigourney Weaver en Alien, en aquella nave en la que viajaba una especie desconocida, acaso con coleta.

Porque, sin acritud, ‘Pam’ podría ser un personaje cinematográfico «de los creadores» del cine de Almodóvar. Entre apodos y alias, ‘Pam’ pegaría en una versión actualizada de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980). Y vaya por delante que el título es del mismo director manchego, cuyos guiones deben ser un castigo para las inquilinas del Ministerio de Igualdad. «Ya me gustaría a mí mentir, pero eso es lo malo de las testigas, que no podemos», suelta un personaje en Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Podemos unidos o no, la verdad es que han mentido, pero siempre habrá alguien que, de pura solidaridad mal entendida, aplaudirá la jugada y dirá: «Cómo has estao, cómo has estao, cómo has estao» (La flor de mi secreto, 1995). Almodóvar espera.


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