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PROGRESISMO CRIOLLO. | 7miradas

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Julio Montero es Doctor en Teoría Política por University College London (Reino Unido). *

 

La política argentina es única en su género. No solamente porque nunca terminamos de decidirnos entre la república y el caudillismo distributivo, y la tendencia, está corrida a la izquierda. Incluso el gobierno de Cambiemos, denunciado como un emergente de la derecha y el establishment, ha asumido en la práctica la forma de una socialdemocracia edulcorada, postergando al infinito toda reforma para evitar costos sociales.

Como se sabe en Teoría de la Justicia, John Rawls se ha convertido en el gran referente teórico del igualitarismo. Su premisa fundamental es que todos los recursos surgen de la cooperación social, y como todos cooperamos para generarlos, tenemos derecho a una porción igual. Sin embargo, Rawls también es consciente de que cuando las personas carecen de incentivos para producir, la torta se reduce. Por esa razón, admite que existan desigualdades de ingreso siempre que mejore la situación de los más vulnerables respecto de una distribución estrictamente igual.

En sociedades que han alcanzado cierto grado de desarrollo, este ideal se traduce en servicios públicos universales financiados mediante impuestos progresivos. Pero en otros contextos puede requerir medidas alternativas. Ese parecía ser el caso de la Argentina: si no podemos evitar que un tercio de la gente viva en la pobreza aun cobrando impuestos socialista, es evidente que el problema no es tanto distribuir mejor, sino más bien producir más.

Así, el desafío del igualitarismo es volver la economía más competitiva sin abandonar a los vulnerables. Y para eso se deben ensayar nuevas recetas. Si el estado de bienestar universal lleva al país a la quiebra habría que considerar seriamente pasar a un esquema de políticas sociales focalizadas en el que nadie reciba gratis servicios que puede pagar, incluyendo salud, educación y pensiones además de la luz. De otro modo, los pobres seguirán costeando los privilegios de la clase media y la carga fiscal acabará deglutiéndose el crecimiento.

Por supuesto, la nueva recta pondrá nerviosos a los progresistas. No en vano son la tribu más conservadora del arco político. Tal vez sea hora de que reconozcan que sus prejuicios nos han convertido en un país pobre y que su tendencia al pensamiento mágico “emancipar” es un vicio burgués      que pagan siempre los que menos tienen.

 

* Editado por diario “La Nación” 17/08/18


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